(Live By Night; Ben Affleck, 2017)

¿Qué hizo de Buenos muchachos una gran película? ¿Qué hizo de El padrino una gran película? La mano segura de maestros del cine como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, sus respectivos elencos, quizá. Pero estas dos obras maestras están construidas sobre la misma base que las demás películas de mafiosos, una base que no debería subestimarse: una palpable ambición por parte de los cineastas, pero especialmente, por parte de sus protagonistas. Estos son personajes que, de una manera u otra, buscan tomar el control del mundo que los rodea, buscan volverse omnipotentes. Sus películas deberían reflejarlo. Vivir de noche, la más reciente película de Ben Affleck, la estrella de cine convertida en director, y su segunda adaptación de una novela de Dennis Lehane, es una película bien armada y estéticamente agradable, fotografiada preciosamente con un brillo casi clásico por Robert Richardson y con un impecable diseño de producción cortesía de Jess Gonchor, pero carente de ambición detrás y frente a la cámara. Es el primer tropiezo notable para un cineasta que había cultivado una impresionante racha con su sorpresivo debut Desapareció una noche, el bien recibido drama criminal Atracción peligrosa y el ganador del Oscar Argo.

En Vivir de noche, Affleck parte de la no muy original pero todavía fértil premisa de un delicuente de poca monta que convierte su sed de venganza en un imperio criminal, pero se queda corto al momento de traducir el hambre de poder de su personaje en una narrativa enfocada, y como actor ni siquiera parece dispuesto a mostrar la inherente maldad de éste. Vivir de noche delata sus orígenes novelísticos con una trama motivada más por incidentes que por sus personajes y por una excesiva dependencia en la narración hablada. Joe Coughlin (Affleck) es un veterano de la Primera Guerra Mundial que dejó el campo de batalla de Europa por el campo de batalla del Boston durante la Ley seca. Joe no se codea directamente con los líderes de la mafia, aunque bien podría. El soldado convertido en criminal de carrera tiene una aventura romántica con Emma Gould (Sienna Miller), la amante de Albert White (Robert Glenister), el líder de la mafia irlandesa.

Maso Pescatore (Remo Girone), el líder de la rival mafia italiana, encuentra la manera de explotar la situación de Joe. Si éste no acepta matar a White, Pescatore informará a su rival de sus actividades románticas. Joe, decidido a no volver a matar después de la guerra, se rehúsa. Él y Emma elaboran un plan de escape. Estas primeras escenas buscan mostrarnos que Joe es un buen hombre a pesar de ser un criminal. Pero hay cierto vacío en la actuación de Affleck, una expresión distraída que se mantiene a lo largo de toda la película. Sus escenas de amor con Emma amenazan con colapsar los cimientos de la película. No hay pasión entre ellos, no creemos que Joe arriesgaría la ira de White por ella. No lo vemos como alguien enamorado o iluso (gran diferencia). La escena en que White finalmente lo descubre es efectiva, brutal pero no demasiado. Joe se salva de una muerte brutal, pero apenas evade una cadena perpetua en prisión gracias a la influencia que su padre, Thomas Coughlin (Brendan Gleeson), tiene en la policía. Pero cuando sale de la cárcel, Joe apenas parece haber cambiado. Sigue siendo Ben Affleck vestido de criminal.

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Decidido a acabar con White, Joe se alía con Pescatore, quien lo invita a supervisar su floreciente operación de tráfico de ron en Tampa, Florida; es aquí donde Vivir de noche se convierte propiamente en una película de gángsters, una con textura y potencial. Lehane le ha dado a Affleck una trama complicada con numerosos partícipes, pero casi ninguno que se siente fuera de lugar. El Tampa de Lehane es un crisol de ambiciones políticas contradictorias y tensiones raciales. Dion Bartolo (Chris Messina) el socio de Joe, intenta explicarle la complicada relación entre blancos, negros, cubanos, dominicanos, italianos, irlandeses y puertorriqueños en la ciudad. Joe toma posesión, no tanto con violencia, sino con una ingeniosa manipulación de diversas piezas de ajedrez. Como suele suceder en la política del mundo real, los lazos de Joe crea con un grupo terminan haciéndolo quedar mal con otro. Un plan que lo beneficia en un principio termina costándole más adelante.Es eso lo que sucede entre Joe e Irving Figgis (Chris Cooper), un incorruptible agente de la ley, padre de Loretta (Elle Fanning), una joven con sueños de ser actriz en Hollywood, y primo de R.D. Pruitt (Matthew Maher), un miembro del Ku Klux Klan que busca correr a Joe de la ciudad, en parte para quedarse con sus negocios, en parte porque Joe, un hombre blanco, contrajo matrimonio con Graciela Corrales (Zoe Saldana), una mujer cubana.

El romance de Joe con Graciela no es mucho más convincente que el que mantuvo con Emma. Affleck rara vez permite que el resto del elenco lo eclipse, lo que resulta en una película llena de actuaciones drenadas de toda vida. La única excepción notable es Elle Fanning, quien se está convirtiendo en una feroz actriz capaz de coqueta perversión. Su actuación es algo amanerada pero efectiva; Fanning acierta los matices de la inocente soñadora convertida en fanática religiosa después de un breve episodio como adicta a la heroína. Loretta orquesta la ironía más divertida de la película; tiempo después de que Joe la rescata para ganar el apoyo del alguacil Figgis, Loretta se convierte en una carismática predicadora que siembra el temor de Dios en la comunidad para que ésta se oponga a los planes de Joe de construir un casino en la localidad.

Pero esto apenas parece molestar a Joe, o por lo menos al Joe que Affleck interpreta. Su pasividad es incongruente con sus supuestas ambiciones de acabar con White y con la correa con que Pescatore lo controla desde Boston. Después de cierto tiempo, Joe simplemente parece totalmente desinteresado en su operación, se convierte en un objeto a la deriva. No es claro si alguna vez tuvo la ambición para crear un imperio o si la perdió en algún momento. Affleck no parece decidirse si la historia de Joe es una trágica o una sutilmente esperanzadora. Affleck no es un mal actor, pero sí tiene un rango limitado y no puede sugerir la maldad o emoción que un personaje como Joe necesita. Sus actos parecen inconcebibles y fuera de personaje porque Affleck parece incapaz de mostrar su lado más perverso.

★★