(La Fille inconnue; Luc Dardenne & Jean-Pierre Dardenne, 2017)

Jean-Pierre y Luc Dardenne son dos de los cineastas más aclamados de la actualidad, y no sin razón. Sus últimas dos películas, las observadoras y encantadoras El chico de la bicicleta y Dos días, una noche, son casi obras maestras y los hermanos se encuentren entre nueve directores en haber ganado la Palma de Oro, el máximo honor de Festival de Cannes, en más de una ocasión (Ken Loach, de Yo, Daniel Blake, es uno de los otros). Con una trayectoria como ésta, quizá fue inevitable su nueva película terminara sometida a expectativas muy altas, y que el producto final, la ocasionalmente lóbrega y desenfocada La chica desconocida, terminara siendo recibida como una decepción cuando finalmente se estrenó en competencia en el festival francés. Una lástima, porque debajo de una trama que no siempre fluye de manera orgánica y es propensa a saltos de lógica y desviaciones innecesarias, La chica desconocida presume las ricas y acertadas observaciones sobre el comportamiento humano que son sello de los Dardenne.

Lo que mantiene a la película aterrizada es su protagonista y el compromiso y sutileza con que la actriz Adèle Haenel la interpreta. Jenny Davin (Haenel) es una joven doctora que se ve embrollada en el misterio alrededor de una muchacha que murió cerca de su consultorio. Jenny no es responsable de su muerte, pero no puede evitar sentirse así. Era de noche y Jenny había cerrado su consultorio cuando la muchacha, huyendo y buscando ayuda, tocó su timbre una vez y Jenny no contestó. Los colegas de Jenny y la policía tratan de tranquilizarla argumentando que no podía saber que la joven estaba en peligro. En un nivel racional, Jenny está de acuerdo; pero aun así, algo la mueve a hacer todo lo posible por averiguar su nombre antes de que la entierren, pues la policía no ha podido identificarla. Las acciones de Jenny parecen algo incongruentes en un inicio. La primera vez que la conocemos es siendo dura con Julien (Olivier Bonnaud) el estudiante de medicina que hace su residencia en su consultorio. Jenny lo regaña más de una vez, le insiste que no deje que sus emociones influyan en su trato con los pacientes. La Jenny que conocemos es rígida y profesional. ¿Por qué habría de involucrarse tanto en la muerte de una persona que ni siquiera conoció?

Porque poco a poco nos damos cuenta de que este trato no es revelador de su personalidad, sino del cuidado y dedicación con que se desarrolla en la profesión médica. Los Dardenne y su director de fotografía Alain Marcoen nos muestran episodios de la vida diaria de Jenny con un estilo naturalista, en planos secuencia que crean la ilusión de que estamos viendo la vida de Jenny tal y como sucede, sin la mano de un editor escogiendo qué momentos mostrar y cuáles no. Esta azarosa y directa mirada a Jenny revela a alguien de trato profesional y delicado, pero también sensible y atento. Alguien entregado a su disciplina y motivado por un genuino interés en las personas que trata. Haenel muestra esto, no sólo en cómo Jenny habla y trata a los demás, sino en la paciencia y tacto con que da cuidados médicos. Es una actuación ricamente detallada. Jenny es amigable y dulce cuando la situación lo requiere. No tiene problema con exceder sus responsabilidades o aceptar gestos de agradecimiento de sus pacientes. Camina una línea delgada entre el trato amistoso y el cuidado médico riguroso y ético, aunque tiende a caer más en lo segundo. Por esto sabe que a veces puede parecer insensible y estricta. Después de la pequeña pelea que tiene con Julien, éste se enoja con ella y parece decidido a abandonar la carrera de medicina para siempre. ¿Habra sido culpa suya?, Jenny parece pensar. Esto, y la muerte de la joven desconocida, le crean un dilema existencial. ¿Será que se interesa tanto esta joven para demostrase que no es tan insensible como otros piensan que es?

La chica desconocida1

Jenny es un personaje complejo, una cuidadosa y atenta combinación de los muchos impulsos que la definen. La chica desconocida ciertamente preserva la reputación de los Dardenne como dos de los cineastas más atentos al comportamiento humano. Es en los elementos más detectivescos y convencionales de la película donde su dominio parece más débil y La chica desconocida ocasionalmente se les escapa de las manos. Las averiguaciones de Jenny la llevan a desenmarañar una red de secretos que resulta involucrar a una pequeña mafia y a uno de sus pacientes. El que su investigación dependa de coincidencias y en personajes explicándose como lo harían en una película de cine negro de los años cuarenta contrasta con el tono realista que domina el resto de la película. Al igual que Dos días, una noche, La chica desconocida tiene un dejo de contenido político. Así como la trama de aquella película nace de las diferencias de poder entre las grandes empresas y sus empleados, la de La chica desconocida se asiste del reciente flujo migratorio a Europa. Pero en esta ocasión, el comentario social es mayormente innecesario; no recibe el tiempo suficiente para desarrollarse, pues se encuentra divorciado del dilema de su protagonista.

Los Dardenne, no obstante, aprovechan hasta los tropiezos de su guion para revelar pequeños pero importantes detalles sobre sus personajes y humanidad. Las escenas en que Jenny interroga a Brian (Louka Minnella), un paciente adolescente que puede o no haber visto a la muchacha antes de morir, retrata de manera íntima la combinación de vergüenza y terquedad con que un niño enfrenta el sentimiento de culpa. Y La confrontación que Jenny tiene con el padre de Bryan (Jérémie Renier, colaborador frecuente de los Dardenne) construye en un microcosmo la monumentalidad moral de los varios dilemas de la película. La escena navega por numerosos y dispares tonos emocionales de manera plausible y natural porque reconoce la volatilidad e incertidumbre que viene con el sentirse a la vez arrinconado y profundamente arrepentido; por un momento no importa que, en concepto, los eventos que nos llevaron ahí sean un poco inverosímiles y demasiado elaborados. La chica desconocida no es de lo mejor que han creado los Dardenne, pero es prueba de que en verdad son de los mejores y más interesantes cineastas contemporáneos, porque hasta sus tropiezos contienen piezas de verdadero genio.

★★★1/2