(Gabriela Tagliavini, 2017)
El mayor problema con Cómo cortar a tu patán no es que es una comedia romántica, un género muchas veces ridiculizado (a veces injustamente) por ser estéril, viciado e irreal. El mayor problema con Cómo cortar a tu patán es que es una comedia romántica que no funciona. Sí, su historia se ha contado ya decenas de veces, pero las actuaciones y las a veces simpáticas dinámicas de sus personajes merecían por lo menos que esta historia se contara bien. De haberse pulido más su guion, de habérsele prestado más atención a la fotografía y al montaje, Cómo cortar a tu patán podría haberle hecho verdadera justicia al potencial escapista de su género.
Pero la película, dirigida por Gabriela Tagliavini, parece contentarse con ser un producto que apenas satisface los criterios de un género que nos ha acostumbrado a no esperar mucho. Cómo cortar a tu patán ni siquiera trata de ocultar el descaro con el que emula a otras películas como Cómo perder a un hombre en 10 días. Su protagonista, Amanda (Mariana Treviño) convierte la premisa de aquel vehículo de Kate Hudson en una pequeña y ridículamente exitosa industria. Cuando una mujer busca dejar a su novio (el titular patán), pero quiere ahorrarse el esfuerzo y el sentimiento de culpa que viene con el ser la persona que propone la ruptura, ésta llama a Amanda, quien elabora un plan complicado para separar a la pareja sin dolor. Sus consejos siempre son una variación del mismo principio: encontrar una característica que el hombre encuentre detestable y explotarla de manera que sea el hombre quien inicie la ruptura. Exactamente cómo éstas consultorías no sólo son un negocio rentable, sino suficiente para una amplia oficina con secretaria y decoración elaborada, la verdad no lo sé. No es que importe mucho. La película no se interesa mucho en el único elemento que podría distinguirla dentro de un atestado mercado. Amanda podría haberse dedicado a cualquier otra cosa sin alterar en lo más mínimo la trama de la película.
Cómo cortar a tu patán trata en realidad de que la hermana de Amanda, Natalia (Camila Sodi), ha empezado a salir con un hombre que es la viva imagen del tipo de patán del que Amanda se especializa en deshacerse. Pepe (Sebastián Zurita), es prepotente, engreído y mujeriego: inmediatamente después de una pelea con Natalia, se escapa a un hotel con una mujer que acaba de conocer en un antro. Amanda lo sabe, pero no puede contarle a Natalia. ¿Por qué? Porque ella es la mujer con que Pepe se acostó–en su defensa, ella no sabía en el momento que se había acostado con el novio de su hermana. Amanda sabe que Pepe no le conviene a Natalia, pero en lugar de contarle de su indiscreción, decide tejer una complicada conspiración para que Natalia deje a Pepe y se quede mejor con Leo (Christopher von Uckermann), su guapo y bonachón mejor amigo.

El plan de Amanda la obliga a compartir mucho tiempo con Leo, y si pueden qué pasa entre ellos dos, ésta película no es para ustedes–o es perfecta para ustedes, la verdad es que la familiaridad de las comedias románticas es muchas veces parte de su encanto. Amanda, una dedicada profesional que no cree en el amor, que salta de una relación frívola a otra y sabotea sus relaciones cuando ella o su pareja están a punto de enamorarse, es ya un gastado cliché de la comedia romántica casi redimido por la viva y ágil presencia de Mariana Treviño. Treviño no tiene miedo de encarnar a un personaje desagradable; manipular a aquellos a su alrededor parece traerle verdadera diversión y placer a Amanda. La calidez que Treviño proyecta con igual naturalidad, por su parte, evitan que ésta se sienta como una mera villana. Amanda lleva un estilo de vida libertino, es buena en su poco convencional línea de trabajo y no tiene complejos al respecto. Su personaje de vez en cuando es lo más refrescante que la película tiene que ofrecer.
Todos los demás personajes, sin embargo, parecen figuras de cartón. Además de reunir varios estereotipos de los aficionados al yoga y la comida vegetariana, Natalia es la inocencia e ingenuidad personalizadas. Parece ciega a los obvios defectos de Pepe y tanto su novio como el guion la tratan como una muñeca de trapo. Una película más profunda e incisiva podría haber hecho de Pepe el sujeto de una perturbadora patología; su caracterización, sin embargo, es tan superficial que uno se pregunta porque un mujeriego tan descarado e irredimible se involucraría en una relación estable en primer lugar. Pepe es un villano de caricatura, pero Zurita se entrega totalmente a él; todas sus escenas cobran vida por su necesidad de salirse con la suya. Si de vez en cuando se comporta como un novio atento, lo hace sólo para frustrar los planes de Amanda. Quizá porque el villano siempre es más divertido que el héroe, Pepe resulta muchísimo más entretenido que Leo, un personaje con cero defectos y menos personalidad Si la escena en que se “transforma” para impresionar a Natalia resulta divertida es sólo porque no parece haber cambiado nada en realidad. Es una nulidad antes y es una nulidad después.

Lo ingenuo de Natalia, lo villanesco de Pepe y lo insípido de Leo podrían ser divertidos si la película así lo hubiera contemplado desde el principio, si el blanco de su humor fuera el mismo concepto de la comedia romántica y los clichés que suelen poblarla. Pero Cómo cortar a tu patán existe en un área gris entre la farsa y el melodrama sentimental. Espera que nos riamos de la absurda imagen de tres mujeres prácticamente idénticas llorando en el despacho de Amanda, pero también que conmovamos al escuchar la trágica historia de Leo. Tagliavini parece carecer del dominio formal que es necesario para saltar entre tonos tan diversos. Escenas parecen alargarse de más o se mueven sin dirección, la película debería moverse rápido pero está llena de tiempos muertos. El diseño de arte rara vez crea una atmósfera coherente, poco cuidado se le da a la paleta de colores y los colores que sí aparecen están demasiado apagados como para sugerir el alegre y festivo ambiente que una comedia romántica escapista necesita.
Enterrado en algún lugar de estos defectos, se encuentra una película competente, con algo de personalidad. Si bien lo atolondrado de Natalia a ratos estrecha la credulidad, su personaje parece cobrar vida cuando interactúa con Amanda. Las dos parecen quererse de verdad a pesar de no tener mucho en común. Las escenas que comparten se sienten más naturales que cualquier cosa en el resto de la película. Uno no duda de que Amanda de verdad se preocupe por salvar a su hermana de una relación que la hace infeliz. Dada la desproporcionada diferencia entre ambos mercados, es difícil que una película mexicana pueda competir en valores de producción con una película hecha en Hollywood. Pero que una película mexicana desaproveche el talento de sus actores y los momentos de inspiración de sus historias se siente como una ofensa grave. Mariana Treviño y el público de las comedias románticas mexicanas merecen más.