(Uchiage Hanabi, Shita Kara Miru ka? Yoko Kara Miru ka?; Akiyuki Shinbo, Nobuyuki Takeuchi, 2018)
Luces en el cielo es una historia de amor, pero no necesariamente una sobre estar enamorado de otra persona. Más bien es sobre estar enamorado de aquello que nunca pasó, de lo que pudo haber sido. Norimichi (voz de Masaki Suda), un adolescente que vive en la pequeña ciudad costera de Moshimo, queda impresionado desde la primera vez que ve a Nazuna (Suzu Hirose), una callada y bonita muchacha que acaba de incorporarse a su escuela. Pero hay un problema. Yusuke (Mamoru Miyano), un amigo cercano de Norimichi, dice también estar interesado en ella y que piensa confesarle lo que siente. Mientras les toca limpiar la alberca de la escuela, los dos amigos se encuentran al objeto de su afecto, quien los reta a una carrera. Cualquiera de los dos chicos que gane tiene que hacer algo que ella diga. A mitad de la carrera, Norimichi se distrae, con Nazuna y con una peculiar esfera de cristal que ella deja caer. Yusuke gana la carrera. Nazuna decide que él la acompañe al espectáculo de fuegos artificiales que se organiza esa noche en el pueblo.
Las titulares luces en el cielo son objeto de otra apuesta entre Norimichi, Yusuke y sus demás amigos. Cuándo los fuegos artificiales hacen explosión, ¿es en forma de círculo o de esfera? Es decir, ¿son planos o redondos? Los amigos hacen un plan para ver el espectáculo desde el faro y Yusuke se olvida de su compromiso con Nazuna. Siendo ya casi hora de la ceremonia, Norimichi se encuentra a Nazuna por casualidad. Ella está vestida en un kimono y trae consigo una maleta. Él la acompaña a su casa donde su mamá la recibe enojada, y empieza a forcejear con ella. Nazuna rompe en llanto pero Norimichi no hace nada. Es hasta que termina todo que por fin reacciona. Frustrado, Norimichi lanza la esfera que Nazuna dejó caer en la alberca y grita, queriendo haber sido él quien ganara la carrera y al que Nazuna hubiera invitado a ver los juegos pirotécnicos.

Es el mismo día unas horas antes. Norimichi, Nazuna y Yusuke están otra vez en la alberca pero Norimichi ha ganado la carrera. Ahora es él quien irá a ver los fuegos artificiales con Nazuna. Pero ella tiene algo más en mente. Nazuna había hecho su propia apuesta a espaldas de los chicos: si Yusuke ganaba la carrera, ella saldría con él; pero si Norimichi ganaba, ella se escaparía de casa. Esto no es lo único que cambia: la siguiente vez que los dos miran al cielo, los juegos pirotécnicos se dispersan como discos. Sí, son claramente planos, pero de una forma inquietante y surreal. Es como lanzar la esfera de cristal hubiera llevado a Norimichi y Nazuna a otro mundo, uno en el que pueden estar juntos.
Luces en el cielo se estrena apenas un año después de Tu nombre, el anime más exitoso de la historia y otra historia de dos jóvenes unidos y separados por un fenómeno fantásticas que no pueden explicar. Las semejanzas muy probablemente no le harán favores. La película de Akiyuki Shinbo (director del anime seriado Madoka Magica, una de mis piezas de ficción narrativa favoritas), codirigida por Nobuyuki Takeuchi, carece de la hábil mezcla de géneros y los encantadores personajes de la película de Makoto Shinkai. Pero en un nivel meramente narrativo, funciona mucho mejor porque nunca pierde de vista de qué se trata su historia. Luces en el cielo es, literal y metafóricamente, una película sobre querer que las cosas sucedieran de una forma diferente. Los eventos que transcurren en ella exploran la peligrosa pendiente resbaladiza de pensar así, pero también lo reconfortante que es hacerlo.
Los personajes de Luces en el cielo no son los más simpáticos o envolventes. Los fuegos artificiales pueden o no ser planos, pero ellos definitivamente lo son. Ya antes hemos visto al adolescente varón que está fascinado por una niña que apenas conoce, que se debate entre sus sentimientos y la lealtad a sus más ruidosos, alborotados compañeros. Miura y Jun’ichi (Kana Hanazawa y Shintarō Asanuma, respectivamente), los amigos de Norimichi y Yusuke, son la clase de niños que se la pasan molestando a una maestra suya porque es joven y tiene pechos grandes. Nazuna, por su parte, tiene un conflicto con el que es fácil simpatizar en un principio; sigue dolida por la separación de sus padres y el nuevo novio de su madre, quien no la trata bien, no hace las cosas más fáciles. Ella, no obstante, nunca se convierte en algo más que el objeto de deseo de Norimichi. Está delineada (en su psicología, no en su diseño) de manera tan vaga que nunca se siente como una persona de verdad.

Y de alguna manera esto funciona a favor y no en contra de la película. A medida que los dos amantes escapan de los padres de Nazuna y los amigos de Norimichi, a medida que se adentran más en el territorio del hubiera, Nazuna se vuelve cada vez menos humana. Para cuando Norimichi lanza la bola por segunda vez, Nazuna se empieza a vestir de manera seductora, rompe en un número musical y cuenta una empalagosa y trágica historia de fondo. Pero la Nazuna que vemos, ¿es la Nazuna de verdad? ¿o la que Norimichi desea? ¿Será que él no quiere una persona de verdad y sólo la apariencia de una? ¿O será que sólo una Nazuna de fantasía podría quererlo de esa manera? La ilusión es seductora, pero también frágil.
Luces en el cielo al final es un poco más romántica de lo que su historia probablemente amerita. La relación entre Nazuna y Norimichi es asimétrica, existe prácticamente sólo en la mente de él, pero el final de la película parece convencido de que estos dos merecen terminar juntos. Y no estoy seguro de cómo me siento con respecto a la animación, sobre todo la de los entornos. Elementos como los molinos de viento que adornan la costa de Moshimo, una escalera en espiral que aparece de manera recurrente, la secuencia en la que esfera hace su magia, hacen uso extenso del modelado en tercera dimensión, y por un momento la tangible textura de algo dibujado a mano se pierde. Luces en el cielo, sin embargo no deja de ser rica en emociones; captura esos sentimientos típicos de la adolescencia como el estar con alguien que te gusta y tener la impresión de que tú también le gustas. La película tiene ideas que logra convertir en una conmovedora narrativa y en imágenes poéticas y poderosas y sería una lástima que se le termine tachando como un intento cínico de replicar el éxito de Tu nombre. Después de todo, es absurdo desear que las cosas sean algo que no son.