(A Quiet Place; John Krasinski, 2018)

Apenas y vemos a los monstruos en la primera secuencia de Un lugar en silencio. No se nos explica cómo funcionan, qué quieren, ni qué peligro representan en realidad, pero desde el principio aprendemos a temerles por la forma en que Lee Abbott (John Krasinski, quien también dirigió la película y coescribió el guion) y su familia se mueven por la tienda de abarrotes abandonada. Lo hacen con extremo cuidado, como si sus vidas dependieran del no dejar salir el más mínimo sonido. Un lugar en silencio es simple en concepto, una historia terror y supervivencia como muchas otras, pero su premisa y ejecución la hacen una de las películas más ingeniosas del año. Dado que sus personajes apenas pueden hablar, todo lo que la película no puede decir a través de diálogos lo dice a través del sonido, la fotografía y las actuaciones. Está diseñada para hacernos prestar atención a cosas que normalmente daríamos por sentado. Es quizá de la película de género más “pura” que Hollywood ha hecho desde Mad Max: Furia en el camino.

En un futuro cercano, la humanidad ha sido prácticamente exterminada por una raza de criaturas monstruosas que no pueden ver pero tienen un agudo sentido del oído que los ayuda a encontrar a sus presas. Las criaturas son llevadas a la vida con efectos especiales realistas que de verdad nos convencen que están peligrosamente cerca de sus personajes humanos. Su apariencia es genérica, se confunden con tantas criaturas de otras películas o videojuegos, pero la película sabe que eso no importa tanto como el perturbador efecto que tienen en la vida de sus personajes. Ellos no sólo tienen que estar constantemente en alerta; deben acostumbrarse a dejar de hablar, entre muchas otras cosas.

Lee y su esposa Evelyn (Emily Blunt, la esposa de Krasinski en la vida real) sobreviven con sus dos hijos, Regan (Millicent Simmonds) y Marcus (Noah Jupe), en una granja protegida por rudimentarias pero bien pensadas medidas de seguridad. La película demuestra su ingenio cuando apunta a las pequeñas formas en que sus vidas han cambiado. Se comunican con lenguaje de señas, al salir de la casa se guían por caminos que Lee traza con arena y hasta remplazan las fichas que usan para los juegos de mesa con figuras de tela. Un lugar en silencio es también ingeniosa por las tensas situaciones en que coloca a sus personajes. Vemos a Regan y Marcus tratando de sortear a los monstruos mientras están encerrados en un granero y a Evelyn hacer lo mismo en el sótano inundado de la casa. Una parte importante de la película se le dedica al embarazo de Evelyn y desde el primer acercamiento a su vientre redondo nos preguntamos preocupados cómo le va a hacer para el parto o para criar un bebé sin que éste llore.

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Desde conocer la premisa de Un lugar silencio, esperé un creativo giro al cine de terror. Lo que no esperé fue el énfasis que le terminó dando a la paternidad y a las complicadas dinámicas de una familia. Aunque son hermanos y se encuentran atrapados en la misma situación mortífera, Marcus y Regan reaccionan de maneras diferentes a ella. El primero, contrario al estereotipo del varón, se siente más cómodo al lado de su madre y teme cuando su padre lo lleva a cazar y a pescar. Nunca esperó encontrarse en esta situación. Regan, por su parte, quiere hacer todo lo que Marcus no quiere, pero Lee no la deja. Él es sobreprotector, no necesariamente porque ella es mujer, sino porque al ser sorda no puede estar tan alerta como su hermano (Simmonds es también sorda y ayudó a los demás actores a aprender lenguaje de señas). Pero no puede entender el razonamiento de su padre porque se siente responsable por la muerte de su hermano menor (Cade Woodward) un año antes.

Un lugar en silencio es una efectiva película de terror que logra involucrarnos emocionalmente en sus personajes a pesar de que sólo conocemos sus nombres durante los créditos finales. El sonido y las imágenes le dan una sutil poesía a la vez que emplean la técnica clásica del cine con precisión y claridad. Estos dos enfoques convergen en una toma que muestra a la familia separándose: Lee y Marcus yendo resignados a pescar, Regan siguiendo su propio camino para visitar la tumba de su hermanito y Evelyn esperando impasible a que los demás regresen. Un lugar en silencio es inteligente porque sabe que Lee, como todos los padres, está condenado a no ser perfecto. Lo mejor que puede hacer es cuidar de sus hijos, darles la seguridad de que son queridos y esperar que ellos no cometan los mismos errores que él. Los hijos, por su parte, tienen sus propias inseguridades que hacen que no siempre sea fácil ver esto. Un lugar en silencio no sólo encuentra una inteligente metáfora para decirlo: lo hace mientras encuentra formas de mantenernos aterrados y al borde del asiento.

★★★1/2