(Blockers; Kay Cannon, 2018)
Aunque pertenece al saturado género de la comedia juvenil, No me las toquen encuentra mucho lugar para innovar. No es la primera película de Hollywood que reconoce la vida sexual de los adolescentes, pero es de las pocas que lo hace desde una perspectiva femenina. Los mayores éxitos del género, desde La venganza de los nerds hasta Súper cool, fueron sobre los intentos de amigos varones de tener sexo. No me las toquen le da la vuelta a la situación y reconoce que las mujeres también pueden tener deseos. Es liberador y refrescante ver a personajes que otras películas tratan como objetos, tomar el control de su propia sexualidad.
Julie (Kathryn Newton), Sam (Gideon Adlon) y Kayla (Geraldine Viswanathan) son tres mejores amigas y, así como los cuatro amigos de Tu primera vez, hacen un pacto para perder su virginidad en su baile de graduación del bachillerato. Las tres ya tienen pensado con quien. Julie lleva seis meses con su novio Austin (Graham Phillips) y está muy enamorado de él. Kayla tiene los ojos puestos sobre Connor (Miles Robbins) su compañero de química, con quien nunca ha compartido algo más que una clase. Y Sam decide acostarse con su amigo nerd Chad (Jimmy Bellinger), aunque preferiría pasar el rato con Angelica (Ramona Young).
Cada personaje le permite a la película abordar diferentes actitudes hacia el sexo. Julie ve su primera vez como algo especial que se hace con una persona que quiere mucho y conoce desde hace tiempo. Kayla sólo quiere disfrutarlo. Ambas se mueren por hacerlo. Sam no. Julie y Kayla la entenderían si ella les dijera que no le atraen los hombres, pero siente que debe hacerlo porque no quiere ser la única que no lo ha hecho. Newton, Adlon y Viswanathan tienen genial química y, a pesar de que encajan dentro de diferentes arquetipos del cine adolescnte–aquellos que El club de los cinco nos dijo que ni de broma se llevan juntos–las creemos como mejores amigas. Viswanathan en particular es una estrella nata, el mejor símbolo del vulgar y liberador espíritu de la película. Su Kayla es franca y directa, sin tiempo para eufemismos. En una divertida inversión de la fórmula, es ella quien le insta a su pareja en tener sexo, mientras que éste, está más interesado en ver a dónde la noche los lleva.

Pero los protagonistas de la película no son Julie, Kayla o Sam, sino sus padres, quienes deben lidiar con la idea de que sus hijas, ahora están suficientemente grandes para hacer algo que ellos a su edad no le contarían a sus propios padres. La madre de Julie, Lisa (Leslie Mann), es una madre soltera y sobreprotectora a más no poder. Ella le insiste que a Julie que le mande fotos periódicamente desde el baile de graduación, ¿qué hará cuando se entere de que ella tiene planes de estudiar en Los Ángeles, a miles de kilómetros de distancia? A Mitchell (John Cena), el padre de Kayla, le intimida tanto la sexualidad de su hija: juega sensualmente con una tanga para su esposa Marcie (Sarayu Blue), pero retrocede en asco cuando descubre que ésta es de Kayla.
Lisa y Mitchell no saben qué hacer con la madurez de sus hijas. Cuando se enteran de sus planes de perder la virginidad, no dudan tratar de detenerlas a como dé lugar. ¿Seguramente deben estar cometiendo un error? Es aquí que No me las toquen se convierte también en una película sobre la doble moral que rige a la sexualidad masculina y femenina. ¿Les tendrían tanta desconfianza si sus hijos fueran varones? La cultura, dentro de la que caben las películas que sin duda inspiraron a No me las toquen, enseñan que los hombres son quienes buscan el sexo, mientras que a las mujeres sólo pueden escoger si lo aceptan o no.
Mann, Cena y Ike Barinholtz, quien interpreta a Hunter, el padre de Sam, se acomodan bien a sus papeles. Es refrescante ver a Mann, una talentosa actriz cómica con un don para hacer el papel de loca, ser la estrella de una película en lugar de un personaje secundario. Cena, con su cuerpo de luchador, hace de un divertido e incongruente mojigato. El personaje de Barinholtz, quien es persona non grata para los otros dos padres–se divorció de la madre de Sam después de engañarla con la niñera–puede ser el más razonable de los tres: sabe que Sam es lesbiana y busca prevenir que haga algo que no quiere sólo para encajar con sus amigas.

La odisea de Lisa, Mitchell y Hunter los lleva por una que otra situación disparatada. Algunas de ellas son verdaderamente chistosas. En una de ellas, Mitchell, el menos atrevido de los tres, debe participar en un reto de ingerir cerveza por el trasero. En otra, los tres se infiltran a la casa de Austin para robar el teléfono de su padre, sólo para descubrir que sus padres (Gary Cole y Gina Gershon), están jugando a la gallinita ciega desnudos. Pero fuera de estos dos ejemplos, al guion de Brian y Jim Kehoe le cuesta imaginar complicaciones divertidas para una trama relativamente sencilla. Las razones para que las hijas y sus acompañantes cambien de fiesta, así como un improbable accidente automovilístico, se sienten artificiales.
Como Yo soy Simón anteriormente este año, No me las toquen es más un hito de representación que una gran película. Es una película sobre la sexualidad femenina, dirigida por una mujer–Kay Cannon, inyectándole la misma mezcla de humor crudo y dulzura que le dio a Notas perfectas como guionista–con personajes indo- y asiático-americanos, una subtrama sobre un romance gay y, en una inversión más de las normas del género, más desnudez masculina que femenina. Este espíritu de inclusión se extiende a todos sus personajes, desde los padres, las hijas y sus parejas: aunque Austin, Connor y Chad cumplen funciones muy breves y específicas, tienen sus propios momentos de humanidad y humor; el que sea noche de graduación se siente tan importante para ellos como para ellas. No me las toquen no me gustó del todo, pero me siento extraño no recomendándola. Está llena de momentos divertidos y sus personajes más jóvenes, sobre todo Viswanathan, son auténticas revelaciones.
Pero No me las toquen tiene un problema y es que se siente como dos películas diferentes que se cancelan mutuamente. Es una franca y liberal mirada a la sexualidad femenina y una farsa sobre la paranoia parental llevada al extremo. Una comedia sobre tres padres preocupados que quieren evitar que sus hijas pierdan su virginidad, incluso con estos mismos protagonistas. Pero dado que No me las toquen también nos muestra el punto de vista de las hijas, personajes inteligentes, humanos y más razonables que sus padres, estos últimos se antojan estúpidos y su persecución innecesaria. A cada rato no podía esperar a que la película regresara a Julie, Kayla y Sam. Sus personajes secundarios deberían ser sus protagonistas y sus protagonistas no deberían estar ahí.