(Ant-Man and the Wasp; Peyton Reed, 2018)

Las películas de Ant-Man han venido  a cumplir una función muy específica dentro del universo cinematográfico de Marvel: la del respiro que sigue a los dramáticos e inflados encuentros que son las películas de los Vengadores. La primera entrega se estrenó en 2015, meses después de Avengers: Era de Ultrón y su secuela llega ahora que algunos siguen recuperándose de Infinity War. Considerando mis sentimientos hacia la primera película de Ant-Man (me gustó mucho) y mis sentimientos hacia Infinity War (no me gustó mucho), sobra decir que anticipaba las emociones a más pequeña escala de esta secuela. Había razones adicionales para ser optimista: la historia de origen, una narrativa que las películas de superhéroes habían agotado desde hace tiempo, había quedado a un lado; y a juzgar por el título y los trailers, los realizadores habían respondido a las críticas que clamaban por un papel más grande para el personaje de Evangeline Lilly, por mucho más preparado que el propio Ant-Man.

Ant-Man and the Wasp se sitúa momentos antes de Avengers: Infinity War (algo que la primera escena post-créditos de la película hace dolorosamente obvio), pero no es que las conexiones con otras películas de la mega-franquicia importen mucho. Scott Lang/Ant-Man (Paul Rudd), se encuentra en arresto domiciliario después de irse a pelear al lado de Capitán América en los eventos de Guerra Civil de 2016, pero este guiño sólo es una excusa para añadirle giros y vueltas a una aventura que se divierte tanto con ellos. Si la primera película de Ant-Man fue Marvel tratando de hacer una película sobre un atraco, Ant-Man and the Wasp es más como una épica persecución; no hay un villano de verdad y, en una franquicia que en diez años y veinte películas apenas ha creado uno bueno, esto se agradece.

El placer de la película se encuentra en los extremos a los que sus personajes llegan con tal de obtener un valiosísimo objeto, y la rapidez con que este cambia de dueño cual balón de futbol. Después de que el científico y Ant-Man original Hank Pym (Michael Douglas) y su hija Hope van Dyne/Wasp (Evangeline Lilly) encuentran una forma de acceder al elusivo mundo cuántico, su material de investigación–contenido dentro del laboratorio de Hank, el cual se puede encoger simpáticamente al tamaño de un maletín–se vuelve del interés de Sonny Burch (Walton Goggins), un traficante de tecnología con lazos al FBI y de Ghost, una misteriosa figura que se puede desmaterializar a voluntad. Para cumplir su propósito original de rescatar a Janet van Dyne (Michelle Pfeiffer), la esposa de Hank y madre de Hope, del mundo cuántico, padre e hija necesitan la ayuda de Scott quien, de dejar su casa o volver a reunirse con ellos, corre el riesgo de ser enviado a la cárcel por veinte años, un obvio obstáculo a su intención de reconciliarse con su hija Cassie (Abby Ryder Fortson).

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Esta elaborada trama es poco más que una excusa para las secuencias de acción, las cuales, en desafío de la norma de Marvel, parecen haber sido visualizadas y coreografiadas con cuidado y no ensambladas por un equipo que parece no tener nada que ver con el resto de la película. La edición busca hacerlas legibles sin sacrificar dinamismo y los efectos especiales no tratan de recrear mundos artificiales que se sienten irreales, sino de integrar a sus héroes de variables tamaños al mundo real, ya sea caminando sobre un cuchillo de cocina o emerger de la Bahía de San Francisco como lo haría Godzilla.

Dado que las películas de Marvel siempre han destacado, para bien o para mal, por su sentido del humor, parece lógico que éste encaje en una película que no se tome muy en serio como Ant-Man and the Wasp. Los socios de Scott, interpretados por Michael Peña, David Dastmalchian y Tip ‘T.I.’ Harris, se roban cada una de sus escenas: Peña tiene la oportunidad de repetir sus frenéticos monólogos (de lo mejor en la primera película), y Dastmalchian tiene un divertido gag en el que confunde a Ghost con la leyenda de Baba Yaga. Momentos como éstos funcionan por la frustración que provocan en personajes como Sonny o Hank, quienes por lo apurado de sus misiones, de verdad no tienen tiempo para ellos.

Pero los chistes de Scott, que son mayoría, interrumpen la historia más que añadirle ligereza. El montaje de él tratando de no aburrirse en los tres días que le quedan de arresto domiciliario es uno de los mejores momentos de la película, pero una vez que la trama empieza como tal, cada chascarrillo de Scott se siente fuera de lugar. Si bien el añadido énfasis en Hope es bienvenido, sólo resalta lo mucho que Scott sale sobrando en su propia película. Más que buscar risas, sus chistes parecen sólo querer recordarnos que sigue ahí.

Ant-Man and the Wasp es entretenida, y es agradable que una película que juega con la extinción de la mitad del universo sea seguida por una basada tanto en las relaciones padre e hija, con una trama que gira alrededor de salvar la vida de dos mujeres y en la que muy poco de verdad sale mal. Pudiera haber sido más divertida si el guion aprovechara mejor secuencias como aquella en que Hope y Scott se infiltran a la escuela de Cassie–uno pensaría que el caos de una escuela primaria de presta para la locura de una película como ésta, pero los dos entran y salen tan rápido que todo se siente como una oportunidad desperdiciada–o si la no se le dedicara tanto tiempo a la historia de fondo trágica de algunos personajes, las cuales chocan con una película que se esfuerza por ser ligera.

★★★