(Widows; Steve McQueen, 2018)
Viudas, de Steve McQueen, es una película sobre un grupo de mujeres que, literal y figurativamente, asumen papeles de hombres. El título se refiere a las cuatro esposas de una banda de ladrones de profesión que mueren tras un robo que sale mal. En un tiroteo a manos de la policía y la subsecuente explosión pierden no sólo sus vidas, pero también los dos millones de dólares que le robaron a Jamal Manning (Brian Tyree Henrey), un criminal con quien uno no debe meterse. Manning no tiene a quién reclamarle su dinero, así que empieza aterrorizar a Veronica Rawlings (Viola Davis), la esposa del líder, para que ésta lo consiga a como dé lugar.
En una libreta, Veronica tiene las instrucciones del último robo de su esposo Harry (Liam Neeson). Para llevarlo a cabo deberá recurrir a las viudas de sus colegas. ¿Por qué a ellas? “Porque nadie piensa que tenemos las bolas para hacerlo,” dice Veronica en una frase prácticamente diseñada el trailer. Pero su decisión tiene algo de solidario. Éstas mujeres están pasando por lo mismo que ella. Y aunque no tengan a uno de los capos más poderosos y peligrosos de Chicago presionándolas directamente, tampoco la tienen fácil. La muerte de sus esposos revela lo cómodas que se habían vuelto; cómo habían dejado que ellos dictaran lo qué hacen y qué no hacen, al punto de quitarles cualquier otro medio de subsistencia. Una vez pagada la deuda, el dinero que resté les deberá alcanzar para reiniciar sus vidas.
Muchas reseñas de Viudas la han comparado con otro estreno reciente, Ocean’s 8: Las estafadoras, que también trata de un grupo de mujeres que montan un atraco. Esto para nada nos prepara para lo sombría y melancólica que la película de McQueen es en realidad. No hay intento de simplificar el luto por el que estas mujeres pasan. Esto se nota en sus ricas metáforas. La mano de Veronica apretando la almohada en la que hasta hace poco dormía Harry, como si en ella esperara encontrar un pedazo de él. Ella misma poniendo un disco y mirando por la ventana, a medida que Harry se acerca y la abraza por atrás, un momento que por supuesto, sólo sucede en su imaginación.

La muerte de un ser querido hace algo curioso con el tiempo. Nos paraliza, pero no detiene el mundo a nuestro alrededor. Conocemos a Veronica y las otras viudas en escenas que, más que escenas, son momentos quietos en los que se entregan al llanto, devastadas por la monumentalidad de lo que acaba de suceder. Simultáneamente, la película empieza a colocar las piezas para el eventual robo y los distintos catalizadores que finalmente las llevarán a comprometerse a este plan: está llena de maquinaciones políticas y familiares que les dan el pésame a la vez que las presionan para conseguir dinero o quitarles a sus hijos.
La situación de las viudas es especialmente complicada porque los hombres que las dejaron atrás no fueron del todo buenos con ellas. Linda (Michelle Rodriguez) pierde su negocio de renta de vestidos porque Carlos (Manuel Garcia-Rulfo) lo ofreció para saldar sus deudas de juego. Florek (Jon Bernthal), esposo de Alice (Elizabeth Debicki), la golpeaba. Ella sabe que es abusivo, pero aun así nunca se animó a dejarlo. La primera y única escena que comparten, en la que él le acaricia el moretón debajo del ojo que le acaba de hacer, nos muestra tan hábilmente los matices de esta relación.
Viudas expone cada una de sus relaciones como un ejercicio desigual de poder. Siguiendo el consejo de su madre Agnieszka (Jacki Weaver), Alice se convierte en una escort. Empieza a frecuentar a David (Lukas Haas), un desarrollador de bienes raíces, que al principio la trata incluso mejor que Florek. Alice por un momento ve un verdadero futuro con él, pero él no. Se rehúsa a verla fuera de la recámara o de un elegante restaurante y, cuando ella no se ajusta a sus planes, no duda en reclamarle que él está financiando su estilo de vida para ponerla en su lugar.
El uso de poder ocurre por defecto, de manera casi automática. Cuando Manning se aparece por en casa de Veronica, lo primero que hace es tomar a su perro, una pequeña terrier, y cargarla con indiferencia a medida que se desplaza por el apartamento. La vida de esta criatura está en sus manos, y cada movimiento de Manning busca recordarle esto. Es la invasión del espacio personal que sería tan emocionante y eléctrica en una película de Quentin Tarantino y su mundo de excéntricos matones. Aquí, sin embargo, se siente tan real y lleno de peligro.
El hermano y sicario personal de Manning, Jatemme (Daniel Kaluuya), por otra parte, encajaría perfectamente en una película de Tarantino. La actuación de Kaluuya es hipnótica, y su personaje se comporta con tanta calma y sin remordimiento cuando tumba de su silla de ruedas a Bobby Welsh (Kevin J. O’Connor), el empleado de un boliche; o intimida a los dos criminales de poca monta que dejaron que Harry se escapara con el botín en primer lugar. Ésta última secuencia es especialmente impresionante, por cómo estira la tensión y hace que cancha de basquetbol se sienta tan claustrofóbica mediante una toma continua expertamente coreografiada.

Viudas muestra también cómo hombres como Jamal Manning se imponen sobre otros dándoles la ilusión de poder. La trama gira parcialmente alrededor de una elección para edil del distrito 18 de Chicago. Los dos candidatos tienen casi las mismas posibilidades de ocupar el puesto, pero ninguno tiene mucho que ofrecer además de promesas vacías. Uno de ellos es Jack Mulligan (Colin Farrell), un político corrupto y que busca el puesto más por conexiones familiares que por vocación. Su rival es Manning, quien se presenta como un portavoz de la clase obrera a pesar de ser un rico mafioso que sólo ingresó a la política para enriquecerse extendiéndole contratos municipales a amigos y familiares. Esta simulación se ha hecho tan acostumbrada para los locales de Chicago que pueblan la película. La dueña de una peluquería local, y beneficiada de uno de los programas de apoyo de Jack para pequeños empresarios, prefiere pagarle enormes sumas mensuales a porque por lo menos le da la ilusión de tener un negocio propio.
Viudas mantiene su pulso sobre los temas más importantes política estadounidense. La historia de fondo de Veronica involucra a un hijo tiroteado por la policía. Belle (Cynthia Erivo), una adición tardía al equipo del robo, apenas y se puede sostener trabajando como peluquera y niñera; prefiere correr en medio de la noche por un trabajo que paga doce dólares la hora que permitir que sus hijos pasen hambre. La película nos dice esto sin dejar de ser cautivadora, o sin tornarse en un sermón. La historia de Veronica nos ofrece una mirada a la complicada relación que tenía con Henry cerca del final de su vida; la de Belle le da a la película una de sus imágenes más emocionantes, a Erivo corriendo a toda velocidad por las calles mientras la cámara la sigue vertiginosamente.
Son personajes como estos los que hacen a Viudas deje un sabor triunfante, a pesar de que el robo, la supuesta pieza central de la película, sea tan sombrío como el resto de la película. Estas mujeres en realidad no encuentran ningún placer en hacer algo así. Veronica en particular es una líder implacable, intolerante de toda flaqueza en sus compañeras, especialmente en Alice, a quien su madre y su difunto esposo han acostumbrado a ser sumisa, impotente y blanco de agresiones. El final de la película consiste en un gesto tan pequeño como devastador, que muestra lo que acabamos de ver en una luz totalmente nueva. No es que asuman estos papeles masculinos porque quieren, sino porque no les queda opción. Ver esa coraza caerse y verlas mostrar quienes son en realidad es reconfortante y poderoso.