(It Chapter 2; Andy Muschietti, 2019)
He estado yendo a terapia psicológica de manera regular desde hace dos o tres años más o menos. Una de las cosas en las que he estado trabajando (y es que la terapia requiere trabajo) durante este tiempo son lo que se llaman distorsiones cognitivas. Las distintas variedades y los términos técnicos para referirse a cada una de ellas se me escapan por el momento, pero a lo que éstas se refieren en general es a un sentimiento o pensamiento negativo que se sale de control al punto de que se vuelve paralizante. Vivamente recuerdo cómo un tropiezo menor podía crecer hasta convertirse en una catastrófica idea de mí mismo y mi lugar en el mundo
No fueron ni siguen siendo momentos fáciles. Me ayudaron bastante tener dos padres amorosos, atentos, y financieramente estables (la terapia no es barata, desafortunadamente). El tener hobbies y rutinas como administrar esta página o andar en bicicleta. También el poder escribir o hablar lo que sentía; al salir de mí, los pensamientos cobraban una forma estática, parecían más pequeños y manejables; podía juzgarlos a través de los ojos de alguien más y ver que no eran tan aterradores.
Leí It (Eso) cuando estaba en la preparatoria y desde entonces, fuera de un particularmente grotesco e inexplicable momento cerca del final, recuerdo pensar que de lo mejor que Stephen King había escrito (mi yo adolescente debió haber devorado alrededor de veinte de sus libros, creo que eso me da autoridad para opinar). Mi mente era propensa a las distorsiones desde esa edad, pero no pudo encontrar el parecido entre lo que me pasaba y el hecho que el villano del libro era precisamente un ente maligno que cambia de forma y se alimenta de las inseguridades y miedos de sus víctimas.

It (Eso): Capítulo 2, la segunda parte y conclusión de la adaptación cinematográfica de la masiva novela, abre veintisiete años después de la supuesta desaparición de la criatura Eso. Pero cuando un joven homosexual es brutalmente asesinado en Derry, Maine, «el club de los perdedores» regresa a su pueblo natal, tomando el salvaje acto como una señal de que el ente maligno que típicamente toma la forma del payaso Pennywise (Bill Skarsgård, entregado al personaje con una deliciosa perversidad) ha regresado. La mayoría de ellos han dejado atrás los eventos de su adolescencia y tienen ahora carreras exitosas: Beverly Marsh (Jessica Chastain) es una diseñadora de modas, Bill Denbrough (James McAvoy) un autor de bestsellers de misterio, Richie Tozier (Bill Hader) un comediante, Ben Hanscom (Jay Ryan) un arquitecto y Eddie Kaspbrak (James Ransone) un asesor de riesgos para una aseguradora. La llamada de Mike Hanlon (Isaiah Mustafa), el único de ellos que se quedó en Derry, compartiendo la noticia es sin embargo demasiado en demasiado para ellos, en particular para Stanley Uris (Andy Bean).
It: Capítulo 2 tiene una duración de casi tres horas, algo increíble considerando que no mucho sucede en ella. Una vez que los viejos amigos se reúnen y Mike les da la instrucción de buscar objetos significativos de sus respectivas juventudes para realizar un ritual y acabar Eso de una vez por todas, la película se atora en un formato bastante repetitivo. Separados vagan por el pueblo, donde los locales semi-abandonados detonan flashbacks a sus infancias y Eso los aterra uno por uno. Una. Y otra. Y otra vez.
El director Andy Muschietti, no obstante, convierte esta limitación en una fortaleza, tratando cada encuentro con el monstruo menos como una pieza clave en el desarrollo de una narrativa y más como su propio cortometraje de terror que se sostiene por sí solo. Si no puede que éstos formen un todo coherente, por lo menos se asegura que cada uno de ellos sea una experiencia impactante y emocionante a su manera, como una atracción en una feria (en una ocasión, hasta de manera literal). ¿Ha evolucionado como cineasta o simplemente ahora lo veo de otra manera? Su toque no hizo mucho para mí en la entrega anterior, pero en esta ocasión llegué a admirar el ingenio y efectividad con que utiliza imágenes grotescas, litros de sangre, ruidos fuertes, pero también el silencio, las sombras y detalles del fondo (nunca pensé que un poster de los New Kids on the Block podía ser tan inquietante) para sembrar una sostenida incomodidad que desemboca en grandes sustos. Y también es cuidadoso de aterrizar estos horrores en sus personajes; lo que los hace particularmente aterradores y hasta melancólicos es el hecho de que estamos reviviendo diferentes eventos traumáticos para ellos.

Otra cosa que Muschietti y su equipo entienden es que los horrores que King originó en papel son en el fondo un tanto ridículos. Y en lugar de avergonzarse, se divierten con ellos. La imagen de Pennywise aterrizando en con un puñado de globos cual Mary Poppins con su paraguas solo tiene sentido como comedia operística, mientras que una secuencia con pequeñas criaturas en un restaurante de comida china gozosamente invoca al Sam Raimi que hizo Arrástrame al infierno. Fuera de la manipulación digital que le resta algunos años a los actores que interpretan a los “Perdedores” de pequeños (Sophia Lillis, Jaeden Martell, Finn Wolfward, Chosen Jacobs, Jeremy Ray Taylor y Wyatt Oleff), los efectos especiales de la película son una efectiva y a veces invisible mezcla de efectos prácticos y animación por computadora; hábilmente permitiendo que Pennywise cambie a formas y tamaños abominables, vendiendo la ilusión de un ser que no está regido por las leyes de nuestra dimensión.
Alrededor de treinta minutos antes del final, ya estaba listo para darle a It: Capítulo 2 una calificación positiva. Pero no pude anticipar todas las emociones que ese final provocaría en mí. Es algo que va más allá de la pura técnica cinematográfica, o el que Muschietti y el guionista Gary Dauberman entienden lo que hace a Eso una metáfora tan versátil para toda suerte de cosas horribles, y el vínculo de los “perdedores” como ese rayo de esperanza que todo lo puede, y convierten las ideas centrales de la novela de King en simples pero efectivas imágenes. Salí del cine sacudido, pero con una profunda calma en el fondo. Había visto una película que parecía entender el profundo miedo y aislamiento que sentí por mucho tiempo, el consuelo que encontré y sigo encontrando en la compañía de otros que de alguna manera pasan por lo mismo, y cómo el mero acto de compartir este pesar puede ser tan enorme acto de valentía. Si It: Capítulo 2 no es una gran película, aun así la encontré una conmovedora experiencia porque habla un lenguaje con el que me sentí tan identificado; articula brillantemente algo que me tomó años descifrar por mi cuenta.