En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver El padre, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.


(The Father; Florian Zeller, 2021)

El padre de Florian Zeller es un precioso diálogo de película. Una que utiliza la forma cinematográfica de manera flexible y con confianza para explorar lo que es vivir con una enfermedad neurodegenerativa, y que usa la experiencia de una enfermedad neurodegenerativa para reflexionar y cuestionar las bases del lenguaje cinematográfico.

Anthony (Anthony Hopkins) es un hombre de la tercera edad que vive en un apartamento de Londres en el que lleva una vida tranquila y en apariencia estable. Pero cuando su hija Anne (Olivia Colman) llega para confrontarlo por su comportamiento con la joven que ella contrató para cuidar de él, la película empieza a sugerir que el padecimiento de Anthony es más grave de lo que él quiere pensar. Anne menciona que Anthony fue físicamente agresivo, cosa que él no recuerda. Él está convencido de que la joven le robó su reloj, pero cuando Anne le recuerda su escondite de siempre, ahí lo encuentra.

Esta primera parte nos muestra a Anthony desorientado. Él tampoco parece recordar que Anne planea mudarse a París y sigue pensando que ella está casada con James, de quien se divorció cinco años antes. Pero la película después va un paso más adelante, haciéndonos partícipes de esta misma desorientación. En lo que parece el mismo día, Anthony se encuentra a un hombre (Mark Gatiss), leyendo el periódico en uno de los cuartos del apartamento. El hombre dice ser el esposo de Anne y que Anthony meramente se mudó al apartamento de ellos. Anthony espera el regreso de su hija para arreglar el asunto, pero cuando ella regresa, no la reconoce (la interpreta, no Olivia Colman, pero Olivia Williams).

El padre está poco interesada en los detalles particulares de la condición médicos de Anthony. Los componentes biológicos de nuestro cuerpo son por supuesto los que hacen posible los procesos de la mente, pero nuestra experiencia de ellos difícilmente es consciente. Pasamos mucho tiempo pensando, pero poco tiempo reconociendo los procesos específicos por los cuales pensamos. El padre es una película contada desde el punto de vista de alguien que está convencido de que no padece nada en realidad, y comprometida a compartirnos lo que él experimenta y percibe.

El mundo de Anthony, por supuesto, no es del todo coherente, pero las incongruencias son reveladoras. Sacada de contexto, cada escena de El padre no estaría fuera de lugar en un drama típico. Tienen un sentido interno; dentro de sí generan la impresión de normalidad. La demencia no afecta a la conciencia tanto como a la memoria y el pensamiento; Anthony está siempre consciente momento a momento, pero el tejido que los une entre sí es el que falla. Detalles cambian: Anne compra, cocina y sirve un pollo para la cena, pero el orden aparece mezclado. Los rostros se confunden: no solo el de Anne, pero el de su esposo (quien aparece después interpretado por Rufus Sewell) y el de su cuidadora, quien Anthony dice se parece a su otra hija Lucy.

Al sumergirse tanto en la experiencia de alguien demencia, El padre inevitable revela lo esencial que la memoria es en nuestra vida diaria. Es a través de la percepción que construimos recuerdos, y a través de los recuerdos que desarrollamos relaciones con los objetos y las personas que nos rodean. Es en relación con ellos que guiamos nuestras acciones, y en cierta manera desarrollamos nuestro sentido de quienes somos. Nuestros sentidos nunca captan totalmente la realidad, y en la memoria, detalles se pierden o la emoción transforma los hechos. Pero la mayoría de nosotros podemos ir por nuestras vidas con una imagen, sino fiel, más o menos fija y constante del mundo que nos rodea.  El padre es devastadora porque muestra lo que pasa cuando algo tan elemental se pierde. La sugerencia de que el apartamento no es suyo tiene un efecto marcado en Anthony: aunque el espacio luce igual y lo frecuentan las mismas personas, su relación con él fundamentalmente cambia.

El padre es la ópera prima de Zeller, un celebrado dramaturgo. El guion fue adaptado por él y Christopher Hampton de la obra de Zeller. Aunque los orígenes teatrales de El padre se notan, principalmente en su restricción a un único escenario que es el apartamento, su ingenio cinematográfico es sutil pero igualmente astuto, particularmente su uso del tiempo narrativo. El padre se comporta parcialmente como una narrativa tradicional. Está montada de tal manera que cada escena parece llevar lógicamente a la que sigue; no hay indicios de saltos de tiempo tanto hacia el futuro o al pasado. Esta familiaridad hace que los detalles que cambian nos llamen más la atención. Pensamos que el problema no es la película, sino nuestra capacidad de verla. Esa secuencia lógica entre eventos que está en la base del cine narrativo, por la condición de Anthony, está ausente.

Aun cuando El padre pone en duda las bases mismas de su propia realidad, las actuaciones, particularmente la de Hopkins y la de Colman, resuenan con emociones reales. En Anthony no vemos los sellos típicos del cine sobre la vejez y la enfermedad. Hay poco énfasis en su debilidad o deterioro físico. Se comporta por supuesto como un hombre de la tercera edad (sus movimientos son limitados, incluso su voz parece cortarse a momentos), pero es una actuación enérgica y un recorrido a lo largo de un amplio rango de emociones. Derrocha carisma cuando conoce a la joven que se encargará de él (Imogen Poots) y es inquietante y amenazador cuando está convencido de que Anne quiere deshacerse de él para quedarse con su apartamento.

Menos llamativa pero no menos potente es Colman. La demencia es devastadora para quien la sufre, pero también en quien cuida de quien la sufre y aun cuando el carácter de Anne está en constante fluctuación (cambia, por supuesto según lo que Anthony puede recordar en ese momento), siempre está esa frustración instintiva provocada por el comportamiento cambiante de Anthony, seguida por el trágico reconocimiento de que se está volviendo una extraña en los ojos de su propio padre.


★★★★