[Imagen superior: Iron Man – El hombre de hierro]

El 2008 estuvo dominado por una película de superhéroes en específico: Batman: El caballero de la noche de Christopher Nolan. En su momento, su éxito eclipsó aquel de Iron Man – El hombre de hierro de Marvel, bien recibida pero no el fenómeno inmediato que fue la de Nolan. Pero Iron Man tenía un arma secreta. Escondida al final de sus créditos se hallaba una escena que prometía reunir a su titular protagonista en un masivo encuentro en equipo con otros héroes de los cómics creados por Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y compañía. Era una jugada confiada (o arrogante) para una película que entonces no tenía siquiera la certeza de una secuela.

Después de una década y más de dos decenas de películas, los resultados hablan por sí mismos. La trilogía de Nolan concluyó en 2012, pero el universo que brotó de Iron Man se convirtió en la franquicia cinematográfica más taquillera de la historia y reinventó el modelo del blockbuster de Hollywood para la segunda década del siglo XXI. Su eterno rival DC no fue el único que trató de imitar su modelo, nunca con el mismo nivel de éxito financiero y dominación cultural.

Es fácil despreciar al Universo Cinematográfico de Marvel como síntoma de un Hollywood corporativo o como el siguiente paso en la evolución de la cultura de las secuelas. Pero un fenómeno de esta escala no sucede por accidente. Desde sus inicios, la franquicia ha sido supervisada por el productor Kevin Feige, cuya visión inicial de un universo compartido se ha impuesto por encima de la voz de cualquier director individual. Y es su fórmula la que Hollywood ha seguido para reinventarse en una era en la que la figura de la estrella de cine está en declive y en el que la consolidación mediática pone a los distintos conglomerados en una lucha por la dominación casi absoluta de los ojos de los públicos.

Para bien o para mal, Marvel es la fuerza dominante en el Hollywood contemporáneo (o lo era antes de que la contingencia por COVID-19 básicamente erradicara el mercado de la exhibición en salas de cine) y es por ende quizá el caso de estudio más importante para entender el estado actual de la industria del cine. Debajo de sus aventuras fantásticas en las que decenas de superhéroes comparten la pantalla, sus películas cuentan también la historia de cómo Hollywood llegó a donde está ahora y entrelazan a por lo menos cuatro de los principales estudios estadounidenses.

Dividir la historia del Universo Cinematográfico de Marvel es más fácil que con otras franquicias, pues el mismo marketing agrupa a sus numerosas entregas (más otra decena que está próxima a estrenarse o en distintas etapas de desarrollo) en convenientes “fases”. A lo largo de la próxima semana, y en preparación para el estreno de Black Widow, la película inaugural de la Fase Cuatro, estaré haciendo una retrospectiva de las 23 películas estrenadas hasta ahora, dando una breve reseña de cada una, hablando de sucesos importantes detrás de escenas, destacando las tendencias que aparecen y tratando de responder a cómo los superhéroes ignorados por otros estudios vinieron a dominar el mercado cinematográfico mundial en la era del contenido.


Fase Uno (2008-2012)

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Hulk, el hombre increíble

Antes del Universo Cinematográfico de Marvel, la editorial de comics ya había otorgado licencias para llevar a sus personajes a la pantalla grande por vía de algunos de los grandes estudios de Hollywood. Algunas adaptaciones, como Blade: Cazador de vampiros y X-Men ayudarían a lanzar la moda del cine de superhéroes de principios del nuevo milenio. Relevantes para la discusión del MCU son Spider-Man, quien antes de incorporarse al universo protagonizaría cinco películas distribuidas por Columbia/Sony y Hulk, la estrella de una película dirigida por Ang Lee. Esto dejaba una amplia nómina de personajes que, si bien no eran tan conocidos, podían servir como base para sus propias películas. Marvel formó entonces su propia compañía productora y, utilizando los derechos de varios sus personajes como colateral, logró obtener el financiamiento necesario para levantar una franquicia sobre la cual tendrían control principal.

En 2005, Avi Arad y Kevin Feige iniciaron la producción de Iron Man – El hombre de hierro. La película, estrenada por Paramount en mayo de 2008, enfrentó cierta incertidumbre inicial, particularmente alrededor de su siempre cambiante guion y su estrella Robert Downey Jr., para entonces más conocido por sus escándalos que por sus papeles. Anclada en la competente dirección de Jon Favreau y una sólida historia, Iron Man atinó ese balance entre sentido del humor y emotividad que caracteriza a las mejores películas de superhéroes. Como Tony Stark, el playboy multimillonario que construye la armadura de Iron Man como parte de su búsqueda de redención, Downey Jr. construye un personaje grandilocuente y arrogante, pero que sinceramente trata de ser mejor persona. El tono pseudo-realista, la estética de alta tecnología y los espontáneos chascarrillos sentaron la base para las películas que vendrían después.

Lo mismo no puede decirse de Hulk, el hombre increíble, estrenada en junio de ese mismo año, que ha repercutido tan poco que bien podría haber sido borrada de la continuidad. Es también la única del MCU distribuida por Universal y coproducida por alguien más que Arad y Feige, en este caso Gale Anne Hurd, dada la situación de los derechos del personaje. La dirección de Louis Leterrier es inusualmente sombría, portentosa y con poco sentido del humor. Edward Norton da una actuación mayormente internalizada, resaltando el miedo y el desgaste con el que científico Bruce Banner vive constantemente, vulnerable a convertirse en cualquier momento en la figura monstruosa de Hulk. El tono, serio sin sacrificar la acción, mayormente funciona en la aterrizada primera mitad. El clímax, no obstante, es inhibido por la acción obligada y un villano torpemente establecido.

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Thor

Aunque fundamental para echar a andar Marvel Studios, Arad se retiró de él en 2006. A los 33 años, Feige se convirtió en el presidente de la casa productora. Iron Man 2, estrenada en abril de 2010, se convirtió entonces en la primera película del MCU producida exclusivamente por Feige, algo que se repetiría en la gran mayoría de las películas posteriores. Es también en Iron Man 2 donde las tensiones inherentes de un proyecto de esta escala se harían obvias. Aunque la película lleva su nombre, el hombre detrás de la armadura es opacado por la introducción y los roles expandidos de Natasha Romanoff y Nick Fury. Sin una historia enfocada como la de la primera Iron Man, el narcisismo de Tony se vuelve simplemente enfadoso. Ni siquiera la presencia de Mickey Rourke y Sam Rockwell como dos villanos radicalmente opuestos agrega mucho humor o dramatismo a los procedimientos. La parte media de la película se hunde en un aburrido tono miserabilista antes de cerrar con un clímax con mucho espectáculo de efectos visuales pero poca emoción.

La primera secuela nominal del MCU sería seguida por la primera de dos películas que en 2011 terminarían de contar las historias de origen de los miembros restantes de los Vengadores. Thor y Capitán América: El primer vengaador mantendrían a sus personajes en el centro y harían uso de narrativas funcionales para familiarizar al público con sus fortalezas y vulnerabilidades, los resultados serían muy diferentes. La primera de ellas, estrenada en abril, cuenta cómo el joven e impaciente dios del trueno aprende a ser digno del trono del reino cósmico de Asgard. Kenneth Branagh dirige, pero aunque los pleitos reales entre Thor, su padre Odin y su hermano Loki suenan como una buena combinación con su trasfondo shakesperiano, la trama atora a su protagonista en un pueblo de Nuevo México en patética comedia y un forzado romance que ni siquiera aprovecha adecuadamente los dotes cómicos de su estrella Chris Hemsworth. Lo único que finalmente caracteriza a la película son sus abundantes e inapropiados planos holandeses.

Capitán América: El primer vengador
Capitán América: El primer vengador

El primer vengador, estrenada ese mismo julio, es por otra parte una película en la que todas las piezas encajan en el lugar indicado. Historia, actor y director convergen para contar cómo el flacucho Steve Rogers se convierte en un supersoldado con la misión de detener los planes malévolos de un científico nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El director Joe Johnston, discípulo de Spielberg que ya había recorrido territorio similar en Rocketeer: El hombre cohete, se apoya en un tono sepia difuminado que con nostalgia evoca al optimista entretenimiento de la época; es la rara película del MCU que orgullosamente abraza el artificio en sus escenarios y efectos visuales y por lo tanto la única con una estética distintiva. Pero su verdadero triunfo es la caracterización de Steve Rogers: Chris Evans le proporciona notas de dulzura e inocencia a un personaje que en las escenas de acción se convierte en la figura inspiradora y protectora que el país que representa quisiera ser. La centralidad del Capitán América en entregas posteriores sería muestra de la solidez de su primera aparición.

En abril de 2012, The Avengers: Los Vengadores se convirtió en la primera película del MCU en ser estrenada por Walt Disney Studios (esto después de que The Walt Disney Company comprara Marvel Entertainment en 2009). Con todos los superhéroes propiamente introducidos, el momento de la verdad llegaría una vez que tuvieran que compartir la pantalla. A ninguna entrega del MCU le había ido mal en la taquilla, pero solo las dos películas de Iron Man alcanzaron a colarse a las diez más recaudadoras alrededor del mundo. Pero en lo que a riesgos se refiere, Los vengadores es uno muy calculado. Joss Whedon, mejor conocido entonces por su trabajo como guionista y en televisión, malabarea cabalmente las personalidades de los cuatro Vengadores alrededor de una historia que los ve poner a un lado sus diferencias para detener una invasión alienígena. Su único acierto indiscutible sería su Hulk, remplazando a Edward Norton por Mark Ruffalo, quien le inyecta mucho mayor amigabilidad y humor al personaje sin sacrificar su tragedia interna. La narrativa es técnicamente satisfactoria, pero la decisión de llevarla a cabo en interminables conversaciones en el interior de un portaviones volador solo llama atención a la falta de cualquier componente de interés visual. El futurismo plausible de Iron Man, el mundo cósmico de Thor y la acción de época de El primer vengador se cancelan entre sí, dando lugar a una aburrida uniformidad.

Los números, por supuesto, cuentan otra historia. Los vengadores se convirtió en la película más taquillera del año y la tercera de toda la historia. La estrategia de dar a conocer a sus personajes a través de narrativas competentes y tradicionales para después hacer un evento de su reunión, había rendido frutos. Con esto, su conquista del mercado cinematográfico mundial estaba completo. Solo sería cuestión de mantenerlo.

Iron Man – El hombre de hierro (2008): ★★★1/2
Hulk, El hombre increíble (2008): ★★1/2
Iron Man 2 (2010): ★★
Thor (2011): ★★
Capitán América: El primer vengador (2011): ★★★★
The Avengers: Los vengadores (2012): ★★1/2

Fase Dos (2013-2015)

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Thor: Un mundo oscuro

Aunque dirigió las primeras dos entregas, Jon Favreau no regresó para la tercera película de Iron Man (solo en su papel cómico como el jefe de seguridad de Tony Stark). En su lugar entró Shane Black, quien para entonces solo había dirigido una película, pero tenía una amplia y destacada trayectoria como uno de los guionistas de acción más solicitados y exitosos de los ochenta y noventas. Para cuando dirigió Iron Man 3, Black había desarrollado ya un sentido del humor particular que se hace notar a pesar de las obligaciones del universo. La película, estrenada en abril de 2013, juega con elementos de la comedia de policías, cuenta con un chusco pero ingenioso giro de la trama, así varios chistes que encajan perfectamente con la sensibilidad de Robert Downey Jr. (a quien Black dirigió previamente en Entre besos y tiros). El aspecto emocional es un tanto flojo; Tony Stark lidia con los errores de su pasado y los eventos de Los vengadores y Downey Jr. habita cabalmente esta lucha interna, pero la narrativa simplemente no se resuelve con la misma elegancia de la primera película. Aunque el final de la historia de Tony Stark todavía tardaría en llegar, Iron Man 3 funciona como una última aventura en solitario para un personaje que se estaba empezando a disfrutar más en pequeñas dosis.

Un cambio de director ocurrió también para la segunda película de Thor. Aunque Alan Taylor no tenía el prestigio de Kenneth Branagh (era más reconocido quizá por su trabajo para televisión, particularmente en la serie Game of Thrones), Thor: Un mundo oscuro resulta una mejora considerable sobre su predecesor. Liberada de los grilletes de una historia de origen, la película se divierte más con su colorido mundo de fantasía. La parte media contiene una entretenida batalla a gran escala en el reino de Asgard y el clímax se divierte con un evento cósmico que ve a sus héroes y villanos saltar entre portales en el cielo. No hay mucho drama en realidad, augurio de algo que se volvería tendencia a lo largo de la segunda y tercera fase de la franquicia. Los vengadores no solo había encontrado una fórmula ganadora, también había construido un estatus quo narrativo que iba a ser difícil romper. Cada entrega subsecuente se trataría menos de llevar a sus personajes en nuevas y radicales direcciones y más de ponerlos en su lugar apropiado para la siguiente aventura en equipo.

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Guardianes de la galaxia

No obstante, el MCU empezaría a construir la ilusión de versatilidad narrativa disfrazando a sus películas de superhéroes en los trajes de distintos géneros cinematográficos. El duo de Joe y Anthony Russo fue entonces una lógica elección para dirigir la segunda película en solitario del Capitán América. Uno de sus créditos más destacados era la serie de televisión Community, celebrada por sus astutas y elaboradas parodias de cine. Capitán América y el Soldado del Invierno, estrenada en abril de 2014, toma su trama, temas y estética de los thrillers políticos de los setenta, con todo y la presencia de Robert Redford para sumarle credibilidad. La película tiene una buena dosis de intriga y acción práctica, y el colocar al chico bueno de Steve Rogers en una trama conspiranoica le da un buen conflicto central, aun si las obligaciones del cine de superhéroes hacen que sus menciones de la vigilancia tecnológica y las libertades civiles apenas se sienten como mera decoración.

Parte de la idea original del MCU era la de construir un universo compartido para destacar a los personajes menos conocidos de Marvel. Quizá ninguno se benefició más de este tratamiento que los Guardianes de la galaxia, un equipo de héroes espaciales cuya aparición en los cómics (para el momento en que su película entró a producción) se limitaba a una breve corrida de 2008 a 2010. No obstante, éxito de Guardianes de la galaxia, estrenada en agosto de 2014, se debe menos a sus conexiones con otras películas que a la visión individual del guionista y director James Gunn. La película cumple con lo que el público había venido a esperar de Marvel: acción, efectos visuales y sentido del humor. No obstante los gags visuales y los diálogos un poco subidos de tono le hacen sentir un poco más arriesgada. La historia, que cuenta como los mercenarios y criminales Peter Quill, Gamora, Rocket Raccoon, Drax y Groot aprenden a trabajar juntos, tiene sustancia emocional, esforzándose para que sus personajes se sientan como una verdadera familia improvisada. Guardianes de la galaxia es de alguna forma  lo que Los vengadores debió haber sido.

Aunque dos de las entregas mejor logradas de la franquicia, Capitán América y el Soldado del Invierno y Guardianes de la galaxia inaugurarían una de sus más desafortunadas tendencias. Fotografiadas por Trent Opaloch y Ben Davis, respectivamente, ambas películas varían de películas anteriores por sus paletas de colores desaturadas y de bajo contraste. La decisión tenía la intención de darle cierta continuidad al universo cinematográfico, dar la sensación de que cada entrega encajaba orgánicamente con la otra. El desafortunado resultado fue el de arrebatarle a las películas el color y energía de sus raíces en los cómics.

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Ant Man: El hombre hormiga

Pero ni todo el color del mundo le pudo haber ayudado a Avengers: Era de Ultrón, estrenada en abril de 2015. El segundo encuentro masivo de los héroes del MCU tiene una mayor ambición, un elenco más amplio y es también un caos mucho más grande que su predecesor. Marvel merece crédito por darle un poco más de rienda suelta al guionista y director encargado de su propiedad más valiosa, el problema es que ese guionista y director es Joss Whedon. Su característica misoginia disfrazada de empoderamiento femenino y diálogos astutos está más que evidente en su tratamiento del personaje de Natasha Romanoff y convierte una película mediocre en una simplemente insoportable (sobre todo en el contexto del comportamiento a lo largo de su carrera que ha empezado a salir a la luz). Aunque la narrativa de la película probablemente sufrió por la tensión entre Whedon y Marvel en cuanto a la duración de la película, Era de Ultrón funciona más como una extensión de su universo que como una historia que se merecía contar en primer lugar. Sus intentos de profundidad y emoción resultan huecos y sus tantos eventos se sienten redundantes o insignificantes.

En julio de ese mismo año, quizá para limpiar el paladar después de Era de Ultrón, Marvel estrenó Ant-Man: El hombre hormiga. El MCU tiene más de una historia sobre películas que nunca fueron (Thor 2 de Patty Jenkins, Pantera Negra de Ava DuVernay, por ejemplo) pero ninguna más infame que la del Ant-Man de Edgar Wright. El director británico se sumó al proyecto en 2006, desarrolló varias versiones del guion al lado de Joe Cornish y filmó una prueba visual que se presentó en la Comic-Con de 2012. En 2014, ya con mucho del elenco y el equipo de producción ensamblado, Wright dejó la película citando “diferencias creativas” y fue remplazado por Peyton Reed. En retrospectiva, su salida parece inevitable: el preciso estilo y humor visual que Wright había pulido entre El desesperar de los muertos y Hot Fuzz: Super policías se sentiría fuera de lugar en el cada vez más uniforme universo de Marvel.

El Ant-Man de Reed, no obstante, no carece de encantos. Es una película sobre un atraco (en la misma forma en que Capitán América y el Soldado de Invierno era un thriller político) anclada en la divertida actuación de Paul Rudd, que inyecta bastante humor a la historia de un criminal de profesión tratando de reconstruir su vida de la forma legal sin caer en la burla. El tono ligero y las escenas de acción, que hacen uso ingenioso de los poderes de miniaturización de su héroe, la convierten en una de las películas más destacadas del MCU. Aunque uno se queda con ganas de ver la versión de Wright, Ant-Man resulta una placentera diversión en la que la línea editorial del MCU juega a su favor en lugar de en su contra.

Iron Man 3 (2013): ★★★
Thor: Un mundo oscuro (2013): ★★★
Capitan América y el Soldado del Invierno (2014): ★★★1/2
Guardianes de la Galaxia (2014): ★★★★
Avengers: Era de Ultrón (2015): ★★
Ant Man: El hombre hormiga (2015): ★★★1/2

Fase Tres (2016-2019)

Doctor Strange Hechicero supremo
Doctor Strange: Hechicero supremo

Los hermanos Anthony y Joe Russo regresaron para la otra secuela del Capitán América, aunque su participación tiene menos sentido aquí que en la película anterior. Más que continuar con los elementos de espionaje, Capitán América: Guerra Civil, estrenada en abril de 2016, actúa como la parte 2.5 de The Avengers. La trama pone a prueba la lealtad de Steve Rogers entre Tony Stark y su mejor amigo Bucky Barnes e invoca el dilema moral de si los Vengadores deben subordinarse a los corruptibles gobiernos del mundo o seguir peleando sin rendir cuentas a nadie. No es una pregunta fácil, pero tampoco una que la película está muy interesada en explorar de verdad; es más que nada una excusa para poner a pelear entre sí al crecido elenco, que ahora incluye a Pantera Negra y su propia versión de Spider-Man, y sus dispares poderes. La batalla en el aeropuerto de Leipzig, Alemania es en teoría emocionante, pero los Russo y Trent Opaloch le roban parte del espectáculo en busca del realismo superficial. El resultado es la película más gris de una franquicia de por sí bastante gris.

Octubre de ese mismo año vio el estreno de Doctor Strange: Hechicero supremo. La película de Scott Derrickson tiene algunas ideas visuales interesantes y secuencias de acción creativas aun si parecen tomadas directamente de películas más interesantes como Inception de Christopher Nolan, 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick y Enter the Void de Gaspar Noé. Stephen Strange, un cirujano estrella que se convierte en el portador de poderes místicos mientras busca la sanación de sus manos dañadas en un accidente, es un egocéntrico incorregible y Cumberbatch lo interpreta cabalmente. No obstante su evolución nunca es tan interesante o envolvente como la de Tony Stark, con la que guarda muchas similitudes. Mundos caleidoscópicos y psicodélicos pierden parte de su atractivo por los encuadres algo indiferentes, pero el final hace un algo ingenioso juego con la manipulación del tiempo y el villano de Mads Mikkelsen tiene un divertido gag que involucra el título profesional de Strange.

Guardianes de la Galaxia Vol 2
Guardianes de la galaxia Vol. 2

El primer año con tres películas de Marvel empezó fuerte con Guardianes de la Galaxia Vol. 2. La secuela, estrenada en abril de 2017, es un fuerte argumento de por qué James Gunn es el único director que ha sabido entender el potencial y sentido del universo de Marvel. Mundos coloridos y una narrativa emotiva y funcional son algo que las películas de Marvel frecuentemente prometen pero rara vez entregan tan bien como aquí. Aunque la trama gira alrededor de Peter Quill reconectando con su padre, cada miembro de su amplio elenco añade algo a una bien articulada historia sobre cómo nos reconciliamos con nuestros traumas pasados, nuestras complicadas familias y nos apoyamos en los que nos rodean y están ahí para nosotros. Guardianes de la Galaxia Vol. 2 no se toma con la mortal seriedad e importancia de otras entregas, pero su sentido del humor, aunque irreverente, nunca es irónico ni le quita a sus emociones tanto como los chascarrillos de Iron Man.

Julio de ese año vio la llegada de la primera película en solitario del Spider-Man del MCU. Spider-Man: De regreso a casa de Jon Watts tuvo que cargar altas expectativas ya que éste era el único personaje (salvo Hulk), que había sido adaptado previamente, primero en la exitosa trilogía de Sam Raimi con Tobey Maguire (Spider-Man 2 siendo en mi opinión el pináculo de las películas de superhéroes) y posteriormente con las dos películas de Marc Webb con Andrew Garfield. De regreso a casa solo fue posible después de una prolongada negociación. Amy Pascal produjo al lado de Feige y Sony Pictures se encargó de la distribución. La película tiene bastante a su favor: en Tom Holland encuentra un actor que brilla como Peter Parker y como Spider-Man, un elenco secundario igual de simpático y talentoso (y que refleja con mayor fidelidad la diversidad de una ciudad como Nueva York), así como una entretenida dinámica tomada de las películas sobre el bachillerato. Pero el fundamento de la película es finalmente hueco, una traición al atractivo de clase trabajadora del superhéroe. Las palabras “amistoso Spider-Man del vecindario” pierden potencia cuando la trama gira alrededor de Peter Parker tratando de ganarse la aprobación del multimillonario Tony Stark. La decisión hace poco sentido narrativo pero sí financiero: siendo Iron Man uno de los personajes más redituables de la cultura pop, Sony parece querer sacarle el mayor provecho posible, a expensas de quien la película se debería de tratar.

Pantera Negra
Pantera Negra

Thor: Ragnarok llegó en noviembre con un guion bien construido que usa el reino de Asgard para abordar las dos caras del colonialismo: el mundo natal de Thor es al mismo tiempo la potencia imperial construida sobre una violenta conquista y el pueblo desplazado que trata de aferrarse a su identidad. El sentido del humor del director Taika Waititi mayormente aterriza (el cameo de Doctor Strange contiene el momento que más me ha hecho reír en una película de Marvel). Fotografiada por Javier Aguirresarobe, Ragnarok tiene varias composiciones llamativas y tomas de efectos visuales que honran el poder visual de las páginas de un comic, mientras que la partitura de Mark Mothersbaugh, electrónica y pulsante, le da un sabor característico. Pero la colorización grisácea le roba el esplendor a sus extraños y coloridos mundos, todo en nombre de la uniformidad con el resto del universo de Marvel.

Un enfoque similar permea y finalmente arrastra hacia abajo a Pantera Negra, estrenada en febrero de 2018. El director Ryan Coogler y Joe Robert Cole entregan un guion de enorme potencial dramático en el que T’Challa, el titular superhéroe y rey de la tecnológicamente avanzada nación africana de Wakanda, se enfrenta a un poderoso y furioso villano que pone a prueba todo lo que representa. El diseño de Wakanda es una joya, lo mismo la partitura de Ludwig Goransson. Chadwick Boseman por supuesto merece mención; su interpretación se vuelve mucho más impresionante y triste considerando que en ese momento estaba enfrentando el cáncer que llevaría a su trágica muerte. Pantera Negra es fácilmente una de las mejores películas que Marvel ha producido, pero se queda corta de la grandeza porque la visión de su director luce comprometida por las rígidas obligaciones de la franquicia. Las secuencias de acción, entrecortadas de manera caótica (uno no pensaría que se trata del mismo director de Creed: Corazón de campeón), y su clímax saturado de efectos visuales no le hacen justicia al cuidado e intención de sus demás partes.

De Avengers: Infinity War, estrenada en abril de 2018, merece destacar su talento para malabarear a tantos personajes y avanzar con propulsión, pero esto no quita el hecho de que su historia es prácticamente inexistente; dos horas y media de colocar las piezas para lo que sería Avengers: Endgame. Unir tantas franquicias dispares presenta un problema: las caracterizaciones de los Guardianes de la Galaxia, en su intento de replicar los chascarrillos y emociones que Gunn cuidadosamente construyó, se sienten huecas y simplistas. Todo lo que tiene que ver con Gamora, particularmente su nada característico apego a Peter Quill, es un desastre. El estilo que los Russo impusieron a El soldado de invierno se sentía fuera de lugar en Civil War, pero aquí, ante personajes con poderes más cósmicos, con un universo más vasto y espectacular, sus intentos de trabajo de cámara realista (lentes largos en constante movimiento) no aterrizan porque sus mundos pocas veces se sienten auténticos.

Avengers Endgame
Avengers: Endgame

No hay mucho que decir sobre Ant-Man and the Wasp que no se haya dicho sobre su predecesor. Las conexiones con entregas previas (la trama empieza con Ant-Man en arresto domiciliario por lo ocurrido en Capitán América: Guerra Civil) se sienten innecesarias; fuera de eso la película le saca bastante provecho a su nutrido elenco de personajes secundarios (Michael Peña se roba la película), y la cómica persecución por las calles de San Francisco es lo más parecido que Marvel haría a encantadora La chica terremoto de Peter Bogdanovich. La trama no tiene un villano de verdad y tampoco mucho en juego, un muy deliberado contraste al deprimente final abierto de Infinity War.

Capitana Marvel, dirigida por Anna Boden y Ryan Fleck y estrenada en febrero de 2019, tiene algo potencialmente feminista. Es después de todo la historia de una mujer comprendiendo sus traumas pasados, al mismo tiempo que se enfrenta a un hombre que manipula su sentido de la realidad. Pero nunca desarrolla una personalidad propia (no, poner rock noventero en el soundtrack no cuenta como personalidad) y la trama se desenvuelve de forma obligada. Se puede entender el razonamiento detrás de la actuación de Brie Larson, emulando la afectación cínica e inexpresiva de los personajes femeninos de los noventa, pero el resultado es una expresión aburrida que no parece emanar naturalmente de su personaje.

Cerrando la saga de las Gemas del Infinito, abril de ese mismo año vio la llegada de Avengers: Endgame, la cual comparte muchos de los pecados de su predecesor inmediato (la gris paleta de colores, su casual desprecio por sus personajes femeninos) pero es en general una película mucho mejor. Su narrativa se toma su tiempo: la primera parte crea una plausible sensación de pérdida y abandono, poco a poco poniendo las piezas en su lugar para un final que es casi una hora de acción ininterrumpida en la que casi todos los beats emotivos y cómicos aterrizan exitosamente. Aun cuando tantos de estos son referencias a películas pasadas, el resultado se siente como una experiencia completa, con un final sobrio y melancólico.

Aunque no en el mismo nivel, Spider-Man: Lejos de casa de ese julio es también una mejora sobre la última aventura en solitario de este Spider-Man. Recicla el conflicto de Spider-Man 2 de Sam Raimi, el equilibrio entre la vida normal y las responsabilidades del superhéroe, aunque lo diluye en un sentido del humor trivial que más que nada le quita peso emocional. Los elementos de comedia adolescente funcionan de maravilla gracias al elenco de compañeros de escuela y profesores de Peter Parker. Jake Gyllenhaal es una excelente elección de villano, aunque la película no decide si quiere convertirlo en un serio anti-Tony Stark o en una egocéntrica caricatura que grita y gesticula salvajemente. Pero el mayor obstáculo es la contradicción al centro de ella: Spider-Man como el modesto defensor de su barrio neoyorquino y el heredero espiritual de un omnipotente milmillonario.

Capitán América: Guerra Civil (2016): ★★1/2
Doctor Strange: Hechicero supremo (2016): ★★★
Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017): ★★★★
Spider-Man: De regreso a casa (2017): ★★1/2
Thor: Ragnarok (2017): ★★★
Pantera Negra (2018): ★★★1/2
Avengers: Infinity War (2018): ★★1/2
Ant Man & the Wasp (2018): ★★★1/2
Capitana Marvel (2019): ★★1/2
Avengers: Endgame (2019): ★★★1/2
Spider Man: Lejos de casa (2019): ★★★

Black Widow
Black Widow

El momento de mayor tensión entre el Universo Cinematográfico de Marvel y la vieja guardia de Hollywood ocurrió quizá en octubre de 2019 cuando, en una entrevista para la revista Empire, Martin Scorsese hizo el comentario de que las películas de Marvel no eran “cine”. Aunque lo que más preocupaba al director era su agresivo modelo de negocios que desplaza a otros tipos de cine de espacio en las carteleras, la discusión rápidamente se volvió tóxica.

Cualquier discusión saludable sobre el MCU y su rol en la cultura cinematográfica actual tiene que tomar en cuenta su rol en la maquinaria de la industria, no solo sus méritos individuales como entretenimiento. Las películas de Marvel ofrecen sus propios placeres y su realización claramente involucra el trabajo y coordinación de personas de enorme talento. Al mismo tiempo, el éxito de un proyecto de esta envergadura solo tiene sentido por su capacidad de entregar un producto consistente y con limitadas sorpresas. Cada entrega del MCU cuenta con una esperada mezcla de humor acción, al mismo tiempo que teje distintos elementos para una historia que continúa más adelante, cada una funcionando como un episodio en una serie de televisión o un número más de un comic.

Aunque ha habido historias de fricción detrás de escenas, la durabilidad del MCU puede explicarse porque la alineación entre la visión de Kevin Feige y la de Disney: un suministro constante y frecuente de productos que se caracterizan por su uniformidad, pero suficientemente diferenciados para apelar a distintos gustos. El resultado es una serie de veintitrés películas (y contando) en la que ninguna es extraordinariamente mala, pero tampoco un verdadero triunfo creativo individual.

Con su dominio creciente de la taquilla mundial, empezó una creciente estrategia de diversificación, poniendo las riendas de sus proyectos en cineastas menos establecidos y de diferentes trasfondos. Aunque las entregas de las Fases Dos y Tres emulaban otros géneros cinematográficos y se sentían más cómodas incorporando las densas mitologías de los cómics, esto no necesariamente se tradujo en películas menos convencionales, sino todo lo contrario; el razonamiento corporativo parecía ser que directores menos experimentados serían más maleables ante la maquinaria.

Capitán América: Guerra civil, Thor: Ragnarok, Pantera Negra y Capitana Marvel abordaron temas políticos y sociales y tomaron el manto de causas progresistas de manera superficial. El resultado fueron películas que redujeron la crítica a la política extranjera de Estados Unidos, el anti-colonialismo, la liberación negra y el feminismo a cómodos elementos estéticos y fácilmente comercializables. Estaban limitadas por las convenciones de su propio género y sus obligaciones financieras. Sus mejores entregas, la primera del Capitán América y las dos de los Guardianes de la Galaxia han sido aquellas en las que sus directores se han logrado subordinar efectivamente al proyecto del universo compartido. Fueron excelentes películas de superhéroes y punto.

El bombardeo de películas de Marvel no da señales de parar a pesar de que Avengers: Endgame tenía la sensación de un cierre definitivo. Tan solo cuatro películas de Marvel están programadas para estrenarse en 2021 (aunque dos de ellas estaban contempladas originalmente para 2020 y fueron retrasadas por la pandemia). Hay mucho talento, tanto fresco como establecido, involucrado en las próximas fases: de la reciente ganadora del Oscar Chloé Zhao a Sam Raimi haciendo su regreso al cine de superhéroes. Al mismo tiempo, la línea de ensamblaje parece ser más grande que cualquier director individual. Que sus visiones particulares se impongan sobre el mandato comercial del universo es deseable, pero poco probable.