El satánico Dr. No (Terence Young, 1964)

Pareciera increíble, pero las películas de James Bond han existido ya por casi sesenta años. Veinticuatro películas después (más dos entregas no “oficiales”, que mencionaré más adelante), la franquicia no da señales de detenerse. Sin tiempo para morir, su entrega más reciente, estaba programada para este abril, antes de que la emergencia sanitaria por COVID-19 retrasara su estreno hasta noviembre.

Bond, un espía del MI6 británico, es la creación de Ian Fleming, un autor inglés que nació en 1908 en el seno de una familia adinerada y se formó en escuelas privadas, incluyendo el prestigioso internado de Eton. Durante la Segunda Guerra Mundial, Fleming trabajó dentro de la División de Inteligencia Naval de Gran Bretaña. Sus experiencias militares sirvieron como base para Casino Royale, la primera aventura literaria de su icónico personaje, publicada en 1952. Casino Royale fue un éxito instantáneo y Fleming terminaría escribiendo doce novelas y dos libros de historias cortas antes de su muerte en 1964.

Las historias de Fleming fueron algo oportunas en cierta forma, pero también anticuadas en muchas otras. Las tramas de espionaje, que involucraban a Bond enfrentándose frente a frente con el brazo de inteligencia ruso ciertamente aprovecharon el miedo que se vivía durante la Guerra Fría. Por otra parte, el personaje demostraba una férrea resistencia a un mundo cambiante. Actitudes misóginas, homofóbicas y racistas eran más que evidentes en la escritura de Fleming. Para lectores conservadores, ofrecían un escape de la segunda ola del feminismo y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Las aventuras de Bond, frecuentemente ambientadas en viejas colonias británicas, reflejaban también una nostalgia por su decadente poderío imperial.

James Bond fue desde el principio una figura estereotípica de masculinidad. No obstante, a medida que la serie se volvería más vieja, su atractivo descansaría cada vez más en sus elementos retro, como la alternativa madura y refinada a blockbusters de Hollywood dirigidos a un público adolescente. Bond es un producto de su tiempo, o más bien de sus distintos tiempos. La única constante en su variada filmografía ha sido su necesidad de mantenerse relevante en un mundo cuya geopolítica, relaciones de género y gustos en el cine de acción cambian constantemente. Sus intentos no siempre fueron exitosos, pero nos dicen mucho del mundo y el cine, de los sesentas hasta la fecha.

A lo largo de las próximas dos semanas y en preparación para el estreno de Sin tiempo para morir, estaré haciendo una retrospectiva de las 24 películas de James Bond realizadas por Eon Productions (consideradas como las entregas oficiales), haciendo una breve reseña de cada una y hablando de que sucedía detrás de escenas y en el resto del mundo.

(Nota: para ser congruente con el estilo de este sitio, estaré utilizando el año de estreno en México de cada película).


La época de oro (1964-1968)

Desde Rusia con amor

En un principio, Fleming vendió los derechos de Casino Royale a la CBS para una adaptación televisiva, y los del resto de sus novelas e historias al productor canadiense Harry Saltzman. Saltzman se unió con el productor estadounidense Albert Broccoli, quien estaba interesado en llevarlas a la pantalla grande. Con el financiamiento del estudio United Artists, los dos produjeron El satánico Dr. No.

El satánico Dr. No no es un thriller particularmente animado. Bond, interpretado por un actor emergente llamado Sean Connery, viaja a Jamaica, donde descubre los planes del doctor No (Joseph Wiseman), un científico criminal que busca sabotear un lanzamiento espacial de Estados Unidos. No hay mucho en cuanto a acción y emoción; la película se enfoca más en la minucia de la labor de detective (hay una escena dedicada a Bond colocando un cabello en la puerta de su habitación de hotel para detectar intrusos) y las preciosas locaciones jamaiquinas. No obstante, es algo impresionante que tantos de los elementos característicos de la serie estuvieran ahí desde el principio. Connery es carismático y peligroso, el tema musical de Monty Norman le añade tensión y clase a cada escena en la que aparece, el editor Peter Hunt le añade energía y brío a la poca acción que hay, mientras que el ingenio del diseñador de producción Ken Adam, se nota a pesar del reducido presupuesto. El director Terence Young arma estas piezas con una elegancia que la serie trataría de imitar, no siempre con éxito.

Desde Rusia con amor, estrenada apenas un año después, sigue siendo una historia de espías bastante básica, aunque con más elementos en juego. El Bond de Connery es enviado a Estanbul para ayudar a la asistente del cónsul Tatiana Romanova (Daniela Bianchi) a desertar de la Unión Soviética, no sabiendo que ella está siendo manipulada por la organización criminal SPECTRE. La acción es más grande y mejor: una pelea en un asentamiento gitano cuenta con impresionantes acrobacias y las persecuciones en bote y helicóptero cerca del final integran un vivaz clímax. La mejor, no obstante, es una pelea mano a mano en el Expreso de Oriente entre Bond y Donald Grant (Robert Shaw), un agente de SPECTRE que intimida solo con su presencia. Vale la pena mencionar que la película es uno de los últimos papeles del icónico actor mexicano Pedro Armendáriz, quien completó sus escenas a pesar del cáncer terminal que lo llevó a quitarse la vida en 1963.

Desde Rusia con amor permite imaginar un universo paralelo en el que Bond se trata más de lealtades dudosas e intriga en lugar de gadgets y explosiones. Su continuación, 007 contra Goldfinger, fue el momento en que Bond se convirtió en el Bond que conocemos, para bien o para mal. Es una película icónica, pero también un retroceso. Los insuperables sets de Ken Adam, la secuencia del láser a la entrepierna y Shirley Eaton bañada en oro no compensan una trama que fluye sin suspenso o emoción. Uno escucha el tema de Shirley Bassey y espera grandes cosas, no dos horas de Bond siendo superado constantemente por un villano egocéntrico que hace trampa en el gin rummy.

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Operación trueno

La preproducción de la siguiente película, Operación trueno, se enfrentó a ciertos problemas. Broccoli y Saltzman tuvieron que ceder el crédito de productor y los derechos de ciertos personajes a Kevin McClory, uno de los guionistas que originalmente desarrolló la historia al lado de Fleming.

El satánico Dr. No y Desde Rusia con amor fueron éxitos moderados, pero 007 contra Goldfinger fue todo un fenómeno. Operación trueno continuó la tendencia de que cada aventura fuera más grande que la anterior, pero Terence Young, quien regresó por última vez a la serie, ayudó a frenar sus peores excesos. Ni siquiera Bond volando en un jetpack se siente demasiado. Como director, Young siempre tuvo un tacto para que estas películas lucieran, si no realistas, por los menos congruentes con su propio universo. Quizá era su paciencia desenmarañar sus tramas, o su enfoque en Bond como símbolo de elegancia y no sólo héroe de acción.

El planteamiento es simple pero el elenco secundario lo aviva. Emilio Largo (Adolfo Celi) es menos memorable pero más formidable como villano que el Goldfinger de la película anterior, mientras que Claudine Auger y Luciana Paluzzi llenan efectivamente los roles de la inocente y la femme fatale. A Connery por su parte, en su cuarta película, claramente dejó de importarle la serie. A medida que la película pasa de la intriga detectivesca a las lentas peleas submarinas entre dos anónimos ejércitos de buzos es fácil entender porqué.

La ausencia de Young se hace notar en su sucesor, 007: Sólo se vive dos veces, la película de Bond más ridícula hasta ese momento (sin contar la parodia de 1967 producida por Charles K. Feldman y protagonizada por David Niven, Casino Royale). La intriga es inexistente en el guion, a cargo del celebrado autor y amigo cercano de Fleming, Roald Dahl. Bond viaja a Japón, donde encuentra distintas caricaturas racistas, atracciones turísticas y otros artilugios. Si en Operación trueno, Connery parecía aburrido, su hostilidad hacia el papel aquí es más que evidente. La incorporación de cohetes espaciales a la trama da lugar a algunos efectos ópticos de dudosa calidad, pero también a la monumental guarida volcánica del villano, que Broccoli y Saltzman hicieron construir a escala real en los estudios de Pinewood en Inglaterra. Eso y la actuación de Donald Pleasence como el líder de SPECTRE Ernst Stavro Blofeld son lo único rescatable.

El satánico Dr. No (1964): ★★★
Desde Rusia con Amor (1965): ★★★★
007 contra Goldfinger (1966): ★★★
Operación trueno (1967): ★★★
007: Sólo se vive dos veces (1968): ★★1/2

Vivir dos veces (1970-1979)

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Al servicio secreto de Su Majestad

Broccoli y Saltzman finalmente remplazaron a Connery para Al servicio secreto de Su Majestad, y dieron otro salto con su elección para ocupar la silla del director. El resultado es una colorida y extravagante aventura en la que Ernst Stavro Blofeld (Telly Savalas) extorsiona al mundo diseminando un virus a través de mujeres hipnotizadas, pero también un tierno y (relativamente) maduro romance. George Lazenby no tiene el carisma que Connery alguna vez tuvo (aunque para este punto en la franquicia, Connery tampoco), pero entrega un Bond vulnerable, creíblemente enamorado de la condesa Tracy di Vicenzo (Diana Rigg), la mujer Bond más carismática y compleja del siglo XX. Peter Hunt, editor y director de segunda unidad en entregas anteriores, hace su confiada ópera prima aquí. El mismo Steven Soderbergh ha elogiado su trabajo con comparación a la Nueva Ola Francesa y Sergei Eisenstein: la acción se vuelve abstracta a ratos, pura ferocidad, pero sin perder la claridad necesaria para funcionar.

Lamentablemente, el público en general  no respondió de manera positiva al nuevo Bond. Al servicio secreto de Su Majestad no fue un éxito y para su continuación, Broccoli y Saltzman decidieron no correr ningún riesgo. Connery regresó por un salario millonario, acompañado de Guy Hamilton, el director de 007 contra Goldfinger, y el diseñador de producción Ken Adam. El resultado fue Los diamantes son eternos, un comercial turístico para Las Vegas y una de las entregas más estúpidas de la serie, con todo y un láser espacial y dos caricaturas homofóbicas como secuaces. Es no obstante más disfrutable que Sólo se vive dos veces, en parte porque acepta su ridiculez de manera mucho más entusiasta. Las risas incrédulas provocadas por la persecución por el desierto en un carrito lunar y los “clones” del villano Blofeld (Charles Gray) avivan esta insípida empresa.

Hamilton regresó para dirigir 007: Vive y deja morir y después 007: El hombre del revólver de oro. Connery, por su parte, juro que “nunca jamás” volvería a interpretar al personaje. Roger Moore los remplazó, con resultados inicialmente mediocres. Si bien el actor hace su mejor esfuerzo para mantenerse cínico e impasible, sus líneas se sienten algo tiesas y es evidente que su caracterización no había quedado clara. Por si fuera poco, ambas películas lo rodearon de insultantes coestelares femeninas que no servían otro propósito que ponerse en peligro con su propia estupidez.

007 El hombre del revolver de oro
007: El hombre del revólver de oro

Algo que se volvería evidente a partir de Vive y deja morir y que seguiría a la serie por el resto de su historia es su tendencia a imitar los géneros de acción que eran populares en el momento. Vive y deja morir hace esto con el cine blaxploitation, una decisión mal aconsejada por más de una razón. El enfrentar a Bond, un hombre blanco inglés, contra una serie de villanos negros, no luce nada bien desde un punto de vista actual. Pero el usar como referencia a un género que se caracteriza por su bajo presupuesto también le roba la extravagante ridiculez que hace que las peores entregas resulten por lo menos soportables. Bond no hace mucho más que vagar por Nueva York, Nueva Orleans y una isla ficticia en el Caribe para frustrar los planes de un narcotraficante. Su gran secuencia de acción es una persecución en botes de alta velocidad por los pantanos de Luisiana, pero ésta se alarga tanto que se torna aburrida. Sobra decir que una película como ésta no merece el icónico tema homónimo de Paul McCartney.

Para El hombre del revólver de oro, Roger Moore se siente un tanto más cómodo en el papel. Se nota que Operación dragón de Bruce Lee se estrenó un año antes, pues la película traslada su acción al sureste de Asia e incorpora artes marciales de la manera más torpe posible. Pero le ayudan un villano y secuaz memorables: el rico asesino a sueldo Francisco Scaramanga (Christopher Lee) y Nick Nack (Hervé Villechaize). Momentos de ridiculez inspirada cómo la casa de espantos del millonario sicario Scaramanga, una increíble acrobacia automotriz arruinada por un sonido de caricatura y el genial diseño de producción en la base del villano la hacen más digerible que su predecesor, mientras que la Andrea Anders de Maud Adams hace de una fría y vulnerable contrapeso a la incompetente Mary Goodnight de Britt Ekland.

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007: La espía que me amó

Después de El hombre del revólver de oro, la colaboración entre Broccoli y Saltzman se agotó. Saltzman vendió su participación en la franquicia y Broccoli quedó a cargo de la siguiente de la película, que sería la más grande hasta ese momento. La espía que me amó viajó entre locaciones reales de Italia y Egipto, y exigió la construcción de un masivo estudio nuevo en Pinewood para albergar la base del villano (que el mismo Stanley Kubrick ayudó a iluminar).

Fue un riesgo, considerando que su predecesor no fue precisamente un éxito en la taquilla, pero fue uno que rindió frutos. La película tiene sus momentos de ridiculez, pero Lewis Gilbert, quien previamente había hecho las racistas aventuras de Bond en Japón, logra anclarla en algo parecido a la realidad. Desde el momento en que Bond salta en paracaídas de un acantilado en los Alpes Suizos (un momento dotado de enorme tensión y majestuosidad), La espía que me amó es una espectacular y emocionante aventura en parte porque Moore finalmente se asienta en el rol de un Bond más elegante y dulce que el de Connery. Las películas de Bond siempre se benefician cuando la coestelar femenina es tan capaz como Bond; éste es el caso de Barbara Bach como la espía rusa XXX.

Los créditos de La espía que me amó anunciaban el regreso de Bond en Sólo para tus ojos. Ese era el plan, antes que el éxito de una pequeña película llamada La guerra de las galaxias llevara a Broccoli a darle un nuevo giro a la próxima aventura de Bond. Lewis Gilbert regresa para reciclar la trama de Sólo se vive dos veces y La espía que me amó en el espacio. Ridiculizada por mucho tiempo por su absurdo viraje a la ciencia ficción, 007: Misión espacial es no obstante una generosa y monumental pieza de entretenimiento, presumiendo locaciones en Brasil y Venecia y algunos de los más preciosos y masivos sets de Ken Adam. La película se mueve con sentido del humor y alegría de una pieza de acción a otra; una anécdota representativa de su espíritu es Gilbert decidiendo convertir al villano secundario Jaws (Richard Kiel) en uno de los buenos después de recibir numerosas cartas del público infantil. ¿Cómo odiar a una película tan empeñada en hacer felices a los niños?

Al servicio secreto de Su Majestad (1970): ★★★★
Los diamantes son eternos (1972): ★★1/2
007: Vive y deja morir (1973): ★★
007: El hombre del revólver de oro (1974): ★★1/2
007: La espía que me amó (1977): ★★★1/2
007: Misión espacial (1979): ★★★

El ocaso de un espía (1981-1989)

007 Solo para tus ojos
007: Sólo para tus ojos

Como Peter Hunt, John Glen fue ascendido entre películas de editor a director de segunda unidad y finalmente a director. A diferencia de Hunt, Glen parece haberse ganado el puesto por mera competencia y no porque tenía algo que contribuir creativamente. Glen dirigió las cinco películas de Bond estrenadas durante los ochentas, quizá la corrida más formulaica de toda la serie. Su primera entrega parece haber sido concebida como un antídoto directo a las extravagancias de Misión espacial, con la intención de demostrar que el Bond de Roger Moore también puede ser serio. Más o menos.

007: Sólo para tus ojos es definitivamente la entrega más dulce y romántica del actor, con una trama que toma elementos de Desde Rusia con amor y una tenaz y memorable coestelar en Carole Bouquet (aun sí la actriz era por lo menos veinte años menor que Moore). Pero también una película que trata de quedarse con el pastel y comérselo también. La trama, mas contenida y con elementos de espionaje tradicional, choca con la comedia física que venía caracterizando la era de Moore. Es la tercera película en utilizar una secuencia de esquíes y, aunque coordinación de stunts es increíble como siempre, el segmento en la villa de Cortina se siente eterno. El clímax, en el que Bond escala el lado de una montaña, es sin embargo uno de los momentos de suspenso mejor logrados de toda la serie.

1983 fue el año de los dos Bonds. Kevin McClory, dueño parcial de los derechos de Bond por su participación en la novela que se convirtió en Operación trueno, llevaba tiempo queriendo hacer su propia serie que compitiera con la de Broccoli. Sus planes se hicieron realidad en 1983, con nadie menos que Sean Connery regresando para interpretar al personaje en Nunca digas nunca jamás. Roger Moore, quien ese año cumpliría 53 años, regresó para evitar que Connery opacara a un actor nuevo.

007: Octopussy contra las chicas mortales le ganó a Nunca digas nunca jamás en fecha de estreno y también en la taquilla, pero no necesariamente en calidad. Es quizá la mejor mala película de Bond: una trama enredada que gira alrededor de huevos Fabergé falsificados, y donde Bond utiliza un submarino en forma de cocodrilo y después se viste de payaso para desactivar una bomba nuclear. Es desvergonzadamente boba, pero el tono es mucho más uniforme que el de Sólo para tus ojos. Le ayudan que el personaje de Octopussy (Maud Adams, quien interpretó antes a Andrea Anders en El hombre del revólver de oro), una mujer rica que entrena a su propio ejército de mujeres desde su isla privada, es de los pocos que puede ponerse al nivel de Bond. También sus audaces stunts: una pelea sobre un tren y una sobre un avión. Octopussy es divertida a ratos, pero también se alarga bastante y la edad de Moore se vuelve una distracción.

007 Su nombre es peligro
007: Su nombre es peligro

Si Octopussy es vergonzosa, 007: En la mira de los asesinos es solo deprimente. Más que cualquier otra entrega, la trama parece armada de ideas rechazadas (un terremoto artificial, un villano con un dirigible), ensambladas por un algoritmo. Christopher Walken, quien nació para interpretar a un villano psicópata, y la presencia en pantalla única de Grace Jones son lo único que justifican su existencia. Pero la película pasa menos tiempo con ellos que con un Moore demasiado mayor y una chillona Tanya Roberts, cuyos gritos desesperados de “¡James!” parecen más numerosos que sus diálogos regulares.

Un cambio era necesario y un cambio fue precisamente lo que prometió la llegada de Timothy Dalton. Su interpretación de Bond es infravalorada: tosca como el original de Fleming, pero con una dulzura latente que ningún actor, salvo Lazenby a ratos, había mostrado antes ni mostraría después. 007: Su nombre es peligro, su primera aventura, arrastra algunos sellos cómicos de la era de Moore (el carro lleno de gadgets, el escape en el estuche de un violonchelo) y la acción no es nada extraordinario (la pelea colgando de un avión se siente como un refrito del final de Octopussy). Kara Milovy (Maryam d’Abo), una joven que Bond utiliza para acercarse a un general soviético corrupto, entra en la categoría de damisela en aprietos, pero al verse involucrada contra su voluntad en una peligrosa red de intriga, la película también puede mostrar a Bond como una figura más romántica y reconfortante.

La segunda y última película de Dalton como Bond, 007: Con licencia para matar es una aventura sólida que empieza como Miami Vice y termina como Mad Max 2: El guerrero de la carretera. El narcotraficante Franz Sanchez (Robert Davi) no es de los villanos más memorables, aunque su obsesión con la lealtad y su temperamento le dan más personalidad que el antagonista promedio y uno de sus diálogos («Recuerda que solo eres presidente… vitalicio») existe en el límite perfecto entre cursi e ingenioso. Bond es acompañado por dos capaces mujeres: la angelical y astuta Lupe Lamora (Talisa Soto) y la asertiva y contenciosa Pam Bouvier (Carey Lowell, deslumbrante con su look andrógino). La acción es decente, aunque el clímax se siente acartonado y de ritmo torpe, y el mayor contenido de violencia desentona en momentos.

007: Sólo para tus ojos (1981): ★★★
007: Octopussy contra las chicas mortales (1983): ★★1/2
007: En la mira de los asesinos (1985): ★★
007: Su nombre es peligro (1987): ★★★1/2
007: Con licencia para matar (1989): ★★★

El descongelamiento (1995-2002)

007 Goldeneye
007: Goldeneye

Con licencia para matar fue un fracaso comercial menor y los planes de una tercera película con Dalton nunca se concretaron. Tuvieron que pasar seis años para que Bond pudiera regresar a la pantalla grande. La venta en 1990 de United Artists y su empresa matriz MGM puso los derechos de la serie en un futuro incierto. La Guerra Fría, cuyas historias inspiraron mucho de la franquicia, concluyó con el colapso de la Unión Soviética. Broccoli había cumplido los ochenta años de edad y se encontraba débil de salud, por lo que la primera película de Bond de los noventa quedó a cargo de sus dos hijos Barbara Broccoli y Michael G. Wilson.

En manos de los dos quedaría la tarea de adaptar el personaje a tiempos modernos, lo que implicaría un cambio de enfoque y de personal frente y detrás de cámaras. El actor irlandés Pierce Brosnan suplió a Dalton. Desde El satánico Dr. No, Broccoli había cultivado un estable equipo creativo que incluía al guionista Richard Maibaum, el compositor John Barry y Maurice Binder, quien diseñó muchas de las secuencias de créditos de apertura. 007: Goldeneye sería musicalizada por Éric Serra, mientras que su creativa y muy freudiana secuencia de créditos estaría a cargo de Daniel Kleinman.

El guion, a cargo de Jeffrey Caine, Bruce Feirstein y Michael France hace un intento de madurar al personaje y por ende la franquicia. Los vestigios de la Unión Soviética le dan un fondo ligeramente melancólico; Bond y el villano tienen una historia en común, que la película utiliza para tratar de indagar un poco en su psicología. Judi Dench como la directora del MI6 introduce una nueva dinámica; por primera vez Bond tiene que responder a las órdenes una mujer. Los diálogos que hacen referencia al lado mujeriego y alcohólico de Bond, son un poco menos exitosas; vacíos guiños a la cuarta pared para justificar los elementos más problemáticos de la serie.

No obstante, Goldeneye sigue siendo una de sus mejores entregas porque el director Martin Campbell, quien hasta entonces contaba solo con un poco destacado trasfondo en comedias eróticas y thrillers, entiende a Bond como ningún director desde Terence Young. No sólo crea elegantes y enormes piezas de acción, también mantiene una mezcla entre lo tenso, romántico y divertido que había eludido a otros.

007 El mundo no basta
007: El mundo no basta

Los mismos elogios no pueden extendérsele a la segunda entrega de Brosnan, una clara respuesta a las películas de Jerry Bruckheimer tan populares entonces. La trama de 007: El mañana nunca muere gira alrededor de un concepto estúpido pero llamativo y su acción es incoherente (El teórico cinematográfico David Bordwell incluso la usó una vez como un ejemplo de cómo no armar una secuencia de acción). Jonathan Pryce, como el megalómano magnate mediático Elliot Carver (Rupert Murdoch por vía de Steve Jobs), se introduce de lleno al territorio de la caricatura, pero por lo menos entretiene. Sin la mano segura de Martin Campbell, Pierce Brosnan se convierte en una copia al carbón de Roger Moore, opacada por Michelle Yeoh como la espía china Wai Lin.

007: El mundo no basta es tanto o más absurda, pero con convicción. La acción es espectacular, particularmente la secuencia en el interior de una base subterránea y el clímax en un submarino nuclear. Denise Richards como la física nuclear Christmas Jones, ha sido blanco de ridículo, pero para los bajos estándares establecidos por los personajes femeninos de la serie, es bastante tolerable. Sophie Marceau, como la primera mujer Bond que también sirve como villano principal, por su parte exuda tanto poder. Michael Apted, mejor conocido por su trabajo en dramas y documentales, mantiene su relación con Bond tensa y plausible.

La vigésima película de James Bond fue diseñada como un homenaje a la historia de la serie. 007: Otro día para morir cumple parcialmente: en poco más de dos horas concentra el equivalente de cuarenta años de estupidez. Una película en la que Bond se enfrenta a un secuaz con diamantes en la cara, maneja un carro invisible, surfea sobre glaciares y tiene que destruir un láser gigante del espacio podría funcionar con el tono adecuado, pero el director Lee Tamahori trata todo con mortal importancia. La película abre con Bond torturado en una prisión de Corea del Norte antes de embarcarse en una muy enojada búsqueda de venganza. Su persecución del éxito de Rápido y furioso conduce a Bond a su nadir: desde la canción de los créditos de Madonna, a los diálogos de doble sentido sin sentido. Rosamund Pike, que podría haber hecho una genial mujer Bond en la era de Craig, es lo más rescatable, aunque su papel tampoco es la gran cosa.

007: Goldeneye (1995): ★★★★
007: El mañana nunca muere (1997): ★★1/2
007: El mundo no basta (1999): ★★★
007: Otro día para morir (2002): ★1/2

Tiempos modernos (2006-2015)

007 Casino Royale
007: Casino Royale

La historia de Estados Unidos, y de Hollywood por extensión, cambió por completo con el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001. El público estadounidense convirtió a las películas de Jason Bourne, una mirada al mundo del espionaje de sabor más crudo y realista, en éxitos de taquilla y en un nuevo punto de referencia para el cine de acción. ¿Cómo respondería Bond a esta nueva era? Para el nuevo milenio, Eon Productions finalmente habían obtenido los derechos de Casino Royale. Tomando también nota de Batman inicia, Barbara Broccoli y Michael G. Wilson adaptaron la primera novela de Bond como su historia de origen y una oportunidad para reiniciar la continuidad de la serie. Casino Royale conserva lo que funcionó de la era de Brosnan: Judi Dench y el compositor David Arnold regresan, así como el director Martin Campbell.

Campbell combina los colores cálidos de las películas de Bond de antaño con una trama más aterrizada y madura. Pero la palabra clave, más que “realismo”, es “plausibilidad”. Daniel Craig interpreta a un Bond tosco e imperfecto, desensibilizado por la naturaleza violenta de su trabajo, pero la película no pierde el elemento de fantasía y entretenimiento que siempre ha caracterizado a la serie. Cada diálogo de Vesper Lynd (Eva Green), el primer amor verdadero de Bond, desinfla la mitología del personaje, pero también es una brillante estocada en un duelo verbal digno de un romance clásico de Hollywood.

Lo que Campbell hizo con Casino Royale restauró bríos y promesa a una serie que desesperadamente lo necesitaba, pero no fue fácil de imitar. 007: Quantum parte de algunas buenas ideas: un Bond sediento de venganza y una mirada cínica a la política exterior de Estados Unidos e Inglaterra (dispuestos a tolerar el plan del villano siempre que puedan quedarse con el petróleo de Bolivia). Con un director que no fuera Marc Forster, quizá habría funcionado. Hay una diferencia entre querer «elevar» un género comercial y deshacerse de todo lo que lo hace funcionar. Su intento de reducir la acción a su elemento más primitivo y visceral resulta condescendiente: ésta no es tratada como parte de la narrativa, sino como golpes de monótona intensidad que tienen que suceder cada cierto tiempo.

007 Spectre
007: Spectre

El estatus de Bond como la alternativa adulta a los demás blockbusters estadounidenses pesa especialmente sobre la tercera entrega de Craig. La primera de dos dirigidas por Sam Mendes, 007: Operación Skyfall está fotografiada preciosamente por Roger Deakins y cuenta con acción bien llevada a cabo, particularmente la persecución en Turquía que abre la película. Pero más que contentarse con ser una película de acción sólida, también trata de ser un comentario sobre lo viejo y lo nuevo, el estado actual de la institución del espionaje y la psicología de Bond. Con iluminaciones en claroscuro y silencios portentosos, se toma con la seriedad de un drama épico. No es tan profunda como quiere ser, quizá porque sigue demasiado enamorada con la idea de él. No es mucho más que la historia de él redescubriendo su propia genialidad. Ha habido películas de Bond aburridas, pero Operación Skyfall es la primera que hace que la idea ser de Bond suene aburrida.

007: Spectre es una ligera mejora, si tan solo porque Mendes por lo menos trata de divertirse un poco. Es una película menos consistente, frustrada por una elección poco creativa de villano principal y un flojo clímax. El romance entre Bond y Madeleine Swann (Léa Seydoux) es poco creíble; la diferencia de edad entre los actores es desconcertante y falta por lo menos un momento que de verdad selle la importancia que ella tiene para él y viceversa. Pero cuando se eleva, se eleva de verdad: Mendes se deleita con un complicado plano secuencia que se siente como un calentamiento para 1917 y dos persecuciones, una en Roma y otra en los Alpes austriacos, que tienen los elementos de la mejor acción de Bond.

007: Casino Royale (2006): ★★★★★
007: Quantum (2008): ★★1/2
007: Operación Skyfall (2012): ★★★
007: Spectre (2015): ★★★

Sin tiempo para morir
Sin tiempo para morir

A lo largo de sus muchas versiones, las películas de James Bond han desechado elementos que no funcionan e incorporado otros nuevos. Conforme la idea de masculinidad se transforma, hay menos lugar para aquello que encarnó en el principio. A esto, las películas han respondido de dos maneras: cambiando su comportamiento para adecuarlo a los tiempos, o llamando atención a sus pecados originales. El Bond que agredía mujeres sin reservas en 007 contra Goldfinger eventualmente dio lugar a uno que reflexionaba o sufría las consecuencias de sus acciones. Bond empezó a cuestionarse un poco, aludiendo al trauma psicológico de su labor, pero tratando de mantener el elemento de fantasía masculina que encarnó desde el principio.

Simultáneamente, sus coprotagonistas femeninas se volvieron más capaces: la frustante incompetencia de las primeras compañeras de Moore cedieron su lugar a figuras de moral complicada como Vesper Lynd de Casino Royale o de feroz venganza como Camille de Quantum. Su rol principal, no obstante, nunca dejó de ser el de interés romántico y símbolo sexual.

Políticamente, Bond nunca dejó de ser un símbolo del estatus quo. Los adversarios políticos cambiaban con el tiempo y lo que aparecía en las noticias, pero Bond siempre estaba al lado de la corona británico y sus países aliados. Aunque la avaricia y la megalomanía eran rastros que siempre distinguían a sus villanos, sus planes de dominio global eran siempre vencidos con la intervención liberal de la decadente potencia imperial británcia. Aunque distintas tramas lo ponían en contraposición directa con sus jefes en el MI6, uno podía contar con que la lealtad de Bond se restaurara al final de la película.

Los resultados inevitablemente han sido encontrados. Es difícil que una pieza de cultura pop se mantenga vigente cuando los valores que abrazó orgullosamente en un principio se vuelven cada vez más obsoletos. Tal vez el mundo ya no necesita a James Bond. Tal vez nunca lo necesitó. Con el paso de los años, su existencia se vuelve cada vez más improbable. Pero como el mismo espía, la serie ha estado más de una vez al borde de la muerte, solo para emerger de manera triunfal. Daniel Craig ha dicho que Sin tiempo para morir será su última entrega, después de catorce años de interpretar al espía. La dirección que tome la serie después de su salida, sea cual sea, promete ser reveladora.