En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver Eternals, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.


(Eternals; Chloé Zhao, 2021)

Chloé Zhao parece una elección extraña para dirigir una película de Marvel, pero tiene un curioso sentido. Sus primeras dos películas, Songs My Brothers Taught Me y The Rider existían en la frontera entre el documental y la ficción, recreando historias reales utilizando como actores a quienes las vivieron originalmente. Nomadland era protagonizada por actores de trayectoria como Frances McDormand y David Strathairn pero los veía interactuar con los personajes originales del libro de no ficción de Jessica Bruder. Aunque Zhao ha cultivado una forma de trabajar característica y se ha convertido en una de las directoras emergentes más destacadas de hoy en día, lo que finalmente hace a una película de Chloé Zhao son la colaboración y un manejo cuidadoso del azar en lugar de una rígida visión preestablecida.

Marvel ha lidiado con cineastas conocidos por este segundo enfoque. Contrástese a Zhao con Edgar Wright por ejemplo, alguien que había mostrado tendencias comerciales desde el inicio de su carrera, pero cuyo control tan preciso de los planos y los cortes lo hicieron una anomalía dentro una maquinaria de estudio cada vez más homogénea y preocupada por las fechas de estreno. En retrospectiva sorprende poco que su versión de Ant-Man: El hombre hormiga nunca se concretara.

Otro aspecto del cine de Zhao es que vale la pena mencionar es que, por sus similitudes con el documental, invita consideraciones éticas parecidas. ¿Cuál es la relación entre el cineasta y sus personajes? ¿Con qué actitud se acercan a aquello que observan? ¿Es una relación horizontal y mutua, basada en el respeto y la equidad? ¿O es una relación vertical y oportunista en la que se toma lo que sirve y se ignora la verdadera humanidad del “otro”? El director, ¿se ve como un igual o como alguien arriba y más allá?

Estos dos temas podrían no parecer relevantes para una película de fantasía espacial como Eternals, pero informan la estética y narrativa del proyecto y repercuten en el sabor de boca que deja al final. Estamos ante una película como ninguna otra que el Universo Cinematográfico de Marvel haya hecho previamente, con todo lo bueno y malo que eso implica. Entregas previas han sido señaladas por apegarse a una fórmula rígida y segura: una mezcla confiable y probada de humor y carisma, narrativas simples y claras y la emulación de los elementos superficiales de otros géneros comerciales. Eternals retiene varios de estos elementos pero en general se siente como una desviación importante. Si la fórmula es una red de seguridad, Eternals es un acróbata que salta sin nada por debajo… y se estampa estrepitosamente contra el suelo. Es un desastre; un fracaso creativo como las películas más flojas de Marvel, pero también de muchas otras formas que le son nuevas a la franquicia.

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El problema empieza con el planteamiento mismo: los Eternos que la protagonizan no son humanos con superpoderes sino seres cósmicos, creados por otro ser cósmico para proteger a la Tierra de un tercer grupo de seres cósmicos. El masivo elenco de la película lo componen Sersi (Gemma Chan), Ikaris (Richard Madden), Thena (Angelina Jolie), Ajak (Salma Hayek), Kingo (Kumail Nanjiani), Sprite (Lia McHugh), Phastos (Brian Tyree Henry), Makkari (Lauren Ridloff), Druig (Barry Keoghan) y Gilgamesh (Don Lee). Ellos han sido enviados a la Tierra por el Celestial Arishem para vencer a los desviantes, depredadores de toda vida inteligente que encuentran. Los Eternos deben proteger a la humanidad de ellos, pero solo de ellos; no pueden intervenir en otras circunstancias.

Eternals ha recibido elogios por la diversidad de su elenco y efectivamente su elenco es diverso. Entre sus protagonistas hay por una mujer de ascendencia hongkonesa, un hombre pakistaní, un hombre negro interpretando a un personaje gay, una mujer afroamericana sorda, un hombre surcoreano y una mujer mexicana. Estos trasfondos no añaden nada a sus personajes, la película parte del supuesto de que mostrar a personas de diferentes razas, sexualidades y capacidades en situaciones heroicas, en un producto hollywoodense con un público garantizado, es en sí mismo un mensaje poderoso. Pero ¿de qué le sirve esta diversidad a una película cuyos cimientos parecen un pensamiento condescendiente y casi colonial? Aunque no citada en su lista de influencias, Eternals recuerda a La misión de Roland Joffé en que es la historia de enviados de autoridad divina que deben salvar a los “primitivos” nativos de problemas que ellos mismos contribuyeron a crear.

Los Eternos son básicamente dioses en la tierra, y los dilemas planteados por la película, si uno ha de darle crédito a sus ambiciones, son en potencia estimulantes. Si dioses como ellos existieran en la realidad, ¿cómo serían? ¿Qué pensarían sobre nosotros? ¿Cómo actuarían? Sí, se les ha confiado la tarea de cuidar de nosotros, pero si deben escoger entre nosotros y su amo, ¿qué terminarían decidiendo? El principio de Eternals es enfático: los Eternos serían turistas ensimismados en sus propios dramas internos; antropólogos inocentes, acercándose a los humanos, sus nobles salvajes, con la certeza de que saben lo que es mejor para nosotros mejor que nosotros mismos. Como los peores documentalistas, atesorarían los momentos que les benefician y darían la espalda a las crisis que no les afectan directamente. En el mejor de los casos seríamos sus mascotas, en el peor, daño colateral y decoraciones remplazables. Y es que si los Eternos existieran de verdad, ¿podrían pensar de otra manera? Nuestras vidas transcurren en un abrir y cerrar de ojos para ellos. Mesopotamia, Babilonia, el Imperio Gupta, Tenochtitlán y Hiroshima son paisajes que visitan en lo que para ellos son instantes. carecemos del poder o la inteligencia que la película les atribuye.

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En el mundo de la película los mitos y la tecnología no son producto del ingenio y capacidad humanos, sino regalos de los Eternos, otorgados a nosotros en el momento en el que ellos consideran que estamos listos para recibirlos. La cronología histórica es un proceso lineal dictado por ellos. La tecnología es símbolo de progreso y superioridad. El problema con Eternals es que esta disyuntiva es presentada, no como una horrorizante anomalía cósmica, sino como una especie de humanismo (una palabra que suena bien pero que ha sido tan utilizada que básicamente ya no significa nada) que se manifiesta solo en los elementos más superficiales.

Eternals es, en ocasiones, visualmente bonita. Siendo que es una película visualmente bonita en el gris y sobrecargado universo de Marvel, hemos de pensar que esto lo hace una mejor película. Aunque el director de fotografía no es Joshua James Richards, con quien Zhao hizo sus tres películas anteriores, sino Ben Davis (en su quinta para la franquicia), Eternals logra una que otra imagen bella y cautivadora. Hay incluso una escena de sexo que es hasta emotiva y tierna. Tiene escenas filmadas en locación y paisajes desérticos y rocosos capturadas en lo que parece luz natural. Las escenas de acción y efectos visuales presumen movimientos de cámara más fluidos y permiten apreciar más los impactos, dándole mayor potencia y escala mítica a los poderes de sus personajes. Hay tomas generadas por computadora que, a diferencia del vómito digital al que Marvel nos ha acostumbrado, juegan con el tamaño y el espacio vacío en lugar de solo saturar la pantalla (sigue habiendo vómito digital, solo que éste se concentra en el clímax de la película). Hemos de sentirnos más en contacto con los paisajes y habitantes de la Tierra, pero el resultado final es solo un tono frío y miserable; la atmósfera de un drama serio, casi contemplativo, sin ideas que la sustenten.

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La realidad es que Eternals es probablemente la película más misantrópica y hueca que el universo de Marvel ha hecho. Las preguntas que se supone plantea deben quedarse en el aire porque son secundarias al interminable progreso de la franquicia. Los Eternos podrán desafiar a Arishem pero no a Kevin Feige. ¿De qué sirve recrear genocidios de la historia si su única repercusión es que sus personajes entonen un dilema que es pronto olvidado? Sus personajes no pueden plantear interrogantes morales que sean verdaderamente complicadas, no pueden ser demasiado radicales en sus acciones porque la prioridad es que nos agraden, que nos emocione verlos cuando salgan en la potencial secuela y en la próxima versión de los Vengadores.

Eternals no solo es una mancha en la filmografía de Zhao; es una película que en retrospectiva vuelve a su carrera peor. La posibilidad de que Zhao piense en los personajes de sus películas previas como los Eternos piensan le quita a uno las ganas de volver a verlas. Uno espera que ese no sea el caso, pero los Eternos encarnan las peores actitudes del cine sobre personajes que existen en los márgenes de la sociedad: una admiración por la humanidad que puede reducirse a una imagen romántica de seres que son vistos como más simples, dignos de atención solo porque los lugares que habitan harían una bonita tarjeta postal. Tal vez la adaptabilidad de Zhao se vuelve en su contra cuando sus colaboradores no son personas del día a día del actual oeste estadounidense, sino un gigante mediático cuyo dominio de la cultura pop mundial no parece satisfacer su hambre. Su trabajo aquí hace a uno pensar que Marvel buscaba apenas lo que sus peores críticos han dicho de ella: una imitación de Terrence Malick sin la paciencia o la profundidad. Eternals es el resultado de una combinación que inevitablemente saca lo peor de ambas partes: en la que la estampa de Zhao se reduce a su componente más superficial y corrupto y la fórmula de Marvel, más que proporcionar un apoyo quizá trillado pero firme, encadenan su potencial creativo y parchan torpemente los huecos que ella misma crea.


★1/2