En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver Matrix Resurrecciones, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.


(The Matrix Resurrections; Lana Wachowski, 2021)

Matrix, escrita y dirigida por Lana y Lilly Wachowski, ha sido vista de muchas maneras diferentes. Cuando se estrenó en 1999 fue un éxito sorpresa celebrado por sus elementos más superficiales: sus innovadores efectos visuales y secuencias de acción, los vestuarios de sus héroes y su temática de las realidades simuladas. Años después, con el ascenso de las comunidades de internet, algunos de sus usuarios más misóginos se apropiaron del término red pill–referencia a una escena en la que Neo, el protagonista interpretado por Keanu Reeves, debe escoger entre dos píldoras de colores, una azul que lo mantendrá dentro de la simulación computarizada en la que vive y una roja que lo despertará a la realidad. En esta perturbación de la metáfora original, uno tomaba la píldora roja cuando reconocía los supuestos peligros del feminismo.

En 2012, después de años de rumores y especulación, Lana Wachowski hizo pública su transición de género. En 2016, Lilly le siguió. El estatus de Matrix como la obra de las dos cineastas transgénero de más alto perfil en Hollywood visibilizó entonces la lectura de la película como una alegoría sobre la experiencia transgénero. Neo, después de todo, se rebela contra una realidad que le es impuesta desde que tiene memoria y uno de sus momentos más potentes y heroicos lo ve reafirmando su nombre verdadero después de que el villano insiste en referirse a él como Thomas Anderson, el nombre que le fue asignado por la Matrix.

Matrix y sus secuelas de 2003, Matrix recargado y Matrix: Revoluciones han significado muchas cosas para mucha gente. Para la nueva secuela Matrix Resurrecciones esto es un problema. La cuarta película en la serie se trata de Lana Wachowski (Lilly no participó activamente en la ella, citando su trabajo para la serie Work in Progress y razones personales, incluyendo el reciente fallecimiento de los padres de ambas) adueñándose de vuelta de la metáfora. Parte importante de su duración se siente como ella burlándose de quienes ven en Matrix solo una cosa: un fenómeno de la taquilla, secuencias de acción asombrosa, un caldo de referencias filosóficas, entre tantas. Y al mismo tiempo es una experiencia de lo menos pretenciosa o egoísta, porque se siente como la obra de alguien revelando el lado más vulnerable de su alma. Es una película profundamente sincera y generosa.

Desde el principio, Resurrecciones toma decisiones que parecen contempladas para desorientar, confundir y hasta hacer enojar a los fans. Empieza exactamente como la película original, con la hacker Trinity siendo perseguida por misteriosos agentes vestidos de traje que la rastrean hasta un edificio donde ella los enfrenta en combate. Pero hay cosas fuera de lugar. La pelea no sigue el camino esperado, cosa que notan Bugs (Jessica Henwick) y Seq (Tony Onwumere), quienes observan los eventos a distancia.

Matrix Resurrecciones_1

Todo esto se trata de una simulación creada por Thomas Anderson (Keanu Reeves), un diseñador de videojuegos reconocido por crear una exitosa trilogía titulada… Matrix. Sus conversaciones con sus socios, sus recuerdos y vistazos al contenido del juego (que utilizan material de las películas anteriores) hacen evidente que ésta es básicamente la historia de las películas creadas por las Wachowski. Thomas Anderson tiene lo que parecen problemas de salud mental. Recientemente trató de saltar de la cima de un rascacielos, pensando que podía caminar milagrosamente sobre el aire; esto y el que la barba y cabello de Keanu Reeves evoquen imágenes típicas de Jesucristo, así como el título Resurrecciones, hacen más obvia una metáfora que parecía bastante clara desde la película original). Su analista (Neil Patrick Harris) le ha ayudado a controlar estas aparentes alucinaciones y mantener cierto control en su vida, pero ahora se encuentra con que su socio empresarial (Jonathan Groff) y su empresa matriz Warner Bros. (el estudio que distribuye Resurrecciones, como hizo con la trilogía original) quiere una secuela a la trilogía de videojuegos y espera que Anderson trabaje en ella.

Más que un hueco guiño a la cuarta pared, esta línea argumental es básicamente la razón de ser de Resurrecciones. Las Wachowski nunca han sido cineastas particularmente sutiles, algo que muchos ven como una debilidad y otros como una fortaleza. Hacen películas grandes y tremendas, fascinadas con ideas grandes y emociones aun más grandes. Esta parte de la película borra la separación entre creadora y creación. Si no está diciendo que Neo es ella, por lo menos está llamando atención a los paralelos en sus respectivas experiencias. Los superficiales comentarios de la órbita social de Thomas Anderson no solo parecen dirigidos a quienes no comprenden su obra de ficción, sugieren a una persona que en general se siente incomprendida por el mundo que la rodea. Poner al personaje de Reeves (y a Lana por extensión) a trabajar en una secuela más de Matrix, es como volver a construir esa realidad simulada diseñada para controlarles.

Thomas Anderson encuentra un rayo de esperanza en Tiffany (Carrie-Anne Moss), una mujer que frecuenta el mismo café que él. Los dos dicen no conocerse, pero de inmediato notan una familiaridad que no pueden explicar. Pero antes de que esto pueda llevar a más, Thomas Anderson es abordado por alguien que dice ser Morfeo (Yahya Abdul-Mateen II), a quien reconoce como un personaje de su videojuego (y el público como el personaje de Laurence Fishburne en las películas originales) planteándole una elección bastante familiar: una píldora azul que dejará que todo siga como está o una píldora roja que lo despertará a la realidad.

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¿Se ambienta esta película en una realidad alterna en la que los eventos de Matrix son mera ficción? ¿O es esto una simulación más creada por las máquinas? Resurreccciones se divierte sugiriendo las posibilidades, pero esto es secundario a sus discusiones sobre el libre albedrío, la ilusión y el poder trascendental del amor. A estos temas previamente explorados por la trilogía original, Lana y los guionistas David Mitchell y Aleksandar Hemon añaden discusiones sobre el rol de las historias como parte fundamental de nuestra identidad, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Ese mismo poder que ejercen sobre nosotros permite convertirlas en mercancías y como herramienta de dominación, como mentiras cómodas y placenteras, o como una forma de reafirmar y tomar control de quienes somos. Las respuestas tienen relevancia, no solo a los eventos dentro de la película, sino al mundo del cine de alto presupuesto. Resurrecciones es un acto de rebeldía contra el mismo sistema que forzó su existencia.

La audacia de su concepto pone a Resurrecciones ligeramente de las dos, todavía infravaloradas, secuelas anteriores. Pero dos cosas la mantienen lejos del genio de la película original. La primera son sus secuencias de acción que, lejos de ser terribles, carecen de la claridad y el nivel asombro al que las entregas anteriores nos acostumbraron. Los planos meticulosos dan lugar a una cámara más suelta y colocada más de cerca, un poco más parecida a la acción incoherente de otras películas de Hollywood. Una pelea en un tren bala de Tokio, aunque tiene sus momentos, es la secuencia que más sufre por esto. La segunda tiene que ver con la forma en que su concepto central es desarrollado. Parte del éxito de la Matrix original puede explicarse por la simpleza de su historia, a su capacidad de sintetizar sus varias ideas en una historia que se apega con limpieza a la estructura convencional hollywoodense y de articular el funcionamiento de la Matrix con metáforas visuales claras y diálogos memorables.

Esta rigidez puede explicarse porque en su momento las Wachowski no gozaban de la misma libertad creativa que este éxito inicial les permitió. Pero he ahí la paradoja: lo mismo que les ha impedido a sus ricas y fecundas imaginaciones producir otro éxito hollywoodense comparable es lo mismo que las sigue haciendo una de sus voces más únicas y dignas de atesorar. Las grandes películas pocas veces son películas perfectas y pocas encarnan esta idea tan bien como la filmografía de las Wachowski. En ellas encontramos la viva emoción de artistas que exploran con confianza aquello que les preocupa y conmueve en lo más profundo de su ser, con los recursos necesarios para convertirlas en efectos visuales tan monumentales como íntimos: Resurrecciones contiene una escena en la que el analista toma la mano de Thomas Anderson a través de un espejo, una apta metáfora para las mentiras reconfortantes que le dice. Matrix Resurrecciones es el trabajo de una realizadora más madura pero también más curiosa y poco preocupada con ser tachada de cursi o sentimental. Más preocupada con los vínculos humanos que en la iconografía de las películas de acción. No necesariamente reitera las ideas de las películas originales, sino que las expande y enriquece. Las lleva en direcciones que no siempre son gratificantes, pero hay verdadera emoción en explorarlas al lado de una de las mujeres que las planteó en primer lugar.


★★★★