En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver Batman, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.
(The Batman; Matt Reeves, 2022)
Pocas creaciones de los comics han sido explotadas por el cine tanto como Batman. No obstante, había motivo para emocionarse por la idea de Matt Reeves haciendo una película sobre él. Reeves ha demostrado ser uno de los directores más capaces trabajando actualmente en Hollwyood: su filmografía puede presumir las aclamadas películas de terror Cloverfield: Monstruo y Déjame entrar; también las últimas entregas de la nueva trilogía de El planeta de los simios, dos películas de una franquicia grande que de verdad lograban sentirse épicas y maduras en su narrativa.
Pero también había razones para dudar. Los avances sugerían una interpretación del personaje que se parecía mucho a las que ya habíamos visto antes. ¿Cómo iba este Batman serio y oscuro distinguirse del Batman serio y oscuro de Christopher Nolan o el de Zack Snyder (o el de Tim Burton: no olvidemos que en 1989, Batman seguía siendo para muchos el camp de la serie de televisión de Adam West)? Son pocas las veces que Batman ha logrado complementar esa fachada de seriedad y madurez con verdadera sustancia. Muchas de sus alusiones a la complejidad moral y psicológica se han sentido un mero disfraz para la fantasía de poder de un hombre rico que golpea criminales con impunidad.
Si algo se supone hace diferente a este Batman es un énfasis en el lado detectivesco de “el detective más grandioso del mundo”. La trama de ésta Batman es detonada por el asesinato del alcalde de Ciudad Gótica, Don Mitchell Jr. (Rupert Penry-Jones), a manos de una misteriosa figura enmascarada. Quienes estén familiarizados con la galería de villanos de los comics la reconocerán como el Acertijo (Paul Dano), caracterizado aquí como un asesino serial que acompaña los cadáveres de sus víctimas con criptogramas y, por supuesto, con acertijos dirigidos específicamente a Batman, el misterioso vigilante que impone su visión de miedo y justicia en las calles de Ciudad Gótica. El tratamiento del Acertijo (y la película por extensión) tiene una deuda enorme con el cine de David Fincher: somete a sus víctimas a grotescos espectáculos de violencia como el asesino de Seven, los siete pecados capitales, su plan termina pareciéndose al proyecto terrorista de El club de la pelea y su comunicación directa y enigmática con los que buscan capturarlo evoca el caso real del asesino del Zodiaco, de cuya historia Fincher hizo la que es quizá su obra maestra.

Robert Pattinson interpreta a Batman y a Bruce Wayne, el multimillonario heredero detrás de la máscara. Siguiendo las pistas del Acertijo, colabora y choca con distintos personajes del panteón de DC Comics, muchos vistos previamente en otras películas: Alfred Pennyworth (Andy Serkis), su dedicado mayordomo y figura paterna; James Gordon (Jeffrey Wright), teniente de policía y el único oficial en quien Batman confía; Selina Kyle/Gatúbela (Zoë Kravitz), una hábil y grácil ladrona motivada por rescatar a una amiga cercana; el capo criminal Carmine Falcone (John Turturro) y Oswald Cobblepot/El Pingüino (Colin Farrell, irreconocible bajo una densa capa de maquillaje y prótesis), la mano derecha de éste.
Batman apuesta por la profundidad haciendo énfasis en la corrupción dentro de las instituciones policiacas y políticas de Ciudad Gótica. Conforme Batman descifra el misterio del Acertijo, también expone los turbios secretos del alcalde, de su fiscal de distrito Gil Colson (Peter Sarsgaard, refrescantemente más ansioso que intimidante), de sus organizaciones criminales y sus propios padres. Es territorio que las películas de Nolan exploraron previamente–y tal vez el vivir en México hace que uno sienta que el narcotráfico en las altas esferas de la policía no es nada nuevo. La presunta complejidad psicológica de Batman, alguien impulsado por su privilegio y por el trauma no resuelto de la muerte de sus padres a reformar el podrido sistema de Ciudad Gótica, tampoco aporta mucha sustancia. Pattinson es excelente como ese muchacho emo que viste de negro y escribe turbia prosa poética digna de un melancólico usuario de Tumblr, pero la película no encuentra mucho debajo de la postura.
Es una lástima, porque el inicio de la película muestra alta promesa con dos momentos potentes: el brutal asesinato del alcalde–en un ingenioso y desorientador uso del montaje, el Acertijo hace su primera aparición en un plano medio que no da idea de dónde se ubica en el espacio geográfico–y la primera pelea de Batman, en la que un plano estático presume la brutalidad y fuerza del personaje. La partitura de Michael Giacchino le inventa un simple pero inquietante tema musical (que me hizo pensar en el uso de György Ligeti en Ojos bien cerrados de Stanley Kubrick). La fotografía viene de la mano de Greig Fraser, quien con Duna y Rogue One: Una historia de Star Wars ha demostrado que nadie filma blockbusters hollywoodenses como él y que aquí logra una atmósfera distintiva y con intención. La película luce sucia, apto para las calles llenas de pobreza y crimen que la historia demanda, aunque la ciudad no tiene mucho más que ofrecer que infinidad de calles anónimas y oscuras y llenas de basura.

Batman no resuelve el problema de construir escenas de acción para un personaje que usa las sombras y la oscuridad como sello característico. Una persecución automovilística se vuelve incoherente aún si el montaje no es tan caótico como en otras películas de su tipo; la fotografía simplemente se resiste a mostrar información visual que nos permita ubicar a los dos participantes. Una pelea en la oficina de Carmine Falcone, con las sombras delineadas por la luz de las calles, es un tanto más dramática y efectiva.
Las películas de superhéroes no tienen que ser profundas para ser entretenidas o extraordinarias. Batman aspira a la complejidad, pero termina siendo más enredada que compleja, nunca justificando su inflada duración de casi tres horas. El que sus virtudes sean meramente superficiales se siente como una traición de su mayor promesa. Es una película de monótona intensidad; es la antítesis al Universo Cinematográfico de Marvel, respondiendo a sus errores cometiendo los errores opuestos. Tiene uno que otro momento divertido: me reí en una escena en la que Batman se estrella con el pavimento y en otra en la que el Pingüino, atado de manos y piernas, se ve obligado a caminar como pingüino. Pero algo anda mal cuando una película hace que uno extrañe el humor y levedad de Christopher Nolan.
Batman imita los sellos visuales de otros géneros cinematográficos, particularmente el horror y el cine negro. Es más efectiva al copiar de sus influencias que, digamos, El Capitán América y el Soldado del Invierno con los thrillers políticos de los setenta, pero en su resistencia al cambio y la inanidad de sus ideas sigue siendo una película de superhéroes bastante convencional. Las mejores películas de misterio cambian el estatus quo de escena a escena. En Batman, las revelaciones nunca se sienten como revelaciones, los personajes son quienes parecen a primera vista. Es una película bien hecha al nivel de escenas individuales, pero carente en un drama potente que les de una coherencia o propósito; que confunde diálogos portentosos con emoción genuina. Esta versión del personaje termina siendo tan asombrosa, monumental y hueca como la Baticueva.