En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver Ambulancia, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.
(Ambulance; Michael Bay, 2022)
Pocos considerarían a Michael Bay un gran director, pero es difícil dudar de que es un autor. Su nombre evoca una serie de sellos estilísticos: tomas sensuales, típicamente desde abajo, de mujeres, automóviles (los segundos tratados con más respeto que las primeras, como sugieren los comentarios de actrices como Megan Fox) y la bandera estadounidense, explosiones y esa toma en la que la cámara gira dramáticamente alrededor de los actores. Incluso sus tendencias más intolerables, como su humor sexista y racista, pueden entenderse como una extensión del exceso y la vulgaridad que caracterizan su visión.
Aunque especializado en el cine de acción, su filmografía tampoco puede considerarse como un gran ejemplo de éste. El cine de acción es una forma de narrativa, que exige una secuencia lógica y clara en sus imágenes para provocar la emoción indicada en la audiencia, pero éste no es verdaderamente uno de sus talentos. Bay se especializa en la toma individual, en imágenes singulares que resultan enérgicas o impresionantes por sí solas, sin importar la lógica que las une entre sí. Otros directores con trasfondo en los comerciales y videos musicales cambiaron su método una vez que migraron al medio del cine (David Fincher es un contraste digno de mencionar), pero el estilo de Bay nunca se volvió más disciplinado.
Lo que separa a sus películas malas de las buenas (o por lo menos disfrutables), es qué tan bien el material se apega a sus sensibilidades. El toque de Bay hace que premisas concisas o relativamente contenidas luzcan mucho más espectaculares y emocionantes de lo que son en papel (La roca, Bad Boys II: Vuelven más rebeldes) y que premisas grandes se conviertan en totalmente insoportables asaltos contra los sentidos (las secuelas de Transformers). Ambulancia es la premisa más simple con la que Bay ha trabajado en mucho tiempo, quizá en toda su carrera. Se desarrolla a lo largo de un solo día y tiene un gancho que de inmediato despierta la curiosidad: ¿qué si unos asaltabancos tuvieran que robar una ambulancia para escapar de la policía?
Ambulancia tarda poco en arrancar. En sus primeros minutos nos presenta a Will Sharp (Yahya Abdul-Mateen II) y nos dice todo lo que tenemos que saber sobre él: es un veterano militar estadounidense y necesita casi un cuarto de millón de dólares para pagar una cirugía para su esposa. Will tiene un hermano adoptivo, Danny (Jake Gyllenhaal), un asaltabancos que está planeando un atraco de 32 millones–los detalles son un poco confusos, se nos dice que los hermanos no se hablan y parece demasiada coincidencia que Will se acerque a él justo el día del robo, pero hay poco tiempo para cuestionarlo porque la película se mueve tan rápido.

El guion (de Chris Fedak, basado en el de Laurits Munch-Petersen y Lars Andreas Pedersen para la película danesa en que se basa) pone distintos obstáculos en el camino de los dos hermanos y su equipo. Algunos son cómicos (una anciana que se mete a su elevador, una camioneta que no arranca), otros terminan poniendo de cabeza todo el plan. Zach (Jackson White), un oficial de policía que llega de improviso se da cuenta del asalto y se convierte en su rehén. En un forcejeo, Will le dispara, hiriéndolo. Su equipo es tiroteado por los oficiales que responden al llamado de emergencia, pero Will y Danny logran escapar capturando también a la joven paramédico Cam Thompson (Eiza González) y su ambulancia. Los hermanos tienen dos metas tan contradictorias como complementarias: deben escapar de las patrullas y helicópteros, pero también deben mantener con vida a Zach para disuadir a sus persecutores.
Esto plantea un dilema para Will, quien ni siquiera quería participar en el robo en primer lugar. Ambulancia dedica poco tiempo a la historia de fondo de los dos hermanos, pero sus caracterizaciones quedan claras por cómo responden a la situación. El afecto mutuo es evidente: Will se resiste a actuar con violencia, pero le dispara a un policía para salvar la vida de Danny. Mas tarde, Danny le da la opción de dejar la persecución, pero Will se niega (“conducen juntos, mueren juntos,” como dirían en otra película de Bay).
Will es pasivo, una mala combinación con el carisma de Danny, quien puede proyectar la seguridad y simpatía necesarios para convencer a otros de lo que sea, incluso de que está dispuesto a evitar la violencia. Gyllenhaal completa esta caracterización con un temperamento explosivo, a ratos inquietante e incómodo de ver. El que ésta sea una película de Michael Bay le da una tensa incertidumbre: no sabemos si la película está preparándonos para un conflicto irreconciliable entre hermanos, o si este personaje claramente perturbado es lo que Bay considera un héroe.
Cam, por su parte, es quizá el mejor papel que Hollywood le ha dado a Eiza González. Bay se abstiene, casi milagrosamente, de la mirada lasciva con la que suele mostrar a sus protagonistas femeninas. Las primeras escenas nos dicen que Cam (en la clase de diálogos trillados que caracterizan a este tipo de película de acción) es la mejor paramédico de Los Ángeles, tan enfocada al punto de alienar a sus compañeros con su frialdad, y el resto de la película hace un buen trabajo de comprobar y subvertir nuestras primeras impresiones de ella. La película le permite ser fuerte y capaz pero también dar la sensación de que no lo puede todo, de que en el fondo es una persona normal puesta a prueba por un peligro que nunca se imaginó.

Por supuesto, uno no va a una a una película de Michael Bay por las caracterizaciones. Va por la acción, la cual es espectacular. Bay y su equipo de producción y fotografía ingenian maniobras en las calles y autopistas de Los Ángeles que se sienten imposibles. En las persecuciones y tomas de establecimiento la cámara, más que flotar, vuela como piloto de acrobacias, sorteando obstáculos y haciendo giros virtuosos. La cámara se mantiene siempre en movimiento, circulando a sus personajes y encontrando detalles y texturas que estimulan al ojo. Los colores de la fotografía le dan un toque de suciedad y realismo amplificado. El efecto es emocionante, real y peligroso.
El maximalismo de Bay puede funcionar unos más que a otros. Puede no haber motivo para esas escenas de Will y Danny como niños, pero el efecto es el de una sosa sinceridad, la clase de explosión melodramática que los blockbusters del Hollywood actual imitan pálidamente pues carecen de su convicción y atrevimiento. Ambulancia tiene también escenas en las que el suspenso es llevado a su extremo más ridículo. La acción, que en un momento transcurría en un caótico frenesí, se detiene y el tiempo se estira hasta que se vuelve insoportable. El efecto igualmente es electrizante.
La mayor sorpresa de Ambulancia es que funciona tan bien como lo que se supone que es: un thriller de acción. Incluso el humor chusco que sale de sus personajes secundarios se siente acertado y balanceado, la clase de bromas que caracterizan a los profesionales y territoriales policías de las películas. Tiene sus indulgencias y extravagancias; una subtrama en el que los miembros de una pandilla latina, con vínculos al narcotráfico, hace destrozos en las calles para distraer a los policías nunca se siente más como un estereotipo poco explorado, por ejemplo. No obstante, Ambulancia compensa con energía y suspenso en creces. Es una película emocionante y bien armada.