En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver No te preocupes cariño o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.


(Don’t Worry Darling; Olivia Wilde, 2022)

¿Hay alguna película reciente que haya sido eclipsada por el escándalo tanto como No te preocupes cariño? La nueva película de Olivia Wilde, su segunda como directora después de la excelente comedia La noche de las nerds, ha sido sujeto de chismes y rumores casi desde el inicio de su producción y tachada como un desastre de alto perfil mucho antes de que más de un puñado de personas hayan tenido la oportunidad de verla.

Muy poco de esta discusión es relevante a la película misma. La única excepción involucra quizá a eventos específicamente ocurridos dentro de su producción. Y específicamente aquella que tiene que ver con Shia LaBoeuf, quien fue elegido originalmente para el papel masculino principal, antes de ser reemplazado por el cantante británico Harry Styles. Chocan las cuentas sobre qué pasó exactamente. Primero se habló de un conflicto de agendas, antes de que Wilde dijera haberlo despedido al encontrar su forma de trabajo demasiado agresiva y para nada conducente al ambiente de seguridad y confianza que ella quería construir para la película. LaBeouf respondió diciendo que él había renunciado porque él y los demás actores no encontraban tiempo para ensayar; también compartió un video en el que Wilde parecía tratar de arreglar las cosas con LaBeouf, menospreciando casualmente a Pugh.

Es difícil estar seguro de qué pasó exactamente y quien fue verdaderamente responsable. Independientemente de en quién cae la culpa, uno se siente particularmente mal por Florence Pugh, quien al estar al centro de la película también estuvo al centro de su escándalo. Y un poco también por Wilde, cuya película parece haber recibido un escrutinio y atención que no se ve en otras producciones complicadas encabezadas por hombres. Pero parece pertinente mencionar todo esto (primero para dejarlo atrás) pero también por la desconexión entre lo ocurrido y los supuestos temas de la película. Cómo cuentan de un Hollywood cómodo adoptando mensajes vagamente feministas sin necesariamente ponerlo en práctica.

La primera mala noticia es que No te preocupes cariño haya sido opacada por su drama detrás de escenas. La segunda mala noticia es que, incluso si se hubiera hecho en situaciones menos adversas, seguiría sintiéndose hueca. ¿De qué se trata No te preocupes cariño? Pugh y Styles interpretan a Alice y Jack Chambers, un joven matrimonio que vive en una comunidad paradisiaca en medio del desierto. Los esplendorosos diseños de producción (a cargo de Katie Byron) y de vestuario (por Arianne Phillips) nos sugieren un suburbio modelo en el Estados Unidos de los cincuenta. Durante el día, los hombres trabajan en el ultrasecreto Proyecto Victoria (¿tendrá algo que ver con la Guerra Fría?), encabezado por el carismático Frank (Chris Pine), mientras sus esposas se dedican al cuidado de la casa, las compras y el ocio.

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Pero el Proyecto Victoria esconde algo siniestro y Alice lo sospecha, aunque no puede articular exactamente por qué. A ratos tiene visiones o alucinaciones. Las paredes de su casa se contraen y la asfixian. Margaret (Kiki Layne), la única mujer negra entre las esposas, se aparece del otro lado del espejo del estudio de danza y golpea su cabeza contra el vidrio. Cuando Alice cree haber visto que en realidad pasó, como un avión que se estrella a lo lejos, o el intento de suicidio de una de sus amigas, los demás no parecen creerle.

Es difícil hablar de No te preocupes cariño sin discutir el gaslighting, término coloquial pero útil para describir la manipulación emocional que lleva a cuestionar la realidad que uno vive. A medida que Alice cree desenmarañar una conspiración dentro del Proyecto Victoria, la comunidad parece unirse para convencerla de su locura. La película encuentra una metáfora casi inteligente para la forma en que éste se manifiesta en las relaciones de pareja, y casi funciona porque Pugh es uno de los mayores talentos actorales de su generación y porque es territorio que ella previamente exploró en la mucho mejor Midsommar: El terror no espera la noche.

En su retrato de una sociedad suburbana que esconde algo siniestro, particularmente para las amas de casa que viven en ella, No te preocupes cariño evoca también a Las poseídas de Stepford, novela de Ira Levin adaptada primero al cine por Bryan Forbes en 1975. Sus actitudes, no obstante, son diferentes. Las poseídas de Stepford, hecha en el apogeo de la suburbanización, trataba este fenómeno como una realidad que afligía a cada vez más mujeres. En No te preocupes cariño el peligro de la suburbanización y los roles de género planteados por la familia nuclear se encuentra en que son un espectro del pasado, un ideal traicionado al que hombres jóvenes aspiran y buscan recuperar.

Wilde ha citado como inspiración a Jordan Peterson, el psicólogo clínico canadiense que debe su fama a parlotear en contra de las distintas formas del progresismo, particularmente el feminismo, con un barniz de respetabilidad académica. Peterson es solo uno de tantos gurús de autoayuda que han construido una reputación encantando a jóvenes alienados con cuentos de cómo la sociedad moderna ha rechazado los valores tradicionales (sean cuales sean) robándoles aquello que creen merecer por el hecho de ser hombres (una esposa, una familia, un trabajo lucrativo, los pilares de la vida en el Proyecto Victoria). Los paralelos con el Frank de la película quedan casi confirmados por un diálogo sobre el poder destructivo del caos, uno de los términos favoritos de Peterson. Queda claro que el guion Katie Silberman es producto de un pasajero estudio del pensamiento de Peterson, que igualmente es más seriedad que el que éste merece.

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Peterson debe mucho de su fama (e infamia) al internet, a sus pláticas y apariciones en podcasts. Esto da una pista a uno de los mayores problemas de No te preocupes cariño, que como Hermosa venganza de Emerald Fennell, nunca parece anclada en emociones verdaderas porque está tan sumergida en la mentalidad de una discusión en línea, en ganar un pleito imaginario con completos desconocidos. Sus antagonistas terminan no tienen mayor profundidad que los villanos de un hilo de Twitter.

No te preocupes cariño se siente como un sincero intento de explorar formas sistémicas de misoginia y la experiencia de las mujeres que tienen que vivirla. Pero igualmente se siente ceñida por la forma que tiene que adoptar. Está atrapada entre un sexualmente atrevido y peligroso thriller y un cuento de afirmación y empoderamiento con simples beats narrativos y caracterizaciones, temeroso de alienar a las fanáticas adolescentes de su estelar masculino. Rápidamente se vuelve inerte y estéril.

Lo más frustrantes es reconocer los elementos que funcionan. Wilde de nuevo demuestra sus capacidades como directora construyendo una película guiada por fuertes imágenes (no tiene miedo de abandonar la narrativa por lo abstracto y simbólico en ocasiones; un paralelo más con Peterson, quien frecuentemente cita a Jung). Ella y el director de fotografía Matthew Libatique le dan un soleado ensueño a este mundo que parece sacado de un catálogo de productos de la época; también construyen imágenes de pesadilla que usan como motivo los círculos (el ojo humano, los números musicales de Busby Berkeley). Salvo una terrible excepción, Wilde logra trabajo convincente y espontáneo de sus actores. Las dos escenas de sexo están hechas con un ojo a la química y placer. Su única secuencia de acción mantiene la claridad sin descuidar la energía y el espectáculo.

Pero al final, es poco lo que Wilde y Pugh pueden lograr con el material y las circunstancias. El guion de Silberman, retrabajado de uno previo por Carey y Shane Van Dyke es tan tieso y forzado como la actuación de Styles. Su prometedor gancho solo esconde un concepto ridículo y risible. Un buen giro en la trama le da un nuevo sentido a lo que vimos previamente. El giro de No te preocupes cariño solo nos hace que la historia se caiga en pedazos al pensar en todos los elementos que quedan colgados en el aire. La mayor sorpresa que ofrece No te preocupes cariño es que no hay ninguna sorpresa. Es tan desastrosa como su reputación sugiere.


★★