(Ame wo Tsugeru Hyôryû Danchi; Hiroyasu Ishida, 2022)
Kosuke (voz de Mutsumi Tamura) y Natsume (Asami Seto) crecieron juntos. No son estrictamente familia, pues no los une un vínculo de sangre, pero en algún momento compartieron casa con el abuelo biológico de él y esto es lo más cercano que ella ha conocido a un verdadero hogar. Ahora, después de que el abuelo ha fallecido y los dos están a punto de terminar el sexto grado de la primaria, se siguen frecuentando en la escuela, aunque no parecen tan cercanos como alguna vez lo fueron. Kosuke prefiere pasar el tiempo con sus amigos del club de futbol Taishi (Yumiko Kobayashi) y Yuzuru (Daiki Yamashita); con las vacaciones de verano recién inauguradas, los tres deciden aventurarse dentro del complejo de apartamentos donde alguna vez estuvo la casa de su abuelo.
Abandonado y a punto de ser demolido, el lugar tiene una reputación de albergar fantasmas, pero lo único inesperado que los tres niños encuentran es a Natsume escondida en uno de los armarios. Sus juegos llaman la atención de Reina (Inori Minase), una compañera con una infatuación por Kosuke (tanto que lo invita a pasar las vacaciones con su familia fuera de Japón, en Florida) y su mejor amiga Juri (Kana Hanazawa). Reina, prepotente, busca pleito con Natsume por una cámara que Natsume se ha encontrado. En el forcejeo, Natsume cae desde varios pisos.
Milagrosamente, y después de un súbito torrente de lluvia, el piso que rodea en los departamentos se ha convertido en un océano. Natsume se salva, pero el edificio está ahora flotando en medio de kilómetros cuadrados de agua, y los niños no tienen idea de cómo regresar a tierra firme. Kosuke y Natsume pronto toman control de la situación. Natsume encuentra alimento suficiente para un par de días: vasos de ramen instantáneo, papitas y sodas. También les presenta a Noppo (Ayumi Murase), un niño que parecía estar en los departamentos desde antes. Kosuke, por su parte, idea un plan para procurar más víveres: nota que otros edificios se cruzan en su camino, e improvisa una tirolesa para explorar los restos de ellos.
Ésta es la premisa fantástica de Hogar a la deriva, la nueva película animada de Hiroyasu Ishida (director de Penguin Highway) y producida por Studio Colorido (previamente hicieron también la simpática Amor de gata), y una que en un principio da lugar a una placentera aventura alrededor de la supervivencia. El temor y la urgencia por regresar a casa, su añoranza por los lujos y comodidades de su vida diaria, da lugar al claro placer de los niños al descubrir su propia independencia, su ingenio y su aislamiento del mundo adulto y de sus rutinas. Kosuke, Natsume y Reina tienen personalidad bien definidas, cosa que no sucede con el resto; no obstante, cobran vida como un conjunto que uno disfruta ver interactuar.

El verdadero núcleo de la película, no obstante, se encuentra en la relación entre Kosuke y Natsume, que resulta más complicada de lo que parece a primera vista. Natsume, tímida y melancólica, se siente fuera de lugar en la unidad familiar con la que compartió mucho de su vida. Encontrar ese sentido cosa que no resulta fácil por la distancia que guarda Kosuke. Como muchos niños de su edad, es al mismo tiempo voluble y resistente a mostrar sus emociones. La película encuentra un efectivo equilibrio entre la convivencia y los pleitos de su grupo de náufragos varios y el drama más personal que claramente existe entre Kosuke y Natsume.
El guion de Hogar a la deriva, a cargo de Ishida, Hayashi Mori y Minaka Sakamoto, verdaderamente brilla cuando trata su concepto fantástico como la versátil metáfora que es: un catalizador de sus nuevas responsabilidades y madurez, pero también la conexión que Kosuke y Natsume guardan con un lugar en el que pasaron parte importante de sus vidas, que abandonaron porque ya era tiempo, pero del que nunca tuvieron una verdadera oportunidad de despedirse. Del impulso a aferrarse al pasado cuando ya no hay motivo o utilidad. Es una historia preciosa si uno presta más atención a las emociones de sus personajes que a la lógica y realidad de todo.
La película hace todo esto sin descuidar la acción. Una vieja alberca se convierte en un pequeño mundo con sus propios obstáculos y peligros. Su emocionante clímax involucra un atrevido intento de rescate en una rueda de la fortuna que colapsa lentamente, antes de regresar a territorio más emotivo y menos explosivo. Hogar a la deriva está hecha con un afecto por el pasado sin romantizar demasiado el punto de vista infantil ni tratarlo con condescendencia. La narrativa juega con el melodrama, particularmente alrededor de la muerte del abuelo Kumagaya (Bin Shimada), pero sin caer en lo falso o manipulador. La música termina de construir una atmósfera veraniega y amable; la aventura nunca abruma sus detalles más cotidianos que ayudan a anclarla en la realidad. Los elementos sobrenaturales cuentan de un universo fundamentalmente bondadoso que coloca adversidades en nuestro camino, pero nada que no podamos superar, con tal de volvernos mejores personas.
★★★1/2
Hogar a la deriva está disponible vía streaming en Netflix.