(Poor Things; Yorgos Lanthimos, 2024)

Pobres criaturas, de Yorgos Lanthimos, tiene una mente tan simple como la de su protagonista. Ésta es Bella Baxter (Emma Stone), una mujer criada por el cirujano y científico Godwin Baxter (Willem Dafoe). Aunque tiene el cuerpo de una mujer adulta, Bella piensa y siente como una niña pequeña. La naturaleza exacta de su condición, así como la razón por la que Godwin cuida de ella, se nos revelará con el tiempo, pero podemos inferirla desde temprano. Godwin tiene una fascinación lúdica con los cuerpos humano y no humanos, que defiende con el pretexto de la búsqueda del conocimiento científico. Vive rodeado de bizarros híbridos de animales como un pollo con cabeza de cerdo y se refiere a la misma Bella como uno más de sus experimentos.

Bella lleva una existencia aislada. Su círculo social se limita a Godwin (abreviado a God, en referencia a sus experimentos en los que juega a ser Dios) y una sirvienta encargada de su casa/laboratorio, hasta la llegada de Max McCandles (Ramy Youssef), un estudiante de medicina a quien God contrata para asistirlo en sua estudios. Max empieza a desarrollar sentimientos de cariño por Bella, pero duda de su naturaleza romántica, podemos suponer, porque ella es mentalmente una niña. No obstante, los encantos de Bella y las peticiones de God lo llevan a ceder y pronto Max accede a casarse con ella. Esto a su vez es frustrado por Duncan Wedderburn, un abogado y bon vivant que queda prendido por la belleza y el apetito sexual de Bella (el cual descubre al rozar una fruta en sus genitales y describe como felicidad instantánea) y decide llevársela a Lisboa.

Aquí emerge lo que podría considerarse como un comentario de los buenos modales y las relaciones entre hombres y mujeres. Wedderburn cree haber encontrado en Bella a su mujer ideal, quien al principio no tiene deseos mayores que el sexo constante. No obstante, ella resulta una pareja menos que ideal cuando tiene que presentarla en público. En una cena con una mujer adinerada, Bella es torpe e impertinente. En el pensamiento primitivista de la película, se necesita de alguien como Bella, que no haya sido contaminada por la sociedad, para revelar sus incongruencias y prejuicios. Su viaje, descubriendo grandes placeres de la vida como el sexo, la comida, los libros y el socialismo, la llevan a hacer preguntas que finalmente exponen y deshacen las normas que la rodean. ¿Por qué las personas no pueden tener sexo todo el tiempo? ¿O hablar de él con apertura y libertad? ¿Por qué el dinero no puede repartirse de manera más equitativa? ¿Por qué las mujeres que se dedican a la prostitución no pueden decidir con quién quieren tener sexo y con quién no?

Pobres criaturas_1 copy

Pobres criaturas se desarrolla en un mundo con ecos al nuestro, pero reconociblemente irreal, distorsionado por su monstruosa temática. Las locaciones son conocidas ciudades de Europa y sus inmediaciones: Londres, Lisboa, Alejandría y París; pero Lanthimos y los diseñadores de producción James Price y Shona Heath las reinterpretan como absurdas maquetas de sí mismas. Los detalles decorativos y expresivos de la arquitectura se imponen por encima de cualquier idea de la realidad. El tiempo, vagamente, es el siglo XIX (una referencia a una nueva obra de Oscar Wilde es lo único que percibí como alusión a personas y eventos reales), una de rápida industrialización e invención y pensamiento científicos.

Lanthimos y el director de fotografía Robbie Ryan regresan al estilo de su última colaboración, la extraordinaria La favorita, en parte porque la temática es parecida: la hipocresía y decadencia de una sociedad de pulcra reputación. Pobres criaturas trata de impactarnos con sus afrontas al buen gusto, mostrándonos sexo y decadencia con un ojo al exceso. Lentes de gran angular (a ratos parece que estamos viendo a través de la mirilla de una puerta), observando a los personajes desde abajo, les dan formas y proporciones ridículas. La música de Jerskin Fendrix tiene una cualidad chillona, caótica e infantil. Todos estos trucos, aunque abrumadores, resultan menos efectivos. Las imágenes, en lugar de construir un discurso irónico que complique la narrativa, la complementan de la manera más convencional. No trata de confrontarnos con la fealdad o lo monstruoso, sino convertirlo en algo bonito, aceptable y simple.

La complejidad no tiene lugar en Pobres criaturas, y no hay mayor símbolo de ello que la misma Bella. Es una figura heroica en que sufre de manera directa la infantilización y el control de los hombres que la rodean y emerge triunfal, liberada de sus ridículos dogmas. Encarna tanto la victimización como el potencial hecho realidad. Pero la película nunca se preocupa verdaderamente por su estado interno. Bella es una colección de estímulos y respuestas. Sus acciones no brotan de su forma de su forma de pensar y sentir; la película insiste y se divierte con la idea de que no puede hacer ninguna de las dos. La virtud de Bella se encuentra en el hecho de que es hueca.

Pobres criaturas_2 copy

En su corazón, Pobres criaturas combina la comedia de pez fuera del agua con el viaje de una mujer por descubrir lo que implica ser mujer. No hay que ir tan lejos para encontrar otro ejemplo de esto. La película más taquillera del año pasado, y uno de los contendientes de Pobres criaturas en los premios de la Academia, Barbie, exploró este mismo territorio. Barbie me pareció una de las mejores películas del año pasado. ¿Por qué me gustó aquella y me decepciona ésta? Creo que porque, al enfocarse en las inseguridades y frustraciones de su protagonista, Barbie se asemejaba más a las experiencias de una persona real. Y los constantes chistes a expensas de la fantasía de empoderamiento promovida por su mercadotecnia le daban un filo crítico que se encuentra ausente aquí. Curiosamente, la película que no está basada en un juguete multimillonario es la que actúa como un simplista modelo a seguir.

Barbie, igualmente, no trataba la comedia como una etiqueta vergonzosa; la abrazaba. Tony McNamara, adaptando la novela de Alasdair Gray, ha creado una simpática comedia de modales. Tiene varios buenos chistes y las actuaciones, aunque de emociones simples, tienen la exageración y ritmo necesarios para hacerlos funcionar. Ruffalo en particular es una divertida caricatura de las inseguridades masculinas. Y en su construcción del movimiento y el habla de Bella, Stone, exhibe cuidado y método. La película es placentera, pero como Bella Baxter, quisiera ser transgresora, incómoda y peligrosa. Falla rotundamente, pues se queda en una fantasía complaciente.

Por todas sus supuestas críticas a una sociedad patriarcal, los personajes masculinos de Pobres criaturas salen relativamente bien librados. Max y God nos han de caer bien porque se preocupan por Bella y le enseñan a vivir. El segundo, sobre todo, cuya historia de abuso a manos de su propio padre repite constantemente, viene quererla como un padre quiere a su hija. Aprueba y hasta se queda se maravilla por su autonomía. Cualquier sentimiento de rencor o traición experimentado por Bella es rápidamente pasado por alto. La película, de todas formas, nunca construye un personaje capaz de ellos. No nos está invitando a conciliar ideas y sentimientos contradictorios, sino a perdonar e ignorar aquellos verdaderamente monstruosos. Emociones simples para una historia de empoderamiento convencional.


★★1/2


https://storage.ko-fi.com/cdn/brandasset/kofi_s_logo_nolabel.png?_gl=1*ctd280*_ga*NzgwOTE0NzE3LjE2NzgxMjgzMjI.*_ga_M13FZ7VQ2C*MTY4MzQ5MjY3OS41My4xLjE2ODM0OTI3NjUuMzYuMC4wÉste artículo, como el resto del archivo de Pegado a la butaca, llega a ti de manera gratuita. Si te interesa apoyar esta labor de crítica de cine independiente, te invito a realizar una donación a través de Ko-fi, a partir de 1 USD, o a compartirle esta publicación a alguien que creas que le puede gustar. ¡Gracias!