(The Naked Gun; Akiva Schaffer, 2025)

Entre los ochenta y principios de los noventa uno de los mayores exponentes de la comedia estadounidense fue la filmografía de los directores Jim Abrahams y David y Jerry Zucker. En ellas, las tramas básicas de géneros ya bastante conocidos se usaban como plataforma para una avalancha de los chistes visuales, verbales y referencias de cultura pop más bobos y vulgares. No hace mucho, después de la trágica muerte del actor Val Kilmer, repasé ¡Súper secreto!, la que para mí es su película más lograda, lo que me ayudó a apreciar más el genio involucrado en ellas.

Su humor, de manera peyorativa, puede describirse como “de pastelazo”. Depende en sobremanera de la violencia física, las funciones corporales y parodias de lo que sea que estaba de moda en ese momento. Pero un ojo analítico ayuda a reconocer el nivel de técnica involucrado. ¡Súper secreto! tiene un conocimiento fino de los géneros de los que se burla. Debe comprender sus convenciones para jugar atinadamente con sus expectativas. La composición y el ritmo son igualmente esenciales para que sus chistes se comprendan y aterrizen, por lo que la fotografía y la edición deben operar con precisión. Y la producción involucra numerosas proezas: elaborados números musicales (su premisa pone a un ídolo musical juvenil en medio de una trama de espionaje), una pelea debajo del agua y un plano secuencia filmado en reversa. Dicho nivel de compromiso deja claro que las “risas fáciles” son todo menos eso.

La creación más conocida de Zucker, Abrahams, Zucker (o ZAZ, como también se les conoce popularmente) es seguramente ¿Y dónde está el policía? Lo que empezó como una serie de televisión cancelada después de seis episodios se convirtió en una trilogía de películas bastante rentables estrenadas entre 1988 y 1994 y que ahora reciben una especie de remake/secuela. Había razones para dudar de esta reinterpretación, entre ellas el nombre Seth MacFarlane como productor. La influencia de ZAZ se nota en la época dorada de Los Simpson–parte del encanto de ver sus películas hoy es reconocer el génesis de algunos de los chistes más salvajes e ilógicos de la obra cumbre de la comedia de televisión estadounidense. Alguien que construyó su fama haciendo pobres imitaciones de Los Simpson solo podía entregar en una versión diluida de ese genio original.

Ese, afortunadamente, no es el caso. Tengo entendido que MacFarlane escribió una versión del guion y en algún momento estaba en consideración para dirigir. Al final, la tarea quedó en manos de Akiva Schaffer, quien recibe crédito por el guion al lado de Dan Gregor y Doug Mand. El ¿Y dónde está el policía? de 2025 se siente filtrada a través del humor de Schaffer–mejor conocido por ser una parte de trío cómico The Lonely Island, responsable de algunos de los mejores cortos hechos para Saturday Night Live y la sólida comedia Popstar: Never Stop Never Stopping–pero igualmente preserva el espíritu del ZAZ original.

Supongo que algo en lo que le puedo dar crédito a MacFarlane es en conseguir a Liam Neeson para el papel de Frank Drebin Jr.–Neeson apareció en Pueblo chico, pistola grande y en el único chiste bueno que recuerdo em Ted 2, ambas de MacFarlane. Él técnicamente interpreta al hijo del teniente policiaco originado por Leslie Nielsen, aunque para propósitos prácticos, se trata del mismo personaje. Ambos Frank Drebin son simpáticos bonachones cuya incompetencia y estupidez no les impide salvar el día.

Nielsen tenía una filmografía más o menos variada antes de que ¿Y dónde está el piloto?, su primera película con los ZAZ, lo encasillara en la parodia; la carrera previa de Neeson, como actor dramático y feroz héroe de acción, igualmente contribuyen a su efectividad aquí. Los chistes de la película funcionan por esa desconexión entre lo absurdo de sus situaciones y la frialdad que Neeson ha cultivado en otros papeles. En el prólogo, que involucra el asalto a un banco, Drebin se quita su disfraz de niña en uniforme escolar proyectando la misma amenaza que en su famoso discurso de Búsqueda implacable.

Su química con Pamela Anderson, quien interpreta a una mujer convencida de que la muerte de su hermano no fue un accidente, ayuda a darle a la película un emotivo corazón. Hay una razón por la que otras películas de los ZAZ como ¿Y dónde está el piloto? y ¡Súper secreto! tenían en su centro historias de amor y es porque, así como estaban llenas de chistes absurdos y que rompen todo sentido de una realidad coherente, también buscaban crear personajes básicamente simpáticos para hacerlo todo más llevadero.

En esta ocasión Drebin debe detener los planes siniestros de Richard Cane (Danny Huston), un multimillonario de la tecnología que busca enloquecer a la humanidad mediante control mental para que él y sus amigos igualmente ricos puedan reconquistar la Tierra. La trama es una colección de clichés del cine policiaco, filtrados a través de las franquicias de acción actuales. Las averiguaciones de Drebin lo llevan a conectar dos casos que parecían separados, a tener un romance con una mujer relacionada a éste, mientras la severa y voluble jefa Davis (CCH Pounder) amenaza con sacarlo del departamento. Pero la abundancia de clichés es más un punto a favor que uno en contra; le da más de qué burlarse y la obliga a dedicar menos tiempo a explicaciones.

La principal artesanía de esta nueva versión está en cómo Schaffer y el director de fotografía Brandon Trost imitan la iluminación dramática y de alto contraste de thrillers de acción noventeros como los de Tony Scott o Michael Bay. El rostro serio y duro de Neeson entrega joya tras joya de la estupidez mientras luces duras lo contornean preciosamente. Otra referencia, más contemporánea parece ser Misión: Imposible – Repercusión: el compositor Lorne Balfe básicamente remeda la tensa y propulsiva partitura que hizo para aquella película y uno de sus chistes reinterpreta uno de sus engaños más memorables dándole un par de giros más.

Una estrella genialmente elegida y una copia hábil del cine del que se burla son cosas que esperaba de una película basada en el trabajo de los ZAZ. ¿Y dónde está el policía?, no obstante, añade un giro original: su sátira de los líderes de Silicon Valley y de la industria de la tecnología (en un chiste que dura apenas un parpadeo, el estadio Crypto.com de Los Ángeles es renombrado en referencia al esquema Ponzi). Su Richard Cane tiene detalles que lo hacen una amalgama coherente y acertada de las élites de hoy: las promesas mesiánicas de sus carros eléctricos que se conducen solos, su obsesión con la virilidad (uno de sus inventos es un aparato que estimula los genitales masculinos pero más bien parece freírlos) y su incorregible romantización de un pasado previo a la corrección política. No es una caracterización particularmente profunda, pero sí más interesante y acertada que la de películas más serias como, por ejemplo, la reciente Mountainhead de Jesse Armstrong.


★★★1/2


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