¿Y dónde está el policía? (Akiva Schaffer) — Mención honorífica
Aquí empieza la segunda parte del artículo. La primera parte está disponible aquí.
10. Eddington

Ari Aster me había empezado a perder con Beau tiene miedo, pero recupera mi confianza decididamente con la que me parece su mejor y más singular película. Eddington es un poco de todo: un western contemporáneo con un sentido del humor muy oscuro, violencia chocante y acertados toques de terror, todo para capturar la locura que se vivió durante la pandemia. Liberales y conservadores gringos se convierten en blanco de burla, pero la visión de Aster hace un atrevido juego con la percepción. Nos obliga a llenar sus huecos y nos reta a no caer en la misma histeria que sus personajes, que para el final parecen ya no compartir la misma realidad. Entre el continuo ascenso de la charlatanería, la violencia política y las corporaciones de inteligencia artificial en el mundo real, la película se siente más relevante cada día.
9. Dormir con los ojos abiertos

Dormir con los ojos abiertos existe simultáneamente en un incierto mundo de los sueños y en la realidad más cotidiana. A grandes rasgos cuenta la historia de una mujer de Taiwán que llega a Brasil, donde se encuentra con la historia de otra mujer, también china. La película, sin embargo, no se preocupa mucho por aclarar en donde empieza la vida de una y termina la de la otra. Confusiones de lenguaje, encuentros casuales y un sentido general de desconexión componen su azarosa y placentera estructura. No me atrevo a hacer una lectura definitiva, pero entre los muchos temas que percibo en están la irrealidad de vivir en un mundo globalizado y la forma en que el pensamiento y nuestra acción se guían por el sentido que nos da el lenguaje que hablamos.
8. La chica zurda

En su primera película en solitario, la directora Shih Ching-Tsou encuentra un genial equilibrio entre el realismo, la comedia y el mundo interno de una pequeña niña. La historia sigue a una familia de tres mujeres que se muda a Taipei buscando empezar de nuevo. Su panorama es precario y la necesidad económica informa sus decisiones diarias. Pero lejos de hundirse en su miseria, La chica zurda pronto voltea su atención a la imaginación de su miembro más pequeño, quien absorbe una superstición de su abuelo con tierna inocencia y literalidad. El guion, escrito junto al ganador del Oscar Sean Baker, conecta eventos melodramáticos con la soltura de una comedia de enredos y el resultado es una mezcla de alegrías y tristezas tan cercana a la vida real.
7. Vi el brillo del televisor

Vi el brillo del televisor es, a primera vista, una película sobre dos jóvenes obsesionados con un programa de televisión. También se puede interpretar como una alegoría de la experiencia trans. Pero ninguna de estas dos descripciones alcanza a explicar todos los misterios y matices que le directore Jane Schoenbrun captura en su segunda película. Momentos de trauma y dolor se conectan a través de una suelta atmósfera inquietante que igualmente logra sentirse como un abrazo para las personas solitarias. En el mismo año que dijimos adiós a David Lynch, conmueve ver una película que no trata de imitarlo donde se nota su influencia. Schoenbrun comparte ese entendimiento instintivo del infierno kitsch que son los suburbios de Estados Unidos, la fragilidad de la identidad y los efectos distorsionadores de la tecnología.
6. Código negro

La segunda colaboración entre Steven Soderbergh y David Koepp de este año se siente como una de esas películas de espías de las que ya no se hacen. En Código negro, los secretos y traiciones del mundo del espionaje se cruzan con los de la vida matrimonial en la historia de un agente británico que descubre que su organización ha sido infiltrada y que uno de los posibles culpables es su propia esposa. Las persecuciones y disparos son desplazadas por dos, no menos emocionantes y tensas, cenas entre colegas. Cate Blanchett y Michael Fassbender interpretan a dos agentes que son todo frío profesionalismo, pero cuya perfecta sintonía logra sacar chispas. Verlos juntos en pantalla me hace decir que sí, quizá ésta es la película más romántica del año.
5. Mente maestra

La directora Kelly Reichardt se ha especializado en hacer películas sobre gente solitaria cuyas acciones no siempre podemos explicar y en Mente maestra nos entrega otro bello y melancólico retrato. Josh O’Connor interpreta a J.B. Mooney, un capaz fracasado que tiene la idea de robar varias obras de un museo de arte local. Su contexto es igualmente importante y decisivo: el Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. Pero su héroe, si puede llamársele así, no se rebela por un ideal mayor y su actividad criminal se caracteriza por la torpeza. No obstante, su soledad y divagación igualmente me parecieron profundamente íntimos y emotivos. Y Reichardt expone sus lados contradictorios con una paciencia que se presta tanto para el suspenso, la contemplación solemne y la comedia física.
4. Cloud

Cloud es una cosa muy cínica y cruel y no esperaba menos de Kiyoshi Kurosawa. Es difícil simpatizar con su protagonista, Yoshii, un revendedor de mercancías que construye un pequeño imperio a partir de fraudes y estafas. Pero hay algo muy perverso en cómo cada giro de su trama revela personajes incluso más perturbados y egoístas que él. La torpeza e incompetencia de Yoshii hasta terminan volviéndolo medio simpático. Kurosawa balancea el humor oscuro de esta situación con una distancia y frialdad que encajan con su idea de la humanidad: incluso cuando se convierte en una película de balazos, la violencia no emociona sino que se siente hueca e inútil. Pero también hay algo muy clásico y hitchcockiano en cómo el movimiento de los actores en el espacio, más que los cortes constantes entre tomas, dictan el ritmo y dinámica de cada escena.
3. Mickey 17

Hay dos tipos de películas de Bong Joon-ho: las más sobrias e intensas que ha hecho en su natal Corea del Sur y sus películas para Hollywood, donde sus temas característicos se expanden en burdas y absurdas direcciones dentro de universos de ciencia ficción. Después del éxito de Parásitos, Bong nos entrega Mickey 17, una película que usa la colonización espacial para hablar un poco de todo: líderes autoritarios idiotas, especies animales (alienígenas) en peligro y lo barata que es la vida humana en el capitalismo. Al centro de ello, Robert Pattinson en un papel múltiple, dando la mejor actuación de su carrera. Su Mickey, un hombre que es clonado una y otra vez solo para morir de formas crueles y ridículas, tiene el corazón de un héroe (¿héroes?) improbable e inspirador.
2. Una batalla tras otra

Paul Thomas Anderson ha tenido una carrera inusual para un cineasta de Hollywood y Una batalla tras otra puede ser su película más inusual: un blockbuster de acción puro y duro llevado a cabo con técnica de un entretenedor nato. La historia se explica como una serie de persecuciones y rescates, pero el ojo de Anderson para la historia reciente de Estados Unidos (prestado del imaginario del autor Thomas Pynchon) la llenan de detalles vívidos y personajes excéntricos. El villano formidable y patético de Sean Penn, el relajado y admirable sensei de Benicio del Toro y la feroz revelación de la joven Chase Infiniti, contribuyen a crear la película más entretenida y emocionante del año, una oda al entusiasmo revolucionario y una tierna historia de padre e hija.
1. Fue solo un accidente

El director iraní Jafar Panahí ganó la Palma de Oro en Cannes con una película que contiene prácticamente todas las emociones que el cine nos puede provocar. La historia empieza con un hombre que busca venganza del oficial que lo torturó cuando fue prisionero político, pero poco a poco suma las vidas de diferentes personajes que buscan una semblanza de normalidad después de haber sufrido demasiado. ¿Qué camino deben tomar para llegar a la paz y la reconciliación? Su recorrido se desvía por momentos de humor, esperanza y empatía que nos ofrecen una mirada variada a la sociedad del país y a las experiencias en que se manifiesta la condición humana. Panahi los conduce con una técnica paciente y preciosa que encuentra la belleza en la distancia, confiando en que una observación casual y cotidiana puede expresar más que los primeros planos.
Fue solo un accidente es un sinuoso viaje la experiencia humana, un tenso e insoportable dilema moral y la mejor película que vi de este año.
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