Park Chan-wook lleva desde 2009 queriendo hacer la película que ahora llega a nosotros como La única opción. Probablemente más, pues la novela de Donald E. Westlake en que se basa se publicó en 1997. La película iba a hacerse originalmente en inglés, pero cuando ningún estudio se animó a financiarla, Park decidió volver a su natal Corea del Sur para hacerla. Esta negativa inicial me hace algo de sentido económico. La única película que Park ha hecho en inglés, Lazos perversos de 2013, no fue precisamente un éxito, y en el tiempo que ha pasado desde entonces los estudios estadounidenses solo se han vuelto más conservadores en la clase de películas que hacen (Park no ha dicho exactamente qué estudios la rechazaron, solo que fueron estadounidenses).

Pero la decisión igualmente confunde, porque La única opción se siente como la clase de historia que Hollywood se enorgullece en saber contar. Como película coreana, recibirá en este lado del mundo el estreno discreto que suele recibir el “cine de arte” cuando en realidad se trata de una genial pieza de entretenimiento, contada con increíble habilidad, con personajes bien delineados y capaz de llevarnos por una enorme variedad de emociones. He visto la película en cines dos veces y en ambas me la pasé de maravilla. Y continúo asombrándome de solo pensar en cómo está hecha.

El largo camino de La única opción a la pantalla tiene un curioso paralelo con su protagonista. Al inicio de la película, Yoo Man-su (Lee Byung-hun) parece tenerlo todo en la vida. Tras décadas trabajando para la misma empresa papelera, a la que entró con una educación mínima, Man-su ha trepado la escalera corporativa a una bien pagada posición como supervisor. Vive en una casa con un espacioso jardín donde puede dedicarse a su pasión por la jardinería y entretener a su esposa Mi-ri (Son Ye-jin), sus dos hijos Si-one (Kim Woo Seung) y Ri-one (Choi So Yul) y sus dos perros cocinando al aire libre. Man-su es un ejemplo de que el trabajo duro rinde frutos. Esto hasta que la empresa es adquirida por otra estadounidense, que empieza haciendo extensos recortes de personal, y Man-su se convierte en unos de los que se quedan sin empleo. 

Man-su dice que solo le tomará tres meses conseguir uno nuevo. Pero pasan trece y no hay señal de que eso sucederá. Los gastos de la familia se siguen acumulando, y muy probablemente tendrán que vender la casa. Man-su eventualmente descubre que otra empresa ofrece el puesto ideal, pero no está seguro de que se lo den a él. ¿De verdad es el más capacitado? Man-su decide no dejar nada al azar y elabora un plan para asesinar a los otros candidatos.

Todo esto suena muy turbio. También ridículo, pero La única opción puede irse a ambos extremos logrando que se complementen—esta mezcla, me imagino, fue lo que hizo dudar a los financiadores; suena como algo complicado de vender al público en general. Espiando a Beom-mo (Lee Sung-min), una de sus víctimas potenciales, Man-su se encuentra con un tropiezo tras otro: una víbora lo muerde, la esposa del hombre A-ra (Yeom Hye-ran) casi lo descubre. Dura violencia y malentendidos cómicos se entrelazan en una escena de acción que involucra a los tres. Coreografiada con precisión y musicalizada con el animado soul de Sam & Dave, es una caricatura con consecuencias muy reales. 

El humor de La única opción no trivializa lo que le pasa a sus personajes. Más bien, contribuye a su complejidad, y permite que sus acciones se vean como el reflejo de un mundo cínico y cruel. Uno donde la vida humana es barata, que lentamente corrompe a Man-su. Cuando se encuentra con otro rival, Man-su le tapa la cara mientras le apunta con la pistola. Todavía no es el asesino frío y sin remordimientos que cree que necesita ser. Fuera de Wonno (Kim Hyung-mook), papá de un amigo de Si-one, potencial comprador de la casa y quien muy torpemente trata de seducir a Mi-ri, los personajes secundarios tienen matices que los hacen mucho más que obstáculos en el camino de Man-su. Los hombres que debe eliminar son un reflejo de sus mismos dilemas, ansiedades, celos e incluso su alcoholismo. Esto no nos impide reírnos, pero nos deja un sabor amargo después de que lo hacemos.

Las ansiedades de la película, de un jefe de familia incapaz de proveer y que en ciertos momentos llega a sospechar que su esposa lo engaña, son tradicionalmente masculinas. En este panorama, el personaje de Mi-ri, añade ricas complicaciones. Lejos de una ama de casa impotente y privilegiada, ella muestra ese mismo férreo y oscuro compromiso a hacer lo que sea para conservar su hogar y su familia. Para el final, La única opción se siente como una historia de amor tan trágica como La decisión de partir, la última película de Park. Y es que la pareja le da oportunidad de exhibir ese talento suyo para conectar escenas y personajes con llamativos efectos visuales: el salto invisible entre él cavando y ella dando vueltas dormida augura esa complicidad casi telepática que mostrarán más adelante—otro momento que no los involucra a los dos, pero que no puedo no mencionar, salta entre presente y pasado con un chasquido de dedos y un encendedor.

El genio de la película va más allá de estos toques ocasionales, a las mismas raíces de la historia. El guion, de Park, Lee Kyoung-mi, Don McKellar y Lee Ja-hye entreteje numerosos elementos narrativos y visuales. El sol, que baña el momento de alegría inicial de la familia, se convierte en una molestia en los ojos de durante una entrevista de trabajo. El trabajo de Mi-ri como una higienista dental es presagio de una muela infectada que tanto molesta a Man-su. La afición de él por la jardinería y su devoción a la voracidad de la industria del papel (algo que su secuencia de créditos final enfatiza) plantean una contradicción que parece irreconciliable. Todos estos detalles hablan de una película a la que no le basta contar una buena historia, sino que busca la unidad, elegancia y armonía de una verdadera obra de arte.

Quizá el elemento que se repite con más propósito es el título mismo de la película, mencionado primero por los empresarios estadounidenses y después por Man-su y sus colegas y rivales. No quiero exagerar el mérito anticapitalista de una película que, después de todo, es financiada por una subsidiaria de CJ, uno de los conglomerados más grandes de Corea del Sur. Pero La única opción ofrece una réplica contundente y al grano a uno de los más nocivos mitos del capitalismo. Uno de sus supuestos méritos está en la aparente libertad que nos ofrece, pero ¿qué libertad existe en realidad cuando las principales opciones son tener o no tener, cuando el dinero es lo que condiciona nuestras decisiones más fundamentales?

Quizá la película se contradice. Man-su, después de todo, no tiene una única opción, puede buscar empleo fuera de la industria papelera. No gozaría de la misma prosperidad, pero si podría darle a su familia una mayor seguridad. Dicho esto, también se puede argumentar que todo lo que Man-su vive y sufre terminan por volverlo irracional. El análisis de la película es psicológico además de sociológico: la competencia feroz y las limitadas oportunidades sacan lo peor de nosotros. Nos roban esa humanidad y nos convierten en monstruos despiadados que, al final, es lo que el sistema necesita para seguir funcionando.


★★★★1/2


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