(Rodrigo Valdés, 2026)

Bullet in the Head es en general considerada como una de las mejores películas de John Woo, pero también una de las que menos he disfrutado. Esto tiene que ver, no tanto con la técnica de la película, sino con su temática. The Killer, Hard Boiled, A Better Tomorrow me emocionan como entretenimiento escapista, melodramas amistad masculina y acción extravagante que poco me hacen pensar en el mundo real. Esto me resulta más difícil con Bullet in the Head, que parte de un hecho histórico bastante conocido como lo es la Guerra de Vietnam. Con esto no quiero criticar la película sino admitir un sesgo personal. Las otras películas de Woo no existen en un vacío histórico. Las que menciono arriba se inspiran en los enfrentamientos entre la policía de Hong Kong y sus triadas. Pero separarme mentalmente de ellas resulta más fácil, en parte por el estilo colorido y exagerado con el que están hechas, pero también porque su contexto me resulta menos familiar.

Menciono mi relación con Bullet in the Head porque se parece un poco a cómo me sentí viendo Venganza, una película de acción mexicana protagonizada por Omar Chaparro y Alejandro Speitzer. Venganza tiene mucho a su favor. Sus escenas de acción me parecieron bien logradas y quedé frecuentemente impresionado por ellas. Pero precisamente porque se trata de una película sobre el ejército mexicano, me cuesta verla como simple entretenimiento sin pensar en todo lo que la rodea.

En una de esas coincidencias que me hacen dudar de las coincidencias, Venganza llegó a cines mexicanos apenas unos días después de uno de los eventos más mediáticos en los que se ha visto involucrado el ejército mexicano recientemente: la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación. Una de las ramas del ejército involucradas en el operativo, el GAFE, son precisamente las fuerzas especiales de las que Venganza se trata. El operativo fue, por supuesto, presentado en los medios como una victoria sin lugar a dudas para el ejército mexicano, aunque me mantengo escéptico. Ésta y la pasada administración presidencial, después de todo, han hecho de las fuerzas armadas una parte cada vez más central de la sociedad y gobierno mexicanos.

Con todo esto en mente, la verdad es que esperaba que Venganza fuera más abiertamente propagandística. Más que celebrar o lavarle la cara al ejército mexicano, la película se acerca a él como las películas comerciales suelen hacer, de manera oportunista. La trama, y no creo que esto sea revelar demasiado, de hecho se trata de corrupción en sus altos mandos, pero esto tampoco basta para convertirla en una crítica. En la película el ejército mexicano es su propio universo, y parece existir de manera independiente al México de la vida real. Es un escenario para regurgitar lo más trillado del cine de acción. 

La premisa de Venganza es tan simple, y tan original, como su título. Omar Chaparro interpreta a Carlos Estrada, un soldado de élite de las fuerzas armadas mexicanas. Después de encabezar la captura de Héctor Luna (Gustavo Sánchez Parra), el líder de un escuadrón de la muerte criminal, Estrada amenaza con irse en contra de sus cómplices, lo que inspira represalias. Mientras celebran su victoria en un hotel playero, él y su tropa son atacados por un grupo de asesinos que matan a Alicia (Iazua Larios), su esposa. Seis meses después, Estrada se ha convertido en un absoluto cliché: ahogando su duelo en alcohol y otras sustancias, visitado esporádicamente por su compañero Miguel Díaz (Alejandro Speitzer).

Esta situación muy seria y solemne choca con cosas muy improbables que pasan más adelante. Díaz le deja a Estrada diez mil pesos para que se sostenga un tiempo más, pero éste los rechaza y se los da a un vendedor de la lotería, quien le entrega todos sus boletos. Estrada, quien solo quería deshacerse de un dinero que recibió por lástima, cambia de parecer cuando uno de los boletos resulta ser el ganador de un premio mayor de mil millones de pesos. Convertido de la noche a la mañana en multimillonario, Estrada decide invertir sus fortuna en una misión para encontrar y matar a los responsables de la muerte de Alicia, surtiéndose de un arsenal de alta tecnología y contratando los servicios de su vieja tropa, la cual incluye a Lola (Natalia Solián) y a Chunco (Luis Alberti). Díaz, aunque invitado a participar también, la rechaza en un principio pensando en la seguridad de su propia familia.

La trama es una excusa para unir sus varias secuencias de acción, las cuales están razonablemente bien montadas. Me atrevo a decir que en general están mejor hechas que las de muchas películas de Hollywood actuales. La fotografía de Kenji Katori tiene paciencia y disciplina. La cámara se mantiene fija o se limita amovimientos simples para que la coreografía y los impactos se registren con claridad. Los escenarios agregan algo de variedad: la pelea de Estrada contra un asesino en el hotel usa un cable de teléfono, la tapa de un excusado y un sacacorchos como armas, por lo que no se siente solo como un intercambio de golpes y disparos. Este dinamismo se extiende a las escenas de diálogos, donde el buen instinto de colocar la cámara debajo de sus personajes, en ángulo, les da algo de grandiosidad y drama. El mayor pero técnico de su fotografía está en sus escenas nocturnas, en apagados azules, que nos obligan a forzar la mirada para tratar de distinguir siquiera qué está pasando. La secuencia final, en un edificio abandonado pero en plena luz del día, es fácilmente la más extravagante y mejor lograda.

La película presenta todo esto como algo muy emocionante. Aunque hace un guiño hacia la futilidad de la venganza, a que Estrada no puede recuperar a su esposa infringiendo violencia contra los que se la arrebataron, sus acciones son presentadas en términos generalmente heroicos y nobles, con un efecto positivo neto. Se puede argumentar también que, como Estrada y su tropa se rebelan contra el ejército, la película no es una celebración del ejército sino que está en oposición a éste. Pero un par de huecos con este argumento es que la película nunca cuestiona la institución en sí, sino que presenta la corrupción como algo que se puede resolver eliminando a un par de malos agentes dentro de ella. Y que, aunque Estrada y su tropa actúan fuera del sistema, la película colorea sus aventuras con la misma reverencia a las armas, la sangre y el sacrificio que caracterizan a la más descarada propaganda militar.

Dicho todo esto, si no disfruté Venganza no es tanto por motivos ideológicos sino porque, como entretenimiento, no creo que funcione de verdad. La película me parece bastante competente en sus secuencias de acción, pero no tanto al momento de construir un tono coherente que nos diga qué sentir por ellas, ni cuando se trata de crear personajes con los que podemos simpatizar. En sus primeros minutos, Venganza salta de una psicodélica caricatura que muestra a Estrada y su tropa en toda clase de poses llamativas, a una odisea oscura y deprimente que se toma muy en serio.

No culpo a Omar Chaparro por la apatía que me despierta Carlos Estrada. No soy gran admirador del actor pero tampoco me desagrada como a quienes dicen que él y Martha Higareda son todo lo que está mal con el cine mexicano actual. Aquí tiene menos rango y personalidad que en algunas de sus comedias pero en momentos se nota más o menos afable, y es creíble como un líder que inspira admiración y lealtad en sus igualmente duros compañeros. Pero su caracterización me hace sentir que la película no sabe si quiere un imparable héroe de acción o un antihéroe atormentado. Estrada se gana algo de lástima tras la muerte de su esposa, pero la pierde cuando lo vemos torturar a un enemigo martillándole clavos en la pierna. Ambos eventos podrían sugerir una psicología complicada, pero la película nunca se atreve a mirar más allá, por lo que se convierten en acentos crudos y reales en una película finalmente hueca.


★★


https://storage.ko-fi.com/cdn/brandasset/kofi_s_logo_nolabel.png?_gl=1*ctd280*_ga*NzgwOTE0NzE3LjE2NzgxMjgzMjI.*_ga_M13FZ7VQ2C*MTY4MzQ5MjY3OS41My4xLjE2ODM0OTI3NjUuMzYuMC4wÉste artículo, como el resto del archivo de Pegado a la butaca, llega a ti de manera gratuita. Si te interesa apoyar esta labor de crítica de cine independiente, te invito a realizar una donación a través de Ko-fi, a partir de 1 USD, o a compartirle esta publicación a alguien que creas que le puede gustar. ¡Gracias!