(The Disaster Artist; James Franco, 2018)
El culto alrededor de The Room siempre ha tenido algo de perverso. Un poco porque la película es en términos técnicos terrible, y el placer de verla se deriva de burlarse de sus muchas fallas; también porque la validación, aunque sea irónica, de la película se ha vuelto difícil de distinguir de la validación de su horrorosa visión del mundo y de Tommy Wiseau, el excéntrico y misterioso cineasta responsable de su creación. No se necesita hacer un análisis muy profundo para apreciar que The Room le tiene muy poco aprecio a toda persona que no sea Tommy Wiseau, y mucho menos a las mujeres. En ella, Wiseau interpreta a un “típico hombre estadounidense” cuya vida es destrozada por las traiciones de su prometida, una caricatura de maldad pura, y su mejor amigo.
En algún momento fue reconfortante creer que el descarado narcisismo y sexismo de la película no le habían ganado mucho más que el morboso interés de unos pocos. Hoy en día es difícil saber qué es lo que el mundo piensa en realidad de Tommy Wiseau. Imágenes de sus apariciones en persona lo presentan como una figura amable y bonachona rodeada de un séquito que lo trata como una estrella de verdad. Wiseau y The Room han dejado de ser objetos de ridículo para convertirse en curiosidades casi divinas. Es como si el perverso punto de vista mostrado por la película y las terroríficas anécdotas del detrás de escenas de su producción nunca hubieran sucedido. The Disaster Artist: Obra maestra, una nada terrible película dirigida por James Franco sobre la producción de la terrible película de Wiseau, aunque ofrece una mirada iluminante sobre los detalles de su realización, mayormente se contenta con perpetuar su culto.
The Disaster Artist es una extensión de la marca Wiseau cuando debería ser una de las más extrañas películas sobre el negocio del espectáculo. Su interpretación de la saga de The Room abre con Greg Sestero (Dave Franco), un actor tratando de sobrevivir en la escena de San Francisco, interpretando una escena para su clase de actuación. Greg es inseguro y su escena está llena de titubeos y pausas incómodas. Su maestra (Melanie Griffith, uno de tantos cameos) lo manda bajar del escenario e invita a alguien más a pasar. Un hombre alto, con una larga y descuidada cabellera negra y con un indescifrable acento acepta el desafío. Éste es Tommy Wiseau (James Franco). La cámara gira alrededor de él, como maravillada por su mera presencia. Tommy procede a interpretar una escena de Un tranvía llamado deseo. Su actuación es brutal, animal, pero no necesariamente buena. Greg, sin embargo, queda fascinado con la capacidad de Tommy para entregarse a la escena y se acerca a él con la intención de ser su compañero en clase.

Greg y The Disaster Artist cometen un error bastante similar en que confunden la falta de vergüenza de Tommy con confianza y determinación. La verdad es que Tommy es profundamente inseguro, hasta mucho más que Greg; no es que esté más allá de las reglas de la buena conducta, es que simplemente no las conoce. Si puede recitar ruidosamente los diálogos de una obra en medio de una cafetería no es porque no le importe lo que piensen los demás, más bien piensa que está dando una actuación digna de ganar un premio de la Academia. Cuando llega el momento de hablar de sí mismo, Tommy se encoge y huye. No se atreve a revelar su edad (dice que tiene la misma que Greg, diecinueve, algo que por supuesto nadie cree), no quiere decir de dónde proviene (dice que es de Nueva Orleans) y no quiere revelar de dónde sacó dinero para comprar un apartamento en San Francisco y otro en Los Ángeles y un Mercedes Benz nuevo.
Greg, a pesar de que no sabe nada de su nuevo compañero, llega a simpatizar profundamente con él. Los une admiración hacia James Dean (algo que también comparten con James Franco, lo que hace su papel como director y protagonista de la película aún más apropiado) y el sueño de ser grandes actores. Juntos deciden mudarse a Los Ángeles para tratar de hacerla en la capital del espectáculo. Greg consigue un agente y empieza a hacer contactos, pero Tommy, quien insiste en aplicar para papeles amigables a pesar de que agente tras agente le dice que luce como Frankenstein o Drácula, tiene mucho menos éxito. Esto coloca a Greg en una situación por demás incómoda. Él de verdad aprecia a Tommy, pero juntarse con él le dificulta vincularse con otras personas que podrían avanzar su carrera o con su novia (Alison Brie). Tommy está financiando su carrera sin recibir nada a cambio, pero es también celoso y posesivo con su nuevo mejor amigo.
A The Disaster Artist le toma tiempo llegar a lo que debería ser la sustancia de la historia: la filmación de The Room. Después de ser rechazado por enésima vez, Tommy decide escribir su propia película y hacerla con él y Greg en los papeles principales. El rodaje es anómalo desde el principio. Tommy insiste en comprar el equipo en lugar de rentarlo como se acostumbra y en filmar la película en celuloide y alta definición simultáneamente (frivolidades como ésta explican por qué The Room luce como si hubiera costado solo una fracción de los seis millones de dólares de su presupuesto). Las escenas que nos muestran el detrás de escenas de The Room son emocionantes no sólo por el misterio que en la vida real todavía rodea la producción, sino también porque como director, Franco crea una atmósfera viva y compleja: cada miembro del equipo de filmación de The Room tiene la oportunidad de desarrollar un poco de personalidad y la fricción entre Wiseau, el supervisor de guion Sandy Schklair (Seth Rogen) y el director de fotografía Raphael Smadja (Paul Scheer) llena de tensión a más de una escena.

En retratar el detrás de cámaras de The Room, Franco recrea el ambiente de una producción real. Siempre hay personajes en el fondo, ya sea empeñados en hacer su trabajo o viendo la catástrofe desde una distancia segura. El trabajo de cámara es casi documental, y hace sentir todavía más que en cualquier momento todo está por salirse de control. Tener a Tommy, un claro narcisista en la silla del director es especialmente escalofriante porque a medida que la producción avanza, se vuelve evidente que lo que lo atrae a todo esto no es la oportunidad de contar una historia cercana a él, sino la de controlar a los que alguna vez le dijeron que estaba equivocado. El dinero de Tommy no le alcanza para hacer una impresión en Hollywood, pero sí para que este pequeño equipo haga lo que le plazca y soporte sus caprichos. Él disfruta ser rey.
The Disaster Artist ocasionalmente se asoma al lado oscuro de Wiseau, pero es mayormente una visión simplificada de lo que probablemente sucedió en realidad. En la película vemos cómo Tommy despide personal clave en un capricho, le niega agua y aire acondicionado a su equipo y obliga a una actriz a filmar desnuda en un sed abierto a la vista de todos, pero no hay nada que explique por qué estos mismos finalmente asisten gustosos a la premier. Una persona horrible o no, Tommy Wiseau sigue siendo una de las figuras más fascinantes del cine independiente. Director, guionista, estrella y financiador a la vez, Wiseau puede presumir ser uno de los pocos en hacer una película con prácticamente ninguna intervención externa. The Room es una mirada al interior de su mente y por lo tanto se siente todavía reveladora e increíblemente personal. Su fijación con Estados Unidos se siente un poco trágica. No sabemos de dónde es Tommy, sólo que tan desesperadamente trata de parecerse a un estadounidense normal.
Lo que parece llamar la atención de James Franco, sin embargo, es la relación entre Tommy y Greg: es matizada y fascinante y la película la retrata con tanta calidez que el que los papeles principales los interpreten los dos hermanos Franco no se siente como un accidente. La actuación de James es especialmente genial, atinándole a los ritmos y al acento de Wiseau sin caer en la caricatura, tan hábilmente convenciéndonos de que Tommy existe en su propio planeta. Al mismo tiempo que la historia de The Disaster Artist: Obra maestra trata de ser inspiradora, es difícil ignorar que Tommy es también un ejemplo de cómo los hombres que controlan el dinero son quienes terminan controlando a los demás. Dado que Tommy es un total dictador dentro y fuera del set (incluso con Greg, quien se supone que es su único amigo de verdad), el que la película lo convierta en una figura de culto se siente, cuando menos miope, cuando mucho malicioso.