(Vaioretto Evāgāden: Eien To Jidou Shuki Ningyou; Haruka Fujita, 2020)

La serie de Violet Evergarden siempre tuvo algo más debajo de su encantadora superficie. Su protagonista, de quien toma su nombre, es una joven veterana de guerra que ingresa a trabajar a una compañía postal como una “auto memory doll”, una escritora fantasma para personas que necesitan redactar cartas personales. Pero Violet (voz de Yui Ishikawa) solo ha conocido la tiesa disciplina del ejército e ignora las sutilezas del contacto humano que son fundamentales para su nuevo trabajo. Es veloz y precisa con una máquina de escribir, pero le cuesta hallarles sentido a las emociones de sus clientes, así como a las de ella misma.

A lo largo de la serie corre la idea de que los códigos sociales que damos por sentados no necesariamente son naturales a nosotros, de que procesar y expresar nuestros sentimientos son una habilidad adquirida tanto como lo son leer y escribir. La historia de Violet como persona es también la historia de ella aprendiendo a socializar y entender lo que siente. Hay una constante tensión entre el cuerpo humano, reducido a sus funciones mecánicas, y la capacidad emotiva y expresiva que nos permite; entre la herramienta y el individuo. Es un conflicto que es reforzado por pequeños elementos steampunk: los brazos robóticos de Violet, así como el término “auto memory doll”, que invita a pensar en ella y sus compañeras de trabajo como meras extensiones de las funciones mentales de sus clientes.

Cada episodio de la serie típicamente involucra a Violet viajando a localidades cercanas para redactar una carta para un cliente en particular. Cada encuentro la obliga a trabajar de cerca con las emociones de otros y la acerca al entendimiento de las suyas. La socialización no es solo una habilidad que aprendemos, pero es también la forma en que la aprendemos. Esta estructura le permite a Violet evolucionar gradualmente, al mismo tiempo que cada capítulo se siente como una historia individual y contenida. Violet Evergarden: Eternity and the Auto Memory Doll, el primer largometraje derivado de la serie, sigue un formato bastante similar.

Violet es enviada a un prestigioso internado para mujeres para asistir a la joven Isabella York (voz de Minako Kotobuki) en su formación como debutante. Isabella es solitaria e inadaptada, y piensa en su estadía en la institución como un encierro. Esta primera parte de la película es también la más solida, en gran medida porque las historias de Violet e Isabella se complementan de manera interesante. De alguna manera, Isabella está en el internado también para aprender a socializar, solo que en sentido contrario que Violet: está ahí para limar las asperezas de su personalidad y asimilar los rígidos rituales de la vida aristocrática. Violet, quien se hace pasar por una más de las alumnas, pronto destaca naturalmente en áreas como postura y sintaxis, impresionando a todas sus compañeras.

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Eternity and the Auto Memory Doll, como la serie original, es producida por Kyoto Animation y es una obra visualmente estupenda de una de las principales casas de animación de Japón (su estreno japonés no fue retrasado por el trágico incendio provocado que sufrió la productora el 18 de julio de 2019, donde murieron 34 personas y otras 36 resultaron heridas; la película está dedicada a las víctimas). Dirigida por Haruka Fujita, la película cambia el widescreen tradicional de la televisión de alta definición por el formato panorámico más asociado con el cine. Las composiciones más amplias son un buen complemento a la historia, particularmente temprano: el espacio negativo en pantalla crea una distancia emocional entre Violet e Isabella que la protagonista debe encontrar la forma de atravesar, al mismo tiempo que le da una sensación de enormidad a los pasillos y salones de la escuela. En cuanto a los personajes, especial atención se le presta a las sombras y los detalles faciales, particularmente los ojos, vivamente expresivos.

Toma algo de tiempo pero Violet finalmente logra ganarse la confianza de Isabella. La futura debutante revela pedazos de su historia poco a poco, a través de flashbacks que en un principio resultan evocativos y difusos antes de volverse obvios y explicativos. Ella creció en las calles como Amy Bartlett, una hija ilegítima de la familia York. A pesar de su situación paupérrima, decidió adoptar como su hermana a Taylor (Aoi Yūki), una niña varios años menor que ella. Amy prometió protegerla de sufrir lo mismo que ella, pero nunca pudo garantizarle una vida verdaderamente próspera. Cuando los York se encuentran a las dos niñas, aceptan dejar a Taylor en el cuidado de un orfanato que cubra sus necesidades básicas, con la condición de que Amy regrese a vivir a con la familia.

Eternity and the Automemory Doll empieza como una película que atesora los pequeños momentos: la tensión y floreciente amistad entre Isabella y Violet, la simpática manera en que la segunda viene a ocupar los roles de pareja de baile y confidente. La película no necesita que mucho suceda para que estas viñetas se sientan importantes; uno puede percibir las emociones que corren debajo de la superficie y cómo su relación evoluciona de una obligación a algo más. Pero el extendido flashback de Isabella le pone un freno a todo esto, y casi tan pronto como termina de contar su historia, la película la hace a un lado. Violet termina sus tres meses en el internado y regresa a su trabajo regular alrededor de los cuarenta y cinco minutos de tiempo en pantalla.

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Tres años después, Taylor se aparece buscando a Violet. Pero Taylor no llega buscando cómo encontrar a su hermana, sino trabajo. Ella quiere seguir los pasos de Benedict (voz de Koko Uchiyama), el compañero de Violet que alguna vez le entregó las cartas de su hermana cuando era más pequeña. Es un desarrollo dulce, derivado de cómo los eventos de la infancia pueden quedarse grabados en nuestra mente e influir en nuestras vidas varios años después. Benedict apenas y se acordaba de ella, quien lo convirtió en un punto focal de su vida.

La segunda mitad de la película tiene mucho qué ofrecer; una vez que deja el internado, nos puede mostrar más de su mundo inspirado en la Europa de principios del siglo XX. Los carros, los vestuarios y la arquitectura (incluyendo un edificio en construcción que se parece demasiado a la Torre Eiffel), sugieren una ciudad bulliciosa que se eleva de las cenizas de la guerra, dando bienvenida a nuevas tecnologías y actitudes. Y hay toques de Charles Dickens en cómo su narrativa se extiende por años y cómo los súbitos cambios de fortuna económica y las obligaciones de la sociedad repercuten en las vidas de sus personajes. Pero la película no encuentra cómo tejer la historia de Taylor con la de Violet como hizo con la de Isabella, por lo que la segunda mitad se siente como una tangente, un episodio que se conecta pero no necesariamente se enriquece con lo que vino antes mutuamente.

La película conserva el espíritu original de la serie en que cree en el poder comunicativo y expresivo de la palabra y reconoce las complicaciones de relacionarse con los demás. Hay referencias a episodios anteriores, pero una familiaridad previa no es necesaria. Una mención a la vez que Violet trabajó en un observatorio, el cameo de una compañera y la forma en que se refiere a su broche de esmeralda, son detalles que cargan importancia adicional para quienes han visto la serie, pero son inofensivos y hasta simpáticos por sí solos. Su forma de contarlas deja un poco que desear, pero las dos historias de Violet Evergarden: Eternity and the Auto Memory Doll son dulces y melancólicas, así como preciosamente animadas.

★★★

Violet Evergarden: Eternity and the Auto Memory Doll está disponible por streaming en Netflix.