(Yesterday; Danny Boyle, 2019)

¿Hay algún artista pop que sea considerado sinónimo del genio musical de manera tan unánime como los Beatles? Cuando la revista Rolling Stone armó su lista de los 100 más grandiosos artistas de la historia, el cuarteto de Liverpool se plantó firmemente en el primer lugar, y cuando el autor Malcolm Gladwell escribió el libro Outliers: The Story of Success, sobre los factores que producen el éxito, ellos fueron su único caso de estudio del medio de la música y del arte. Para Gladwell, sus maratónicos conciertos en los clubes de Hamburgo entre 1960 y 1962 fueron el momento clave de su carrera; donde acumularon las 10 mil horas que según él son necesarias para desarrollar el genio de clase mundial. Sus logros sin precedentes al parecer solo fueron posibles gracias a una dedicación y esfuerzo igualmente sobrehumanos.

Yesterday es una película sobre la enorme estampa cultural de los Beatles y, no sorprendentemente, es también empequeñecida por la reputación de la banda. Pero hay algo ingenioso sobre la forma en que utiliza su música y su legado, como un peso que cargar y como una invitación a la comunidad al mismo tiempo. No les hace justicia y, la verdad ¿cómo podría? Pero su simpleza y ocasional insipidez extrañamente funciona a su favor: ¿es un fracaso de su parte, o una extensión de lo imposible que es capturar el verdadero genio? Si la película es mediocre, es mediocre con intención.

Los dos grandes nombres detrás de Yesterday son también icónicos a su manera. Uno es el director Danny Boyle, ganador del Oscar cuya filmografía constituye el largo y sinuoso camino de la comedia negra sobre la adicción Trainspotting (y su reciente e igualmente improbable secuela), a la ciencia ficción dura de Sunshine, el cine de zombies de 28 días después, a cintas premiadas como Quisiera ser millonario, 127 horas y Steve Jobs. El segundo es el guionista Richard Curtis, mejor conocido por las comedias románticas Cuatro bodas y un funeral, Un lugar llamado Notting Hill, Realmente amor y Cuestión de tiempo. Es una combinación inusual, pero que extrañamente funciona. El guion de Curtis, bastante convencional, permite que la típica creatividad visual de Boyle emerja sutilmente (al mismo tiempo que juega mesuradamente con los aspectos surreales de su premisa), mientras que la mano firme de Boyle mantiene la historia enfocada, algo que a Curtis le ha costado en las películas que él mismo ha dirigido (quienes hayan visto el tráiler podrán recordar a Ana de Armas, en un papel que fue recortado totalmente; aun sin lo que parece haber sido un personaje originalmente importante, no se siente que falta una parte importante de la historia).

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Jack Malik (Himesh Patel) es un cantante y compositor de un pueblo playero de Suffolk, cerca de Londres. Hace tiempo abandonó un puesto de maestro de tiempo completo para dedicarse de lleno a su carrera musical. Sus amigos le brindan apoyo incondicional: Nick (Harry Michell) y Carol (Sophia Di Martino) son los únicos que parecen disfrutar sus canciones (o quizá solo están siendo amables), mientras que Ellie (Lily James), su mejor amiga de la infancia, ha sido su manager desde siempre (también lleva años enamorada de él, pero Jack no se ha dado cuenta, ¿será un comentario de lo ensimismado que está?). Pero después de diez años intentando triunfar, Jack no ha progresado más allá de un trabajo de medio tiempo en un almacén y una presentación en una tienda prácticamente desierta en el festival regional de Latitude.

Está a punto de darse por vencido cuando un misterioso apagón que ocurre alrededor del mundo lo convierten a él y a su bicicleta en las víctimas de un choque de autobús. Jack vuela varios metros por el aire y cuando despierta, se da cuenta de que ha perdido sus dos dientes delanteros y de que nadie en el mundo recuerda la existencia de los Beatles; no hay el menor rastro de su carrera musical. Yesterday no está muy interesada en realidad en cómo sería un mundo sin los autores del segundo mejor álbum Let It Be. Sesenta años después de que uno de los artistas musicales más populares e influyentes de la historia nunca existieron, no mucho ha cambiado (la banda Oasis no existe; la Coca-Cola y los cigarros tampoco, por alguna razón). ¿Habría sido fascinante una película que de verdad lo explore? Quizá, pero esa no es la película que Curtis y Boyle decidieron hacer, y creo que Yesterday debe ser juzgada en sus propios méritos.

Jack decide probar suerte una vez más, reconstruyendo de su memoria las canciones de John, Paul, George y Ringo y presentándolas como si fueran suyas. Después de algunas tocadas en bares y fiestas, un disco grabado en un minúsculo estudio (al lado de vías del tren activas) y pasar vergüenza en un programa de televisión local, Jack es contactado por nada más y nada menos que Ed Sheeran, quien lo invita a ser telonero en su gira más reciente (Sheeran, interpretándose a sí mismo, tiene la gracia de reírse de sí mismo; la trama lo convierte en el blanco de los chistes en más de una ocasión, en un momento sugiere cambiar la letra de “Hey Jude” con la sinceridad de alguien que no sabe que está arruinando un clásico). Después de su concierto en Moscú, Debra Hammer (Kate McKinnon), la manager de Ed, invita a Jack a Los Ángeles a convertirse en su cliente, con ojo a convertirlo en el artista musical más grande del mundo. McKinnon, mejor conocida por Saturday Night Live, se compromete con el papel, aunque su actuación es caricaturescamente malvada y que no encaja del todo con el resto de la película.

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Yesterday cubre territorio temático familiar: es una de tantas historias sobre aprender a apreciar las personas que nos rodean y ponerlas antes que la persecución del éxito. Pero la actuación de Patel y su química con James hacen que hasta los momentos más absurdos se sientan tiernos y creíbles; mientras que Boyle y Curtis abordan los temas de la historia con sinceridad, tanto que sus aforismos trillados se sienten como verdaderas dosis de sabiduría. Es una empática mirada al síndrome del impostor: Jack, más que un mentiroso tratando de salirse con la suya fingiendo que las canciones de los Beatles son suyas, está palpablemente afligido por el sentimiento de que nunca será suficiente. La película, en lugar de recriminárselo, es comprensiva hacia su situación.

He estado pensando en en Yesterday desde su estreno en septiembre pasado y más ahora durante la cuarentena. El aislamiento está creando una ruptura de nuestros vínculos sociales tradicionales, y la interrupción de las actividades rutinarias una presión adicional a ser productivo. Yesterday de alguna manera pone de muestra lo natural que se ha vuelto para nosotros la noción capitalista del éxito individual, típicamente mediante la inhumana dedicación a una sola cosa. Su reconfortante y sí, quizá ingenua y nostálgica, alternativa es ese sentido de comunidad de nuestro inmediato y aquellos con los que conectamos a través del arte (es mi imaginación, ¿o es el final de la película un tanto pro-piratería?). Hay una genuina melancolía en la forma en que Yesterday involucra a John Lennon, como un recordatorio de que una vida humilde pero compartida no es un pobre sustituto para una de excepcionalidad. No todos podemos ser los Beatles, y no hay problema con eso. La mayoría de las veces, lo mejor de nosotros es más que suficiente.

★★★

Yesterday está disponible vía streaming en HBO.