En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver C’mon C’mon: Siempre adelante, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.


(C’mon C’mon; Mike Mills, 2022)

C’mon C’mon: Siempre adelante de Mike Mills es la historia de Johnny (Joaquin Phoenix) y su sobrino de nueve años Jesse (Woody Norman). Johnny es un periodista de radio y Jesse es el hijo de su hermana, Viv (Gaby Hoffman). Johnny y Viv no se han hablado en mucho tiempo, desde que su madre con demencia falleció, y siempre tuvieron una relación complicada. Sus padres siempre parecieron preferir a Johnny más que a ella, cosa que ella resentía. Pero cuando Paul (Scoot McNairy) el esposo de Viv, quien se acaba de ir a Oakland por motivos de trabajo, tiene una crisis nerviosa, ella tiene que ir a cuidar de él. No teniendo quien cuide a Jesse, Viv recurre a Johnny.

Johnny viaja a su casa en Los Ángeles y acepta cuidar de Jesse unos pocos días, lo que primero involucra acostumbrarse a los comportamientos excéntricos del niño. El primer día se levanta para encontrarlo poniendo música de ópera a todo volumen. También le incomoda uno de sus juegos, en el que Jesse finge ser un huérfano y él debe ser un padre que acaba de perder a su propio hijo. La situación es manejable, pero cuando Viv encuentra a Paul más grave de lo que esperaba, Jesse se ve obligado a quedarse más días con Johnny. Dado que Johnny también tiene compromisos de trabajo, Jesse lo acompaña, primero a Nueva York y después a Nueva Orleans.

C’mon C’mon no tiene nada de pretenciosa en su realización. Es una película deliberadamente pequeña, enfocándose en un par de personajes, simples interacciones y no mucho en lo que respecta a trama. La fotografía en blanco y negro le permite transitar entre los diversos espacios de varias ciudades sin perder unidad visual ni la sensación de que lo que vemos es espontáneo y natural. Al mismo tiempo, la fragmentación es algo que abraza, cortando liberalmente entre el día a día de Johnny y Jesse con momentos del pasado–recuerdos Johnny, Viv y su madre en el hospital, o de Jesse con sus padres–y paisajes urbanos que la hacen sentir decididamente como un comentario sobre sus muy específicos tiempo y espacio.

Nublando los límites entre un drama con toques cómicos y un ensayo visual, C’mon C’mon incorpora referencias explícitas a otros textos. La bibliografía de la película incluye libros para niños como El mago de Oz, pero también escritos sobre la maternidad de Jacqueline Rose y sobre la ética documental de Kirsten Johnson. A través de ellas obtenemos nuevas perspectivas sobre el Viv y sobre la forma en que sus personajes se comunican entre ellos.

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El más visible rastro de documental de la película está en el trabajo de Johnny, quien entrevista a niños de distintas ciudades sobre problemáticas de gran escala: cómo ven el futuro, qué opinan de los adultos, entre otras cosas. Es un contraste muy claro a su relación con Jesse–en un principio quiere hacerle las mismas preguntas a su sobrino, pero éste se resiste; para Johnny es un acto automático, no se ha ganado su confianza todavía. Pero también añade una multitud de perspectivas a uno de sus temas centrales, que es la forma en que los niños ven el mundo. Su capacidad de articular pensamientos complejos, quizá imperfectos y una comprensión innata de fenómenos como el cambio climático y la gentrificación. Pueden no tener la terminología correcta, pero los han vivido y nadie es mayor autoridad sobre su propia experiencia. A medida que la película avanza, venimos a entender las acciones de Jesse menos como los caprichos de un niño y más como una respuesta más o menos coherente a las dificultades a su alrededor. Habita su mundo propio, como todos lo hacemos.

La relación entre Johnny y Jesse es definitivamente cálida y tierna, pero no es perfecta. Para sentirse real, no debería serlo. Johnny pierde a Jesse de vista en más de una ocasión, en otro momento le grita. Son manifestaciones naturales y comprensibles de sus flaquezas humanas, pero que tienen consecuencias. Las guías para disculparse o para manejar la ansiedad pueden parecer cursis, pero tienen su utilidad.

C’mon C’mon: Siempre adelante es una película sobre aprender a escuchar. Aquí la grabadora de Johnny se convierte en una versátil metáfora. Un juguete para que Jesse vea el mundo que lo rodea de otra manera, una tecnología que media una conversación entre dos personas, un espacio de confesión para ordenar lo que pensamos y sentimos. La película una reivindicación de nuestros sentimientos, una invitación a sentirlos a flor de piel y buscar la forma de procesarlas y expresarlas de manera correcta, sobre todo como hombres–aunque su situación es más compleja, el personaje de Paul, siempre en los márgenes, está ahí como un ejemplo de lo que pasa cuando nos rehusamos a hacerlo, o no podemos. No tiene miedo de ser obvia, precisamente porque aboga por esa forma simple y nada rebuscada de expresarse, porque reconoce que nuestros intentos de sonar inteligentes, profundos o irónicos, son a veces un mecanismo de defensa. Una forma de evitar el mostrarnos vulnerables. Es Jesse quien de manera perspicaz los reconoce como puro bla, bla, bla.


★★★★