En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver El peso del talento, o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.


(The Unbearable Weight of Massive Talent; Tom Gormican, 2022)

Nicolas Kim Coppola, mejor conocido como Nicolas Cage, es una figura cuyo encanto es único y difícil de explicar. Aunque ha ganado un Oscar (y fue nominado para otro) y ha estado al frente y al centro de numerosos éxitos de taquilla, tiene un no sé qué que lo hacen diferente de otros actores aclamados y estrellas de cine. Algo que lo distingue es que sus actuaciones malas tienden a ser tan cautivadoras o memorables como sus actuaciones buenas. Sus bizarras interpretaciones en notorios fracasos como El culto siniestro de Nail LaBute tienden a eclipsar sus participaciones más sutiles y emotivas como en la que dio en Los tramposos de Ridley Scott. Papeles como el del villano de Contra/Cara de John Woo hacen que cualquier intento de distinción sea irrelevante

En años recientes, Cage ha gozado, si no de un renacimiento, por lo menos de una reevaluación. Le ayudan el que películas relativamente olvidadas como El beso del vampiro hayan tenido larga vida en memes y compilaciones de YouTube. A esta reinvención también contribuyen el haber dejado atrás sus compras extravagantes, sus problemas fiscales y las películas de acción de bajo presupuesto a las que recurrió para saldar sus deudas. Trabajos bien recibidos por la crítica como Mandy de Panos Cosmatos y Pig de Michael Sarnoski hacen que se vuelva a hablar de él como un gran actor y punto. En este sentido, su participación en El peso del talento de Tom Gormican se siente como una vuelta de la victoria, un homenaje autorreferencial a una larga y fascinante carrera.

En ella, Nicolas Cage interpreta a Nick Cage, una versión ficticia de sí mismo. Detalles de su vida han sido cambiados para acomodarse a la historia, aunque su filmografía sigue intacta, facilitando multitud de referencias. El peso del talento abre con Nick Cage en un momento crítico de su vida y su carrera. Hay un papel cinematográfico que añora como su oportunidad para regresar a la cima de su profesión, pero que después de dejar una mala impresión a uno de los realizadores, tiene pocas posibilidades de obtener. Su relación con su exesposa Olivia (Sharon Horgan) y su hija adolescente Addy (Lily Sheen) ha sufrido por su egocentrismo y falta de atención. Nick debe 600 mil dólares al hotel donde se ha estado quedando y el único trabajo que Fink (Neil Patrick Harris), su agente, ha podido conseguirle es animando la fiesta de cumpleaños de un multimillonario español.

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Javi (Pedro Pascal), el ya mencionado multimillonario, lo sorprende desde el principio con sus extrañas peticiones. Le da un guion suyo que quiere que Nick protagonice y después finge una persecución para poder compartir una escena de acción con él. Pero Javi demuestra ser un admirador sincero y los dos pronto conectan por su mutuo interés en el cine. Cage y Pascal tienen buena química y hacen un dúo cómico simpático; a pesar del escenario rebuscado, los dos construyen una plausible y enternecedora amistad. El casting de Pascal es central para esto. Pascal brilla, pero más importante aún, está ahí para sacar lo mejor de su coestelar. El infantil entusiasmo de Javi contrasta con la acidez de la hastiada estrella de cine Nick Cage.

Pero la trama se entromete. Nick es abordado por dos agentes de la CIA (Tiffany Haddish y Ike Barinholtz) que le dicen que Javi es sospechoso de encabezar una red internacional de tráfico de armas. Ésta acaba de secuestrar a la hija del presidente de Cataluña para un chantaje político que al final importa poco, y necesitan que Nick lo investigue. Barinholtz y Haddish pueden ser divertidos, pero el guion, de Gormican y Kevin Etten, no les da mucho material; solo pueden recurrir a subir el volumen de sus diálogos para llenar el hueco donde deberían estar las personalidades de sus personajes. El espionaje es el componente más flojo de la película. Secuencias como una en la que Nick debe deslizarse por una cornisa, adormecido por un químico, sugieren que, sin Nicolas Cage, El peso del talento es una comedia de acción genérica y no particularmente inspirada.

El peso del talento no funciona sin Nicolas Cage. ¿Pero funciona con él? Mayormente sí. Como una historia sobre la industria y el arte del cine es decepcionantemente ingenua y superficial. Sus credenciales cinéfilas las respaldan solo sus alusiones a otras películas de la filmografía de Cage (las pistolas de Castor Troy en Contra/Cara, por ejemplo, se convierten en un punto en la trama). No hay nada profundo o transformador en la forma en que las trata: la película alude al amor de Cage por El gabinete del Dr. Caligari, pero nunca halla esa conexión entre el expresionismo alemán y lo operático de las actuaciones de Cage. Fuera del lenguaje altisonante, tiene más en común con las películas de La leyenda del tesoro perdido que con la gran obra autorreferencial de su carrera El ladrón de las orquídeas. Pero su admiración por el actor no es menos sincera y cerca del final logra convertirla en algo tierno. Cage, por supuesto, se entrega a la mofa de sí mismo como ha hecho previamente con papeles tanto excelentes como terribles: los tics, los énfasis incongruentes, la sensación de que puede explotar en cualquier momento y más importante, la palpable emoción de estar ahí. El peso del talento tropieza en varias cosas pero cumple en la más importante: en el enorme placer que es ver a Nicolas Cage en la gran pantalla.


★★★