En México, las salas de cine se encuentran abiertas de nuevo, pero la contingencia sanitaria por COVID-19 continúa. Si deciden ver X o cualquier película en cines, asegúrense de seguir las recomendaciones de higiene y seguridad pertinentes.
(X; Ti West, 2022)
Si hay una película a la que X recuerda desde el principio es la original Masacre en cadena. La nueva película de Ti West y parteaguas del terror de Tobe Hooper tienen planteamientos bastante similares. Un grupo de amigos y conocidos viaja en una van por la Texas rural hasta que se refugian en la casa aislada de una perturbada familia donde no tardan en darse ocurrencias siniestras. Masacre en cadena fue uno de los primeros y hasta la fecha más celebrados ejemplos del cine de terror slasher, aquel en el que un grupo de protagonistas (típicamente jóvenes) es aniquilado (típicamente en una misma locación) uno a uno por un asesino. X es un ejemplo bastante directo de éste. Desde el principio uno anticipa qué personajes van a morir y más o menos en qué orden. Pero opera bajo la idea de que esto no es un problema, sino un punto a su favor. Está poco interesado en reinventar la rueda, pero tiene suficientes giros ingeniosos que le dan sustancia temática y narrativa, sin dejar de cumplir con los simples y vulgares placeres del género.
Es apto que X haga referencia directa a otra película, pues es una película sobre hacer películas. Se divierte llamando atención a su propia ficción, pero con guiños sutiles que nunca la rompen del todo. Ambientada en 1979, X sigue al equipo de producción de una porno con temática rural. Maxine (Mia Goth) y Bobby-Lynne (Brittany Snow) interpretan a las dos hijas de un granjero, mientras que Jackson Hole (Scott Mescudi) hace de un hombre perdido se deja seducir por ellas. Del otro lado de la cámara están Wayne (Martin Henderson), el productor ejecutivo y el novio varios años mayor de Maxine; también el camarógrafo RJ (Owen Campbell) y su novia Lorraine (Jenna Ortega), quien le ayuda con el sonido. Los seis tienen personajes bien definidas, también matices o un sencillo carisma que los vuelve más memorables y simpáticos que las víctimas desechables de otros slashers.
Como locación, Wayne ha reservado una cabaña en un aislado rancho. Al dueño Howard (Stephen Ure), un anciano que vive en una casa contigua con su esposa Pearl, no le emocionan los visitantes: cuando Wayne toca a su puerta lo recibe asustándolo con su escopeta hasta que recuerda que habían hablado previamente por teléfono. Wayne cuida no revelar el verdadero propósito de su visita y Howard les termina cediendo el lugar. Una vez ahí, X tiene espacio para convertirse en un comentario sobre los estándares de belleza, particularmente los femeninos, y las inseguridades, particularmente las masculinas.

La película dentro de la película llama atención a esa fascinación que mucha pornografía tiene con la juventud y con una definición muy limitada del deseo femenino–de alguna manera es la versión de terror de Red Rocket, con todo y su ambientación texana. El sexo es entendido como algo reservado para cierto tipo de mujer, algo que debe recibir en lugar de ansiar. Las actitudes hacia el sexo ponen a las mujeres en distintas categorías. La disposición sexual de Maxine y Bobby-Lynn es bien vista y fomentada en el contexto de una porno. Pero cuando Lorraine dice que le interesaría participar se revelan las grietas en este sistema de valores. RJ, como su pareja, se opone. La timidez y prudencia que asumía en ella la ponen en otra categoría para él y el verla teniendo relaciones con un hombre (negro y musculoso) es una fuente de humillación.
Maxine ve en el porno un camino hacia el empoderamiento y la película se divierte explorando estas contradicciones. Queda implícito que apoyarse en un ideal de belleza que depende de algo tan fugaz como la juventud y de la mirada de los otros es ingenuo y que sus posibilidades de convertirse en una verdadera estrella son mínimas. Pero el final revela que su convicción es genuina, así como la fuente de esa fortaleza y determinación que caracteriza a las heroínas del slasher. El personaje de Pearl refuerza estas ideas sobre la edad y la belleza. Pearl le cuenta a Maxine cómo de joven ella también era bella y el ver al grupo de jóvenes que llega a su propiedad despierta de nuevo sus deseos sexuales. Por si los diálogos que comparten no bastan para hacer explícitos los paralelos entre las dos mujeres, la película recurre a una densa capa de maquillaje prostético para que Goth pueda interpretar a ambos personajes.
X es tan astuta como película de terror que como comentario social. Su guion tiene ingeniosos planteamientos, esos elementos que aparecen en el principio y que regresan de forma satisfactoria y emocionante cerca del final, particularmente uno que se refiere al pasado de Maxine. Hay divertidas inversiones de clichés; el que advierte a los personajes del cine de terror no bajar a un sótano oscuro, por ejemplo, es puesto de cabeza dos veces en cuestión de momentos. Las inevitables muertes de sus personajes cubren ese amplio rango de emociones deseado: incomodidad, pavor, emoción, sorpresa y hasta risa (mi favorita involucra sangre salpicando hacia la única fuente de luz, poco a poco volviendo la paleta de colores totalmente roja). La fotografía juega con lo contemplativo y precisos movimientos de cámara; el montaje con abruptos y chocantes saltos entre escenas, alusiones a un cine más artístico y experimental. Puede que la película termine burlándose del intento de las pretensiones de trascender el cine puramente vulgar, pero en general encuentra un equilibrio entre lo chocante y lo inteligente, lo barato y lo pulido. Como RJ diría, “¡Por el poder del cine independiente!”