(Roommates; Chandler Levack, 2026)

Compañeras de cuarto empieza como una película dulce y simpática sobre la amistad juvenil. Devon (Sadie Sandler) se acaba de graduar de la preparatoria con mucha pena y poca gloria, algo que no tiene que ver con sus logros académicos sino con su estatus social. Solo tiene un amigo, su hermano menor Alex (Aidan Langford), y aunque él siempre es comprensivo y solidario, ella quiere una amiga mujer que no sea parte de su familia. 

A punto de entrar a la universidad, Devon está determinada a que las cosas cambien, pero esto se dice más fácil de lo que se hace. Durante la jornada de orientación, una serie de ejercicios diseñados para que los estudiantes de primer año conecten entre ellos, Devon encuentra humillación y ridículo hasta que conoce a Celeste (Chloe East), una joven bonita y rebelde con la que se lleva bien desde el principio. Es la conexión con el que siempre ha soñado—una puramente platónica, los tintes lésbicos son mencionados como un chiste, para dejar en claro que la película no se trata de eso. Al final de la orientación, Devon queda ilusionada cuando Celeste accede a ser su compañera de dormitorio.

La ilusión se empieza a desvanecer cuando las dos por fin tienen que vivir juntas en este espacio. Las inconveniencias de Celeste empiezan pequeñas. Por ejemplo, se queda hasta altas horas de la noche viendo videos en su teléfono cuando Devon trata de dormir. Pero ella no se atreve a echárselo en cara por miedo a perder a esa única amiga que tanto le costó conseguir, sobre todo cuando se trata de una chica popular y carismática como Celeste. Hay un impulso muy humano ahí, y la primera parte de Compañeras de cuarto lo aborda con ternura y gentileza. 

Como en muchas comedias universitarias, el sexo y las fiestas figuran en la trama, pero en segundo plano; la amistad entre las dos chicas recibe el protagonismo. El apoyo incondicional que Devon recibe cuando acude a su hermano y a sus padres (Natasha Lyonne y Nick Kroll) por consejos sugieren también una película que no busca las risas fáciles en el sufrimiento de su protagonista. La fotografía, de colores vivos y encuadres simples y al grano, envuelven todo esto en una atmósfera acogedora y natural.

La caracterización de Celeste al inicio sugiere una película interesada en delinear a sus personajes de manera más o menos realista. Claro, en una ocasión Celeste dice estar enferma para que Devon le haga la tarea y después usa su cama para tener relaciones sexuales con un chico. Pero cuando Devon se lo menciona, Celeste parece reconocer que ha cruzado una línea y que no debería volverlo a hacer. Celeste da señales de valorar la compañía y amistad de Devon, y sus transgresiones se sienten como los descuidos de una joven carismática acostumbrada a salirse con la suya, rebelándose para escapar de problemas serios que constantemente minimiza como “temas familiares”.

La historia es presentada de manera curiosa, como una anécdota prolongada que Robyn (Sarah Sherman), encargada de asuntos estudiantiles, le cuenta a otras dos compañeras de dormitorio que no se soportan—se agradece la presencia de Sherman y su actuación ligeramente caricaturesca, pero el mecanismo añade poco más que una ocasional voz en off que explica cosas que se pueden ver en pantalla; Compañeras de cuarto es una producción de Netflix por lo que no me sorprendería si la decisión fue para acomodar a espectadores distraídos.

Fuera de esto, la película se ciñe mayormente al punto de vista de Devon, lo que rodea a Celeste de un misterio que sugiere profundidad y conflicto. En sus miradas sospechosas cuando la familia de Devon comparte momentos felices se asoma una motivación realista para sus actos más extremos. Pero son matices que la película no tiene verdadero interés en explorar. A medida que el pleito de las dos chicas escala y la situaciones se vuelven más exageradas, Celeste se convierte en una villana más transparente, digna de un final igualmente vengativo. Compañeras de cuarto empieza mayormente realista y aterrizada y solo al final toma una desviación hacia la violencia y crueldad que esperamos de las comedias de Adam Sandler, productor de la película y padre de Sadie—en retrospectiva, la escena en la que la abuela de Devon se prende en llamas cuando un olla de pavo frito le explota enfrente, es el único verdadero presagio de lo que vendrá después.

Un punto de comparación útil es tal vez La noche de las nerds de Olivia Wilde, una película que logró ese equilibrio entre situaciones exageradas y realismo emocional, motivando su tono más extremo con el drama de la mente adolescente. No hay nada malo con abordar la amistad femenina a través de la comedia boba y simple, pero en Compañeras de cuarto este enfoque sale de la nada y más o menos socava todo lo que vino previamente. La película nunca deja de ser simpática y agradable y si nunca me conquistó de verdad, tampoco me perdió del todo. Pero sus dos facetas más o menos se cancelan mutuamente; quizá necesitaba soltarse el pelo desde el principio, o sostener su lado más sensible hasta el final.


★★★


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