(Blue Moon; Richard Linklater, 2026)

Luna azul empieza con dos frases que pintan a su protagonista en términos prácticamente opuestos. La primera de ellas, atribuida al compositor Oscar Hammerstein, lo describe como un hombre “observador, dinámico y divertido”. En la segunda, la cantante Mabel Mercer habla de él como “el hombre más triste que conocí”. El hombre en cuestión: Lorenz Hart, letrista famoso por varios clásicos del Gran cancionero estadounidense (el título de la película justo viene del tema “Blue Moon”, uno de sus más famosos) interpretado aquí por Ethan Hawke.

Es obvio cual impresión domina al inicio. La primera escena de la película lo muestra vagando por un callejón oscuro y lluvioso, momentos antes de colapsar, contrayendo seguramente la neumonía que en 1943 y a sus 48 años terminaría con su vida. La acción principal ocurre siete meses antes, durante la noche de apertura del musical Oklahoma!, compuesto por su excompañero Richard Rodgers (Andrew Scott) y que se perfila para volverse más popular que cualquier cosa que Lorenz y Richard hicieron juntos en una carrera de más de veinte años.

Los dos hilos principales ven a Lorenz humillado. Uno es su reencuentro con Richard y Oscar Hammerstein (Simon Delaney), el nuevo compañero de éste, a quienes debe felicitar por el enorme éxito de Oklahoma!, que Lorenz aborreció. El otro sigue su relación con Elizabeth Weiland (Margaret Qualley), una universitaria de veinte años de la que está perdidamente enamorado y con la que espera finalmente consumar su amor—se entiende que Hart era gay en la vida real, pero la película tampoco niega su atracción hacia otros hombres.

Lorenz habla de Elizabeth como ese gran y apasionado amor que lo consume por dentro. Pero cuando ella aparece por primera vez lo recibe como un buen amigo que puede ser un poco insoportable, ante quien sonríe incómodamente y cuida de no dar alas. Richard, por su parte, está dispuesto a colaborar de nuevo con Lorenz en un reestreno de A Connecticut Yankee con números nuevos compuestos por ambos, pero cortésmente rechaza su oferta de juntos escribir una obra totalmente nueva basada en Marco Polo, recordando seguramente los dolores de cabeza que el alcoholismo y la depresión de Lorenz provocaban en sus colaboraciones anteriores.

Estas interacciones, no obstante, están llenas de matices que hacen de Lorenz mucho más que un artista patético y acabado. Los eventos de la película se concentran en un par de horas y un mismo lugar, un restaurante en el centro de Nueva York. Pero el guion, de Robert Kaplow—novelista que escribió Me and Orson Welles, que Linklater adaptó al cine en 2009—igualmente logra cambiar direcciones y voltear nuestras expectativas de un momento a otro. Es algo que dificulta leer a sus personajescon la claridad necesaria para encajonarlos en roles obvios, pero también lo que les da la riqueza e historia de seres humanos que han compartido sus vidas íntimamente y por ende han desarrollado sentimientos igual de complicados y ambivalentes entre ellos. Elizabeth y Richard parecen tener un cariño y aprecio sincero por Lorenz. Ella lo ve como un amigo y confidente, que la escucha con atención y a quien puede agradecerle por servir como mentor. Richard, por su parte, reconoce en él a un hombre de enorme talento y un colaborador fundamental para su propia carrera.

Hay detalles más o menos cursis, seguramente inventados, que contribuyen a la idea del genio de Lorenz. El escritor E.B. White (Patrick Kennedy) aparece para que Lorenz plante en él la semilla creativa de Stuart Little, el personaje de su famoso cuento para niños. El director de cine George Roy Hill (David Rawle), mejor conocido por la película Butch Cassidy, y el compositor Steven Sondheim (Cillian Sullivan) también reciben consejos o tienen encuentros memorables con él a lo largo de la noche. De manera agridulce, éstos muestran a Lorenz como un hombre del que pueden brotar grandes ideas, pero que para ese momento carece de la disciplina y compromiso para convertirlas en obras completadas.

Luna azul hace un buen complemento a la película anterior de Linklater Nueva ola francesa por su mirada a la creatividad, incluso si se acercan a sus protagonistas en momentos opuestos: Nueva ola francesa a un Jean-Luc Godard joven y lleno de ideas por probar, Luna azul en el ocaso de Hart. Pero ambas hacen algo en lo que Linklater se especializa, que es sumergirse a los ambientes sociales en que sus historias desarrollan, complicando entonces la idea del artista solitario, torturado y brillante. 

La dicotomía entre el arte y el comercio ofrece una forma de acercarse a la película. Lorenz tiene un poco del artista que no se ha dejado corromper por el mercado y que todavía se guía por lo que lo conmueve en lo profundo de su ser. Richard y Oscar parecen haberse vendido a los gustos banales del público, apelando al sentimentalismo, las historias trilladas y las emociones fáciles. Pero esta lectura no es necesariamente cierta, si no más bien la forma en que a Lorenz le gusta ver las cosas. Su disgusto por los gustos del mercado tiene un contrapunto irónico en que la popularísima “Blue Moon”, por la que Lorenz siente especial animadversión, es la que, con letras que hablan de alguien solo, sin sueños y sin amor, mejor parece encarnar su sentir.

Al final, lo que más complica el retrato de Lorenz es su capacidad para responder a cada interacción con un comentario inteligente, divertido, profundo o vulgar dependiendo de la situación. Lorenz puede burlarse de sí mismo, reconociendo cuando, por ejemplo, está siendo amargado. Y cuando tiene que alabar Oklahoma! o escuchar a Elizabeth contando su encuentro sexual con otro chico, puede transmitir el más puro y creíble entusiasmo. Aunque la película le da a Hawke una calva que disfraza con el peinado y lo acomoda para simular la corta estatura del Hart de la vida real, de tal manera que el resto del elenco se impone por encima de él, su carisma no deja de brillar. Ya que el guion voltea las situaciones, abriendo con su muerte y cerrando con él absorbiendo a los demás con su conversación, la imagen que gana es la de ese hombre “alerta, dinámico y divertido”.


★★★★


Luna azul está disponible en streaming vía HBO Max.


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