Meyolotl parte de un tema que se ha visto mucho en los documentales mexicanos, el de la vida y actividades de una comunidad rural. El giro de este cortometraje está en que esto solo cuenta la mitad de la historia. La directora Lorena R. Valencia se acerca a su comunidad natal de Epazoyucan, en la altiplanicie pulquera del estado de Hidalgo, al mismo tiempo que muestra fragmentos de su vida como migrante en la ciudad de Nueva York. Al combinarse crean un contraste entre la soledad de una persona que acaba de llegar a la jungla de concreto más famosa del mundo y la de una comunidad que se ha sostenido trabajando la tierra por generaciones. Aunque los elementos individuales quedan algo desdibujados, Meyolotl logra transmitir la dificultad de conectar con las raíces propias (expresadas aquí literalmente con la planta del maguey), la fragmentación de la identidad que se experimenta al dejar el sitio donde uno nace y llama atención a las mismas contradicciones de su realización. Meyolotl se estará presentado en la edición más reciente del New York Latino Film Festival como parte del programa de cortometraje documental “Return to the Ancestral Land”.

La obra previa de Lorena se ha exhibido en los festivales internacionales de cine como el de Morelia y el de Atlanta. Actualmente ella se encuentra en el desarrollo de Mayahuel, su primer largometraje, el cual cuenta con con el apoyo de Cine Qua Non Lab y los laboratorios de producción creativa del Ibero-American Film Festival de Miami y de Panamá.

Ésta es la conversación que tuve con ella. Me platicó del camino largo y personal para encontrar la forma final de Meyolotl, sanar a través del cine y la complicada situación actual de la altiplanicie pulquera.

Esta entrevista fue editada por claridad y extensión.


Una de las cosas que más llama la atención de Meyolotl es que es muestras tanto la producción del maguey como tu experiencia como migrante en Nueva York. ¿Qué historia te llamó la atención primero? ¿Cómo llegaste a la decisión de combinarlas?

Cuando empecé a imaginarme esta pieza todas mis referencias cinematográficas eran documentales observacionales. Así yo me imaginaba que iba a ser esta película, un cortometraje observacional documentando el maguey y a mi familia. Fueron varios puntos que detonaron la idea pero éste también era parte de una investigación de campo que quería hacer para escribir mi largometraje Mayahuel. Mayahuel es una historia de una persona que vive en esta comunidad. Yo quería documentar la relación de la comunidad con la planta. 

Cuando llegamos allá pasaron muchas cosas. Al principio era solamente investigación de campo. Poco a poquito se hizo una producción. Llegamos allá, éramos ocho personas, empezamos a documentar. Los primeros dos días fueron muy observacionales. La cámara estaba muy bien puesta. Habíamos pensado que las cosas iban a pasar pero que iba a ser una composición súper linda porque eso es lo que yo quería en este documental.

Por cuestiones técnicas y la vida, nos fue llevando a que para el tercer y cuarto día empezamos a mover la cámara. Ya para el cuarto o quinto día, el quinto día fue la fiesta, ya no había una composición o un planteamiento como tal.

Termina el rodaje. Estuvimos haciendo dailies (material filmado sin editar durante la realización de una película), entonces yo iba viendo cómo íbamos documentando la planta. Iban procesándose muchas cosas en mí mientras yo veía eso. Me acuerdo mucho cuando vimos el daily del maguey con esa luz, esa madrugada con las gotitas, me dió mucha emoción porque yo nunca había visto el maguey así. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi una película con magueyes—a lo mejor en el Cine de Oro, que había mucho—pero para acá nunca la había visto con ese detalle. Desde ahí se empezaron a mover cosas en mí. 

Cuando regreso a Nueva York, ya con el material grabado, empiezo a visionarlo y a pensar qué vamos a hacer con esta pieza. Ya no era lo que yo estaba pensando. No hice una escaleta, fue muy arriesgado y también creo que por eso fue muy complicado hacer la edición. 

Tenía solamente dos horas de material porque como habíamos grabado con una cámara RED con unos lentes súper buenos, no nos daba el almacenamiento, entonces no pudimos grabar mucho, esa fue la otra cosa que no pensamos antes. Yo pensaba que quería solamente eso [refiriéndose a la visión original del documental], pero cuando empezamos a ver que podíamos mover la cámara y que íbamos a documentar cosas, porque estaban pasando cosas interesantes en la familia, no nos alcanzaba la tarjeta. Esa fue una cuestión técnica que a la hora de la edición pesó mucho porque teníamos muy poquito material. Fue muy cara la producción, yo sabía que no podía regresar a México a grabar otro día porque no tenía dinero. Entonces fue, ¿qué podemos hacer con esto? Y fue cuando empezó todo este movimiento creativo.

La primera vez estuve trabajando con Juan Blanco, un buen amigo editor. Trabajamos a distancia. Él hizo un primer corte con esta idea de que iba a ser todo observacional. Seguimos puliendo ese corte hasta que llegamos a un momento en que dijimos “ya no hay nada más”. Ya no encontramos nada más en éste y yo sentía que no había película. Le faltaba algo.

Pasó como medio año. Le dije a Juan “vamos a esperarnos porque necesito saber hacia dónde quiero llevar la película”. En ese tiempo pasaron muchas cosas personales, familiares, entonces poco a poquito me iban llegando ideas. Un ejercicio que hice fue ver muchos de los archivos que tenía en el celular. ¿Cómo había sido mi vida desde que me había cambiado para acá? Ahí fue cuando comencé a pensar. A mí se me hacía muy interesante ver cómo todo lo que tenía documentado en Nueva York era con el teléfono y muy corto, historias de diez y siete segundos, en vertical.

Ahí yo pensé hacer una conexión en cómo grabamos sin ninguna prisa en Epazoyucan y cómo mi vida aquí es tan rápida que no me da tiempo de observar. De ahí empecé a ver esta diferencia entre estos dos mundos y empecé a pensar “a esta historia creo que lo que le falta es mi perspectiva, yo”.

Mi productora Karla [Pedraza Jasso] me decía desde el principio “ésta es una pieza tuya, tú tienes que estar”. Y yo decía “no, no es mía, es de la comunidad”. Cuando ya vino esta revelación empecé a mover la pieza y a jugar con estos dos formatos.

El día que ya decidí fue cuando se anunció la victoria de Donald Trump como presidente. Una noche antes estuvimos viendo las votaciones, me dormí como a la una de la mañana. A las seis de la mañana despierto y veo esa noticia. Tenía mucha ansiedad por todo lo que significaba. En esos momentos yo ya podía aplicar para una ciudadanía. Yo no había querido aplicar porque pensaba “yo soy mexicana, no quiero ser gringa, no tengo necesidad de ser americana”. 

Ese día cuando ganó Trump tenía tanta ansiedad que me puse mis tenis y me fui a correr. Casi siempre cuando salgo a correr me doy una meta. Ese día no me puse meta ni sabía para dónde. Llegué a un parque, me senté. Todas mis emociones llegaron a un punto en el que dije “no quiero tener miedo, no quiero tener culpa, no quiero tener toda esta ansiedad. Fue cuando pensé “voy a hacer esta película y la voy a hacer sobre lo que significa para mí esta transición, esta transformación”. Ahí fue cuando dije “esta pieza es de mí, para sanar lo que tengo que sanar”.

Ahora sí empecé a escribir y hacer una escaleta. Ya sabía cuál iba a ser el inicio, el final. Juan, mi editor, estaba en España. Yo pensaba que iba a editar con alguien en persona. Encontré a Lola [Kenet], aquí en Nueva York, con quien tenía una edición muy similar. Cuando empecé a trabajar con Lola, ya teníamos un armado de lo observacional. ¿Ahora cómo le metemos lo personal para que se enrede todo? Fue un proceso muy difícil porque tampoco tenía muchos archivos en vertical que me pudieran ayudar a hacer una historia.

Yo siento que esta pieza es muy egoísta. Es muy de cómo yo me siento. No importa si la gente no entiende qué está pasando, solamente quiero mostrar lo que estoy sintiendo. No sé si la película cumple ese objetivo. En mí, sí lo ha cumplido. Estoy muy contenta de que la pieza se haya terminado de la forma en que se terminó. Porque una vez que la terminamos sentí un alivio terrible en mis hombros. Dejé de sentir culpa, tristeza, sentí una transformación.

Además, algo muy interesante que pasó es que, cuando Trump queda electo dije “sí me voy a hacer ciudadana”. Era una forma de resistencia, ahora sí voy a tener un poder sobre él y la política. Justo hicimos el corte final una semana después de que a mí me dieron la ciudadanía. Sentí que la pieza era este acompañamiento sobre este proceso. 

Yo sabía que también el diseño sonoro iba a ser una capa muy fuerte y tenía muy presente que quería hacerlo muy subjetivo. Incluso lo observacional de mi pueblo, yo quería que se viera como un sueño, como algo hermoso, casi surreal. Con [José] Grimaldo, el director de fotografía, queríamos eso, que se mostrara como un paraíso. Este diseño sonoro tiene que enfatizar que esto es como un sueño, algo que vive aquí en mi cabeza, en mi corazón. No es algo que exista como una realidad absoluta. 

Me imagino que al ser tu propia familia la que aparece en el cortometraje eso abrió ciertas puertas. ¿Cómo fue para ellos adaptarse al resto del equipo y a la dinámica de una filmación?

Mi familia es muy grande. Hay mucha gente más que no está en la película. Tengo el privilegio de que tengo una familia muy querendona, muy abierta. Cualquier persona que llegue a la casa o al pueblo siempre va a ser muy bien recibida. Desde que llegan es abrazo, beso, “regresa pronto”. 

Yo tenía miedo de documentarlos. De alguna manera yo me sentía como una persona externa aunque soy de la familia. Al llegar con una cámara estoy rompiendo la privacidad. Yo creo que la más nerviosa era yo. Mi familia estaba muy relajada. Creo que todos ellos lo tomaron muy bien, era algo muy familiar. También ahí me di cuenta de la joya de familia que tengo, me apoyaron muchísimo todos. Hacer cine ahí ha sido muy bonito porque siempre he recibido mucho apoyo de mi familia.

En las tomas observacionales sí hubo puesta en escena en algunas cosas. Y lo hacían muy bien. Eran los mejores actores. Ellos lo tomaron muy bien, muy tranquilos, me confiaron mucho, recibieron muy bien al crew. El crew también, por lo que me dijeron, se sintieron también muy abrazados, muy acogidos. 

Del crew, nadie era de Hidalgo. Karla, la coproductora, ella es del Estado de México, de Texcoco, entonces tiene un poquito de contexto de cómo se ve. Pero había una chica de Cuba que por primera vez probaba el pulque. Esa experiencia para ellos también fue muy linda. Se sintieron muy abrazados el último día que fue el día de la fiesta. Se quedaron, tomaron pulque, fue un día muy bonito.

Algo que me pareció muy conmovedor tiene que ver con el montaje. Por ejemplo, un momento te muestras llorando a cámara, muy sola y vulnerable y después cortas a un momento muy alegre que es tu familia celebrando un cumpleaños. ¿Cómo fue el proceso de edición? ¿Cómo fue encontrar ese complemento entre los dos hilos principales del documental?

Lola y yo platicamos, ¿cómo puedo estar adentro sin sentirme como el foco? ¿Cómo pueden funcionar esos archivos de Nueva York en vertical? ¿Cómo podemos hilar esta historia? Y creo que eso fue lo más complicado de todo. Yo creo que si lo hubiéramos trabajado otros dos años hubiera quedado algo más robusto. Pero era complicado ver en qué momento teníamos que poner qué cosa. 

Al principio no me quería poner en cámara. Ya después fue, sí tiene que estar aquí. Y cómo cierto tipo de imágenes podían evocarnos esa soledad. Fue mucho platicar con Lola. Ya tenía una escaleta cuando llegué con ella, ya tenía una idea de cómo quería que entrara y finalizara, ya tenía una idea de que quería los [videos] verticales, ya había elegido también qué verticales podrían funcionar. Hicimos varios movimientos.

Incluso del primer corte observacional también tuvimos que hacer movimientos por escenas. Ya teníamos las escenas cortadas, fue como un rompecabezas. Justo al inicio, después de que llego a Nueva York, que estoy haciendo el proyecto, esa escena la grabé hasta el final. Platicando con una amiga, le pedí retroalimentación y me dijo “hay algo que falta para que desde el inicio sepamos que éste es tu travesía de hacer esta película”. Porque, al final, es la película de cómo se hizo la película. Ya habíamos mandado [Meyolotl] a varios festivales pero entonces esa pieza la metí.

Corté también la escena donde estoy platicando con mis primos que viven en Estados Unidos, que estamos platicando en inglés, porque era más larga. Pensé, no es necesario tener tanto. Pero también tenía que haber una transición en esa parte, que no hubiera habido sin esa plática. Fue una decisión muy difícil de edición porque yo sentía que no tenía que existir esa escena en la película. Pero no teníamos otra forma de hacer ese puente entre esta nostalgia de no estar y esta transformación.

Estoy consciente de que hay muchas cosas que no las explico pero justo era también eso. No quiero explicar, quiero ver cómo funciona, quiero ver también cómo la gente se puede proyectar en una escena. Hicimos muchos movimientos, fue como un rompecabezas.

Tu familia y la comunidad de Epazoyucan han visto el cortometraje? ¿Cómo respondieron a él?

No, no lo han visto. Yo tenía la esperanza de que pudiéramos tener una premiere este año en México. Pues no se dio. Mi plan era, cuando tengamos la premiere, quiero traer a la familia, los más que se puedan traer a la sala a verlo. Mi intención siempre fue mostrar a la comunidad y al maguey en la pantalla grande. Yo quería hacer ese regalo a ellos. Aquí estamos, vivimos, y vamos a existir para el mundo como comunidad. Eso es algo que todavía les debo.

Yo creo que, sí no llegamos a ningún festival en México, sí tenemos pensado hacer una función comunitaria para que no solamente la familia sino las otras personas que estén en el área se vean. Vean el maguey en grande, sobre todo ahorita porque hay algo muy fuerte en la cuestión del maguey pulquero. En la región están intentando poner un proyecto de paneles solares y eso implica la deforestación de muchas hectáreas. Mucha gente dice “no, no quiero vender mis tierras, no quiero que pongan los paneles solares” y otra gente dice “sí, sí queremos”. 

Ahorita hay mucho ese conflicto, incluso en mi propia familia. Mis tíos, los dueños del tinacal, dicen “no vamos a vender, no queremos que se deforeste”. Hemos vivido del maguey, literalmente somos producto del maguey. Si mis abuelos y bisabuelos no hubieran trabajado el maguey no estaríamos aquí. Hay mucha relación de mi familia con el maguey. También tengo otro familiar que él impulsa el traer los paneles solares porque a él le beneficia económicamente.

Eso es algo que yo pensaba podemos poner en el documental pero ya son muchas cosas. Hice preguntas acerca de los paneles, sí en cámara, pero fue muy poquito. Si esto puede ser un largometraje entonces enfocarnos en eso. Ya no en mí, ahora en la comunidad, en los paneles solares, en la preservación del maguey. Yo no sé si eso va a pasar porque ahorita lo que quiero es un poquito de tiempo para celebrar y para digerir este corto. 

Esta situación de los paneles solares en la región ha hecho que muchas personas se dividan. Entonces yo siento que, a lo mejor, mostrar el maguey en pantalla grande puede ser una forma de decir “esto somos”. Porque para mí el maguey es un símbolo de identidad, tanto de México como de mi familia. Si me preguntan, la familia Valencia es un maguey. 

Espero pronto que puedan ver [Meyolotl]. Mi mamá va a venir a ver la función con mi sobrina, mi hermana también va a estar por aquí. Ellos son mi familia, cualquier cosa que vean me van a apoyar. Pero también cuando les comenté a todos que ya había terminado mi documental, subí unas fotitos, hubo mucha emoción. 

Sobre todo mi tío que ahorita está un poco enfermo. Ya no se muestra tan fuerte como lo muestro en la cámara. Ahora que fui a México a terminar el diseño sonoro, verlo así me conmovió mucho. Reforzó la idea de que tenía que estar ahí para documentar ese momento, tenía que hacer esta pieza así porque nunca más voy a volver a ver a mi tío así de fuerte. Y yo quiero que esa imagen de él se quede así. Él es mi figura de abuelito. Yo espero que pronto ellos también lo vean así y también les conmueva la forma en que documentamos esos momentos.

¿Qué aprendiste de la realización de este documental? ¿Cambió tu relación con Nueva York y Epazoyucan?

Me sanó muchísimo esta pieza. Sí hay una Lorena antes y una Lorena después. Estoy muy agradecida porque también mucho tiempo aquí en Nueva York estuve viendo lo negativo. Sí es una comunidad muy sola, muy separada, y yo viniendo de una familia donde todos los fines de semana tenemos casa llena, hay una fiesta o algo para celebrar.

Yo renegaba mucho de Nueva York y con esta pieza fue como una sanación. Está bien transformarse en lo que una persona quiere, está bien disfrutar estos beneficios, privilegios que tengo. Porque también había una situación psicológica que no me dejaba disfrutar ciertas cosas por esta culpa. Esta pieza, con Nueva York, reforzó ese vínculo. Decir gracias Nueva York por todo lo que me has dado, empezando por poder hacer cine. Yo no hacía cine en México, Nueva York me dio esa oportunidad y muchas otras que agradezco mucho. Fue hacer las paces con Nueva York. Yo también sabiendo que Nueva York jamás me había hecho nada, más bien era yo en mi cabeza. Lo disfruto mucho más, ya no tengo culpa de cuando me pasan cosas padres. Antes sí, sentía una culpa y era muy bobo.

Yo amo mucho a México y amo mucho a mi pueblo. Fue un recordatorio del lugar, de la comunidad. “Donde quiera que estés, aquí estamos y vamos contigo de alguna forma. Siempre va a ser esta tu casa, siempre vas a poder regresar aquí. Siempre el maguey te va a proveer de lo que necesitas”. Y el maguey, me refiero también a la familia. Reforzó más este sentido de pertenencia, que siempre lo he tenido. Siempre he dicho soy orgullosamente mexicana, de Epazoyucan. “Estamos aquí y nos llevas contigo”. En esos días me hice mi tatuaje [enseña un tatuaje con el dibujo de una planta de maguey] como para recordarme eso.

¿Qué sigue para ti?

Tengo varios proyectos en puerta pero no se están haciendo mucho. Tengo dos años tratando de hacer mi primer cortometraje [llamado Omeyocán] dirigido y hecho en Estados Unidos, en Nueva York. Esa es una de mis metas que sigue. Ya está casi todo, solamente que no hemos conseguido los fondos. Apliqué a un montón de convocatorias. 

Eli Zavala es mi productora en este cortometraje, habíamos puesto una fecha que justo iba a ser el día de hoy. Al final decidimos posponerlo porque estaban pasando muchas cosas. Eli va a rodar pronto su primer largometraje. Yo, con todo esto de la distribución [de Meyolotl], decidimos esperar. Ese es uno que necesitamos un poco de dinero, las ganas y ya empezar a rodar. Mi meta es filmar algo de ficción en Nueva York. Y lo quiero para sentirme más segura de empezar a pensar el largometraje. Quiero tener esa experiencia.

Hay otro que acabamos de comenzar. Si a lo mejor Omeyocán no se puede todavía vamos a intentar este otro. Este, que apenas escribí este verano, lo metimos para algunos lugares a ver si pega. Pero éste es uno que si no pega no pasa nada. Si no pega en estos, ya no lo hago. Yo nada más quiero un cortometraje en Nueva York.

Todo esto para prepararme para el largo, Mayahuel. Llevo desde el 2024 empezando a escribir cosas, es por intervalos. Entramos al taller de líneas argumentales de Cine Qua Non Lab y eso me ayudó a avanzar un poco más. El año pasado en noviembre tuvimos nuestro primer laboratorio de desarrollo en Miami y ese también nos dio un empuje. Eli también es mi productora en éste. Ahí ganamos un pase directo al taller de producción creativa de Panamá, que se va a realizar en un mes. Me dio mucha emoción saber que el proyecto va avanzando. A su ritmo, porque igual no le he puesto toda la energía.

Después de que sea la premiere de Meyolotl es cuando me voy a empezar a trabajar la carpeta con Eli para prepararnos para el taller de Panamá. Ya tengo mi línea argumental y ya empecé a escribir algunas páginas del guion. Mi meta para este año es terminar mi primer borrador y el año que viene intentar aplicar a talleres de revisión de guion por un año más o menos y ahora sí empezar a buscar fondos.

Mayahuel trata de una mujer en esta región de la altiplanicie pulquera. Yo me la imagino en Epazoyucan pero no sabemos si va a ser ahí. Es una señora que se enfrenta al despojo y a la invasión por personas que buscan poner los paneles solares en la región y deforestar el maguey. Mientras eso pasa, empiezan a haber desapariciones y feminicidios. Al final, esta persona se convierte en un ente, la guardiana de este territorio, tanto de los magueyes como de los cuerpos femeninos. Es un drama con horror corporal, con un poco de realismo mágico, mucho suspenso. 

De lo que quiero hablar es la territorialidad del cuerpo femenino. Las desapariciones, esa es una capa pequeña, no quiero abordar mucho el tema. Pero esa es una de las razones para que este personaje se vuelva la guardiana de este territorio. Quiero hablar acerca de derechos reproductivos, la territorialidad del cuerpo femenino y también de la invasión. Utilizando los paneles solares como una metáfora de la invasión del territorio que también se puede trasladar a la invasión de algunas personas con poder hacia el cuerpo femenino. Ya que termine el taller de Panamá seguramente ya va a tener un logline (texto muy breve que resume el contenido de una película) muy establecido.


Meyolotl se estará presentando en el New York Latino Film Festival.


Ko-fi

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