(Alejandro G. Alegre, 2026)
Eran brujas puede estar hecha de ingredientes no muy originales, pero es aliviada ocasionalmente por aciertos en su ejecución. La película sigue a Mia Félix (Tania Niebla), una locutora de radio en un programa especializado en brujería. De camino a reunirse con su terapeuta, se detiene en un hotel al lado de la carretera donde conoce a Sara (Karina Lechuga), una joven que se presenta como admiradora suya. La recepcionista del hotel dice estar teniendo problemas con la electricidad, por lo que no puede ofrecerle una habitación a Mia. Sara, no obstante, la invita a quedarse con ella y sus amigos, hombres y mujeres de más o menos su misma edad que ya están hospedándose en el lugar y que en diferentes medidas comparten su interés en lo oculto.
Con esto se colocan las piezas para un slasher con tintes de horror folclórico: un grupo de jóvenes en una locación aislada y sombría acechados por una maldad que se desprende de una antigua y poco conocida leyenda. La locación, un hotel rústico en medio de un denso bosque, contribuye a una sombría atmósfera, lo mismo que su fotografía. Los ángulos dramáticos, los colores fríos y la mínima profundidad de campo, que rodea a sus personajes con un lechoso y nublado difuminado, contribuyen al ambiente de desconfianza y frialdad que Mia encuentra en este grupo de desconocidos. Visiones sobrenaturales ofrecen oportunidad para un uso más atrevido y extremo de la iluminación. El montaje nos mueve de manera paciente entre planos pensados y diseñados con atención.
Este uso inteligente del estilo enriquece en una película que, el mismo director Alejandro G. Alegre reconoce, es de bajo presupuesto. Los limitaciones económicas no se notan tanto como el ingenio usado para sortearlas. Pero ese mismo cuidado no lo veo en la misma medida en la narrativa y sus personajes, a quienes trata de una manera más superficial. De los amigos de Sara, quienes nos acompañan por la mayor parte de la película, sabemos poco más que sus nombres: Luna (Daniela Porras), Fabián (Micho Camacho), Nico (José Salof) y Nadia (Renée Venencie).

Podemos ver que hay parejas, un duo de hermanos, pero el guion no los dibuja mucho más. La escena importante que comparten más bien sirve para informarnos el trasfondo sobrenatural que rodea la historia. El diálogo, funcional, nos dice que algunos son huérfanos, algo que es relevante para la leyenda de la que habla Mia, y con eso sus papeles en la historia se vuelven transparentes y predecibles. Me encontré queriendo conocerlos más para que el prospecto de su muerte, una inevitabilidad en este tipo de terror, me preocupara o doliera.
Al centro de Mia hay un vacío similar. La película es escueta con los detalles de su pasado, lo que al principio enriquece el misterio alrededor de ella. Tenemos una escena temprano donde se pelea con una amante. Por un momento aparece el conflicto de su posible despido porque el programa no atrae a tantos escuchas como antes. No obstante, ninguno de estos hilos se conecta de manera relevante con el resto de la historia ni nos dice mucho de ella como persona. Su relación con Sara igualmente ofrece pocos matices y sorpresas. La dinámica es constantemente incómoda. Sara habla de manera seria y ominosa desde el inicio; su tono nunca abona a una falsa sensación de confianza que pudiera hacer que los horrores que vemos más adelante resulten impactantes o sorprendentes. Me quedé con la sensación de que, más que la víctima de un engaño astuto, Mia estaba siendo imprudente o tonta por confiar en ella.
Eran brujas también trata los placeres más elementales del género de manera algo decepcionante. La película abre en medio de un ataque que plantea la pregunta de cómo llegamos a esta situación, pero desbarata este mismo misterio mostrando a Mikel (Sebastián Ladrón), el responsable, actuando de manera sospechosa desde que se cruza con Mia por primera vez. Fuera de un perturbador ritual que se nos muestra los primeros momentos, las muertes involucran simples martillazos y cuchilladas—aunque en ellas, he de reconocer, aparecen efectos prácticos convincentes y que resultan viscerales por el instante en que aparecen. Eran brujas es un ejercicio creativo y atmosférico en el terror y en el sortear limitaciones. Incluso si su narrativa me dejó algo indiferente, sus elementos prometedores se quedan en mi mente como un potencial que Alejandro G. Alegre puede concretar en alguna película posterior.
★★1/2

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